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El lobo acecha a la Pastora

23

05 2011

Una mañana de mayo de un día cualquiera, bajé por última vez con mi bici «laboral». Había una luz especial, el aire estaba quieto como un gato a punto de saltar sobre su presa. El camino despejado por una vez de viandantes, todo-terrenos y repartidores que están trabajando (los demás estamos de ocioso paseo). Nada hacía presagiar que esa mañana tan generosa iba a repetirse la desagradable experiencia del robo de mi querida bici.

Seguro que podéis pensar que soy un desastre, si podéis, pero os aseguro que había puesto todo el interés en que no volvieran a robar, por segunda vez, mi maravillosa máquina. Está claro que las técnicas avanzan en paralelo y lograron reventar la «pitón» del la bici delante de la puerta del periódico a media mañana y cuando la brisa aun no había aflorado. En fin, la experiencia es un grado y el disgusto ha sido algo más pequeño (si cabe).

Como yonki buscando su jeringuilla, rápidamente empecé a fabricar otra bici «laboral». La Razesa, que había comprado hacía escasamente una semana, me servía para tal propósito. Era una talla 60, un tamaño difícil de encontrar y a partir del cual me puse a trabajar. Quito ruedas, cubiertas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables y la dejo completamente desnuda. Pulo, limpio y doy esplendor con una pintura negra con escogidos toques de cobre en alguna de sus partes. Pongo cubiertas, luego las ruedas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables.

Todo está dicho y hecho, levanto la sábana y ¡alejop!, aparece mi nueva compañera de trabajo. LA PASTORA.

Foto: domibrez / Música: Pops Staples – Down In Mississippi

La confusión de Confucio

10

05 2011

Érase una vez, una bella dama que peinaba sus negros cabellos al borde de un hermoso estanque de nenúfares, y un príncipe la besó y la quiso para siempre… Y bueno, eso es todo lo que puedo citar del cuento, el resto es pura paja y relleno innecesario.

Puede que suene a cuento chino, pero la realidad es que voy a hablar de la china, CHU LI NA, que así se llama. Es una bicicleta importada de la China mandarina y de una calidad más que mala. El óxido le salía hasta de las cubiertas y su peso desmesurado le daba una aspecto de tanque sin balas. La desnudé poco a poco y fue saliendo la parte más erótica y especial de la bici, la doble barra. Yo creo que ella notó que se iba sintiendo mejor sin tanta chatarra y fue dejándome ver, cada vez más, sus verdaderos sentimientos. Al final, todo su encanto quedó al descubierto y se entregó a mí.

Como todo cuento que se precie, intenté que éste tuviera un final feliz. Le atusé sus negros cabellos con un corte que dejaba ver su hermosa frente y le regalé un delicado kimono marfil con cinturón negro. Y como dijo el gran Confucio*, «Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla

*Confucio fue un chinojaponés que inventó la confusión. Por si alguno no lo sabía.

Foto: domibrez / Música: Chinese Man – Get Up

El oro del moro no era oro

31

03 2011

Amigo, amigo cómprame bici barata… -¿Cuánto cuesta?. -1oo eurios… -Uf, paso, es muy cara. -No cara, amigo, es de oro. – ¿Pero de que vas?, si las has mal pintado de purpurina y esta pringosa. Te doy 60 euros. -Amigo, es de oro. -¡Que no!.

Al final la pobre bicicleta me miro con ojitos de cordero degollado, así redonditos, y no me resistí a adoptarla por el módico precio de… El moro la había pintado de color dorado, y la base era de una Zeus con componentes de Campagnolo. Ahora debía de quitar toda la porquería que le había puesto encima. Cual sería mi sorpresa, que cuando empecé a decapar la maltrecha pintura, descubro un metal dorado. La bici, en origen, la habían bañado en latón aunque bastante mal, ya que tenía grandes corros por los que asomaba el vil hierro. Al principio pensé que había comprado una bici realmente de oro, y que el moro no me engañaba, pero no, no tendría esa extraña suerte.

Según iba transformándola, me daba cuenta que el auténtico valor estaba en ella misma, en sus formas, en sus componentes. El verdadero «Dorado» estaba en su belleza. Os presento a «La Dorada».

