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El lobo acecha a la Pastora

23

05 2011

Una mañana de mayo de un día cualquiera, bajé por última vez con mi bici “laboral”. Había una luz especial, el aire estaba quieto como un gato a punto de saltar sobre su presa. El camino despejado por una vez de viandantes, todo-terrenos y repartidores que están trabajando (los demás estamos de ocioso paseo). Nada hacía presagiar que esa mañana tan generosa iba a repetirse la desagradable experiencia del robo de mi querida bici.

Seguro que podéis pensar que soy un desastre, si podéis, pero os aseguro que había puesto todo el interés en que no volvieran a robar, por segunda vez, mi maravillosa máquina. Está claro que las técnicas avanzan en paralelo y lograron reventar la “pitón” del la bici delante de la puerta del periódico a media mañana y cuando la brisa aun no había aflorado. En fin, la experiencia es un grado y el disgusto ha sido algo más pequeño (si cabe).

Como yonki buscando su jeringuilla, rápidamente empecé a fabricar otra bici “laboral”. La Razesa, que había comprado hacía escasamente una semana, me servía para tal propósito. Era una talla 60, un tamaño difícil de encontrar y a partir del cual me puse a trabajar. Quito ruedas, cubiertas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables y la dejo completamente desnuda. Pulo, limpio y doy esplendor con una pintura negra con escogidos toques de cobre en alguna de sus partes. Pongo cubiertas, luego las ruedas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables.

Todo está dicho y hecho, levanto la sábana y ¡alejop!, aparece mi nueva compañera de trabajo. LA PASTORA.

Foto: domibrez / Música: Pops Staples – Down In Mississippi

Mecachis San Fermín

06

07 2010

Era por allá, en la época de las castañas de la Mari, cuando acontecieron los tontos hechos que me dispongo a narrar.

Dos colegas y un servidor organizamos la turné ciclo-turista de aquel verano (siglo pasado). Nuestra idea era irnos a Francia después de doparnos lo suficiente en los sanfermines pamplonicas, para ello cogeríamos un tren desde León a Iruña y desde allí nos iríamos en bici hacia los Pirineos francófonos. Estuvimos todo el invierno preparando la ruta o posibles rutas alternativas para sortear, o suavizar, de alguna manera las tremendas rampas pirenaicas. Nuestras piernas estaban preparadas después de jugarnos toda la temporada de rugby de la segunda división nacional. Todo hacía presagiar una potente aventura bicicletera de verdes senderos y noches estrelladas.

Llegó el día en el que salimos de la estación de León dirección a Pamplona y en unas cuantas incomodas horas (los trenes no eran lo que son ahora), llegamos a Iruña. Eran las tres de la tarde, cuando hace la calor, y nuestros estómagos estaban a punto de desprenderse del cuerpo y echar a correr. Montamos en las bicis y nos fuimos hacia el centro por la Bajada de la Estación y Paseo de Sarasate con la idea de llegar hasta la Plaza del Castillo. Al pasar por una de esas callejuelas, creo que era la calle de Lindachiquia, nos detuvimos en un bareto (de cuyo nombre no quiero acordarme), apoyamos nuestras cargadas bicis, una al lado de la otra, en la fachada del bar para preguntar por el menú, su precio y de paso ir al excusado los tres a la vez (listos que eramos)… Bueno la historia es fácil de terminar, al salir sólo quedaba mi bici, los ladrones tuvieron que ser dos.

Y allí y en ese momento, sin dinero ni documentos, un cinco de julio acabó toda nuestra aventura de aquel verano del 83. Tren y para casa, invité yo.

Foto: domibrez / Música: Santana – Eternal Caravan Of Reincarnation

La bici que robaron

12

04 2010

Hace casi un año me robaron una bici en el periódico. Estaba atada en el Paseo de Mallorca, frente  a la entrada del Palau de la Premsa, y cuando digo atada es candada. Debió de pasar por estos lugares un o una persona (?) de moral distraída y con bastante astucia y mucho morro, me dejó sólo con el cuentakilómetros de la bici, la llave del candado y la cara de pasmado, que continuo teniendo.

Pero mira tu por donde, que ayer, un día maravilloso, me levanto pronto y me voy al rastro de Marratxí a dar una vuelta o dos. Cuando llevo recorrido la mitad de este, me fijo en un pedazo de bici apoyada en una “flagoneta” y descubro con asombro mi antigua compañera de caminos. Nervioso, me pongo a caminar a ningún sitio al estilo Chiquito de la Calzada, hasta que mi mente comienza a funcionar. Llamo a Merche y le digo que busque la denuncia y la factura de la bici, por recomendación de un policía que andaba por allí. Voy corriendo (no pasé de 120) a Son Sardina, cojo los papeles y vuelvo zumbando (sin pasar de 120) al lugar de crimen y… me cagüen mi estampa, que ya no estaba la bici y mira por donde, me vuelvo a quedar con cara de pasmado, que por otro lado, continuo teniendo.

Foto: domibrez. Música de Kapanga, “Robar para vivir”