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Gastronomía sincera

21

02 2011

La necesidad hace depurar la mente, el cuerpo y el alma. Últimamente intento dar más placer a todo ello. Cuando salgo por la mañana con la bici y pienso en lo sencillo que es moverse con ella y lo poco exigente que es, tanto en lo físico como en lo económico, me contagio de la necesidad de prescindir cada día de algo. Esto es una corriente que se está empezando a notar en las ciudades “modernas”, simplificar nuestras vidas guardando el esfuerzo para quehaceres más interesantes.

Ella me contagia la riqueza de mil sensaciones. Retomo el contacto con el aire y el sol. La ciudad se me hace más pequeña y las distancias, diferentes a las de un coche, se encogen. Hoy no comeré en casa, hoy comeré en un bar de barrio al que puedo llegar sin ningún problema en bici. Firma como “gastronomía sincera”, y creo que es sincera de verdad. El lugar se llama Reset, y está en frente de la Cruz Roja. Resulta que me contagia con la sencillez de los productos y lo sofisticado de sus sabores, algo muy difícil de conjugar. Quizás hoy me pida una ensalada de atún, cebolla frita, picadillo de pepinillo y crema ligera. Un salmón salteado con risoto de cítricos y cava, y para postre una crema catalana con café en distintas texturas que mi amigo Abraham Calero me recomendó el último día. Y no necesito tener un Mercedes para pagar semejante menú, el precio final es el mismo de cualquier bar de barrio.

En el Mercedes, lo importante es el coche. En la bici, la persona. La cuestión reside en la prioridad. “El amor es un pensamiento” (Pessoa)

Foto: domibrez / Música: The Last Dandies

Unas notas instrumentales

20

07 2010

Hacía una tarde de calor y humedad, estaba solo en casa tumbado en el sofá escuchando los continuos palabros de mi eterno vecino. El lento sonido del ventilador y el rechinar del chicle en boca de Tom Waits, hizo que me levantara del hundido catre, me lavara la cara y me fuera con la bici en las aún tórridas horas de la calor.

Recordé que hacían un pequeño experimento en Pasatiempos de la calle Brossa. Un espacio extraño y renovado por el artista Amadeo Orellana, que acogió un miniconcierto de tres canciones del emergente grupo mallorquín “The Last Dandies”. La verdad, es alucinante lo que se puede hacer con dos guitarras, un cajón y una buenísima voz. El lugar se lleno de encanto y canto, de gente de buen oír y beber (vino con gaseosa), que demostró que para ver buen arte, no hacen falta grandes escenarios.

Al acabar este conciertín, me encontré con el organizador artístico del evento, el multifacético Toni Pla (Cultura Club) con su averiada bicicleta, una “intocable” de la marca de unos grandes almacenes de deportes, que no aguantaba ni un soplido. De ahí nació el compromiso de la creación de una auténtica máquina para este hombre de mil músicas y otros tantos músicos.

Foto: domibrez