Foto: domibrez / Música: Natalie Merchant – The King of China’s Daughter

¡Necesito una bici ya!

28

02 2011

Tengo la sana sensación de estar viviendo el comienzo de una nueva era. Tengo la sensación de estar viviendo la era de la anticrisis. Es necesario un buen leñazo como este, para que nos demos cuenta del despilfarro energético al que estamos sometiendo a este planeta. Nos hemos creado la sensación de que todo es gratis; la luz de las farolas, el alcantarillado, el riego de jardines, el asfalto, las calles que sólo sirven para aparcar nuestros coches, las ridículas aceras, las autovías para unos y desdobles para otros, por el módico precio de 157 millones de euros… Todo eso lo pagamos muy caro, y no sólo nosotros, sino también la pobre gente que aguanta a esos canallas de dictadores que se enriquecen con el petróleo que les compramos.

Últimamente me están llegando cada vez más correos a mi facebook (domibrez cletas) pidiéndome bicis sencillas para transitar por la ciudad. Unos porque están en paro y no pueden soportar el gasto elevado de un pequeño coche y otros porque están verdaderamente hartos de vivir atrapados entre chapa y cristal. Y ya somos algunos los recicladores de bicis muertas y en estado de descomposición, Raul y Cora Torres son unos expertos. Un trabajo muy agradecido ya que devuelves a la vida un objeto, que para muchos de nosotros, tiene alma. Cuando montas en una de estas bicis y te adaptas a ella, es muy difícil que vuelvas a coger el coche para los desplazamientos en la ciudad.

Os recomiendo desde aquí que recuperéis todas esas almas que tenéis en algún rincón de vuestra casa y os olvidéis de buscar sitio para aparcar. ¡Necesitáis una bici ya!

Foto: domibrez / Música: Calle 13 – Muerte En Hawaii

Gastronomía sincera

21

02 2011

La necesidad hace depurar la mente, el cuerpo y el alma. Últimamente intento dar más placer a todo ello. Cuando salgo por la mañana con la bici y pienso en lo sencillo que es moverse con ella y lo poco exigente que es, tanto en lo físico como en lo económico, me contagio de la necesidad de prescindir cada día de algo. Esto es una corriente que se está empezando a notar en las ciudades «modernas», simplificar nuestras vidas guardando el esfuerzo para quehaceres más interesantes.

Ella me contagia la riqueza de mil sensaciones. Retomo el contacto con el aire y el sol. La ciudad se me hace más pequeña y las distancias, diferentes a las de un coche, se encogen. Hoy no comeré en casa, hoy comeré en un bar de barrio al que puedo llegar sin ningún problema en bici. Firma como «gastronomía sincera», y creo que es sincera de verdad. El lugar se llama Reset, y está en frente de la Cruz Roja. Resulta que me contagia con la sencillez de los productos y lo sofisticado de sus sabores, algo muy difícil de conjugar. Quizás hoy me pida una ensalada de atún, cebolla frita, picadillo de pepinillo y crema ligera. Un salmón salteado con risoto de cítricos y cava, y para postre una crema catalana con café en distintas texturas que mi amigo Abraham Calero me recomendó el último día. Y no necesito tener un Mercedes para pagar semejante menú, el precio final es el mismo de cualquier bar de barrio.

En el Mercedes, lo importante es el coche. En la bici, la persona. La cuestión reside en la prioridad. «El amor es un pensamiento» (Pessoa)

Foto: domibrez / Música: The Last Dandies

La bicicleta de Warp*

03

12 2010

*Transcribo literalmente el relato de infancia de un lector de este blog (Warp).

Mi primera bici fue una GAC.

Era una bicicleta infantil con las agarraderas de goma de mala calidad que se deshacían bajo mi sudor, pintada de blanco con el escudo de la marca, el guardabarros cromado plagado de pecas de óxido, la cadena tan sucia por el barro como por la grasa, sillín de plástico incómodo y pedales feísimos. Como todas las de la época no le faltaba su dinamo y su bombilla de 12 voltios. Incómoda de manejar, dura de conducir y con ruedas que más parecían de carro.

Encima, nos la repartíamos entre tres hermanos, aunque mi principal rival era mi hermano mayor -a mi hermana no le interesaba demasiado-. A pesar de la envidia que tenía a todos los niños por tener una BH mientras que yo tenía una GAC (nadie en mi ciudad tenía una GAC), cuando la conseguía se convirtió en mi compañera de exploración en el barrio periférico de Inca donde vivía. Visitaba los alrededores de fábricas de calzado, el cementerio, los campos llenos de almendros y de misterios -sobre todo cuando, al caer la noche, se convertían en refugio de fantasmas escapados del camposanto y otros seres de naturaleza oscura-.

Con ella me rompí pantalones y jerseys, logré desollarme rodillas, dedos y codos, llegué hasta el más lejano confín de la ciudad -incluyendo el Más Allá: Lloseta, rompiendo la prohibición materna de salir a la carretera- y me enfrenté a pandillas de niños pendencieros, normalmente por el expeditivo método de pedalear más deprisa que ellos.

Ella era mi Enterprise y yo un Spock de barrio repleto de curiosidad por todo lo que me rodeaba. Podía pasarme horas pedaleando, sacando hasta el último aliento de mis pequeños músculos explorando aquella galaxia urbana. Volvía a casa agotado, donde devoraba los bocadillos de sobrasada y la leche con galletas (Quely, por supuesto) con avidez.

Aquella bici de segunda mano, que tantas veces llevé a reparar pinchazos en aquel taller enorme, oscuro y maloliente de caucho y grasa para cadenas, no sobrevivió a los embates de tres chiquillos descerebrados. En algún momento de mi, por aquel entonces, futuro, perdí el interés por explorar la ciudad, que empequeñecía a medida que me hacía mayor. Hoy los campos de almendros están cubiertos por naves industriales, las fábricas cerradas y demolidas, el cementerio ha perdido su terror y los alienígenas que me hostigaban hace tiempo que han desaparecido.

Su destino es más oscuro. Si la hubieras visto abandonada sería seguramente en un vertedero y ni la habrías mirado: no habría nada que salvar, un pecio infantil hundido en lo más profundo del pasado, repleta de óxido y desconchones en su pintura, los radios doblados y la cadena seca y salida de sus engranajes. Esa nave cruzó la galaxia mil veces y sucumbió a la peor arma de destrucción masiva: el tiempo. Es un recuerdo imborrable y ya que no se la puede rescatar en una de tus magistrales creaciones, bien está que la rescate en tu blog con un poco de literatura.

Foto: domibrez / Música: Arcade Fire / No Cars Go

La carbonera

24

11 2010

Ella fue a nacer en una fría sala fabril, cuando vio la luz su color se quebró como el cristal…

La pobre se equivocó de lugar y de época. No nació con los albores de la mañana ni con el calor del llar. De pequeña estuvo embalada en un frío almacén junto a piezas y despieces de sus congéneres menos afortunados. Un día lluvioso y frío, como no, de diciembre alguien la adoptó y la llevó a su casa. La esperaban muchas manos y muchas piernas, la golpearon, tiraron y ensuciaron hasta el más recóndito tornillo. Pronto pasó la tempestad y sus fríos hierros acabaron en una pequeña estancia llena de carbón donde subía y bajaba del suelo dependiendo de las estaciones. Sus ruedas se quebraron, su manillar se deformó y de su impoluto color blanco, no digamos nada.

¡¡¡El chatarreeeerooo!!! se escuchó a lo lejos y aquellas manos y piernas pensaron en hacer un poco de sitio en la pequeña sala para poner una moderna calefacción a gasóleo. Y acabo amontonada al lado de coches viejos, lavadoras que ya no lavaban, y frío, mucho frío.

Pero el invierno no es eterno y llegó la primavera, el verano, los colores del otoño y decidió cambiar. Ahora de lo único que se acuerda es de su amigo el carbón que le arrullaba en aquellos días fríos.

Foto: domibrez / Música: Adolfo Abalos – Me Dicen La Carbonera

Escaparate de PASATIEMPOS -Quint-

Fuera como fuese, quizás tal vez.

21

11 2010

Quizás nunca hubiera escrito esto, quizás aquí pudiera acabar lo que escribo, pero estoy seguro que quizás tenga que hacerlo.

Hoy me he mojado con la lluvia y me he secado con el sol. El viento me ha empujado y me ha frenado. He sentido la necesidad de salir con mi bici por el mar y regresar a la tierra. Aunque tuviera la forma de convertirme en agua y luego volver a convertirme en su continente, solo lograría mantener la forma unos instantes, los necesarios para esquivar el viento de cara y el agua que me pinza la cara.

Tal vez llegue a sentir el cansancio en mis piernas. Luchar contracorriente de siempre ha sido duro, pero estas se resisten a dejar de pedalear y sentir el comienzo de la pendiente. Todo lo que sube baja y retornamos al principio, al momento que dejamos de ser, para no ser. Tal vez tenga que empezar a pensar…

Foto: domibrez / Música: Deep Purple – Smoke On The Water (1971 Recording)

La indecisa

09

11 2010

Érase una vez un bicicleta abandonada en un cuarto muy oscuro, tan oscuro que solo podía entrar allí el «hombre negro». Fue una mañana, de mañana, cuando paseando con mi bici cerca de la casa del cuarto oscuro, aquel «hombre negro» sacó a la luz aquella bicicleta en estado deplorable de suciedad y podredumbre. Me acerqué a él y pregunté lo que iba a hacer con ella, sin más miramientos y en frío, me sugirió un precio y después de un pequeño regateo de tuya/mía y no me creo nada, me hice con aquella desventurada.

Me pasé horas mirándola, no había por donde meterla mano. Me arrepentí varias veces de haberla comprado, pero tenía algo que me llamaba la atención. En origen era de color dorado y alguien la puso boca arriba y la pinto de rojo con sus brochazos y chorretones. Decidí entonces borrarle toda huella de sus antiguos amos y la desnudé completamente hasta llegar al puro hierro. Fue entonces cuando… seguía sin saber que hacer con ella.

Pasó el tiempo y recibí una llamada de Andrés, un músico que llevaba tiempo pensando en que le hiciera una bici, pero no sabía aún como la quería. Andrés me enseñó fotos y más fotos de lo que no tenía claro hacer, dudaba entre el verde o el dorado, entre el marrón o el rojo. Tampoco tenía clara la mecánica de la bici, con frenos o  con freno contrapedal y un solo freno delantero, o no. El sillín podía ser de cuero marrón o tono miel hecho a mano o sin mano…

Estaba claro que aquella bici, «La Indecisa», había encontrado a su verdadero dueño. La compenetración fue instantánea, se miraron y se amaron… o no.

Fotos: Andrés Ballinas / Música: R.I.O – Shine on(Radio Mix)

«Torre / 1956» in memoriam

01

11 2010

Día de difuntos, de muertos olvidados. Nunca he creído en el cielo ni en la eternidad de las almas y después de venir del campo sagrado… creo aún menos.

Hoy era buen día para coger la bici, la cámara y retomar un antiguo camino que hacía a diario para ir al periódico, antes de que existiera mi amado carril bici. Esta ruta me llevaba por la carretera de Sóller hasta la vieja prisión donde me desviaba hasta el Carrefour para cruzar hacia la bajada del cementerio. Todas las mañanas atravesaba este sacro lugar, paraba si el tiempo me lo permitía y escuchaba el silencio despoblado. Cada día recorría una calle y escudriñaba los cientos de nombres y fotos de las almas que allí reposaban. Fue entonces cuando descubrí la tumba de aquel hombre semi olvidado con su cara rota (Torre / 1956).

Hoy era día de visitas a los muertos, de ramos de flores, de gitanos exuberantes y de olvido en el limbo de la memoria. Entre miles de lápidas tapadas por sus flores había pequeñas caries despobladas de recuerdo y entre todas ellas me enganché a una. Era joven y apuesto, era un ser querido (entonces), si era otra vez él, «Torre / 1956». Seguía hay quieto, roto y olvidado. Sin una triste flor ni una mano que limpiara su desvencijada tumba. Su cara rota me mira como desde un agujero con ojos de bondad y tristeza. Y no lo pude resistir, no limpié su tumba, ni la recoloqué, ¿para qué? a él no le hubiera servido de nada y a mi tampoco. Lo único que se me ocurrió es hacerle esta foto y pegarla en este blog. Y pienso que por unos efímeros instantes o quizás para siempre, «Torre / 1956», será eterno.

Foto: domibrez / Música: Obus – Cualquier Noche Sale El Sol