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Siete músculos

12

09 2012

Hoy termino con la exposición de mis bicis, y como Dios, descansaré. He hablado hasta la saciedad, he explicado lo que hago a profanos. He intentado convencer a inconvencibles y enamorado a enamorados. He disfrutado, sonreído con –siete músculos– y bebido de la amistad.

Hoy termino con algo que por fin acabo, para mí es mucho. Algo que me gusta, que me cuesta, que me desgasta y termina relajándome hasta la ingravidez. Droga, pura droga. Endorfinas a sacos que sacuden mi cerebro y me destila sensaciones en colores.

Gracias Pasatiempos, por tu espacio útil para la cultura de esta ciudad. Gracias Eastpak, por el apoyo a esta cultura. Gracias Julie y José, por vuestra eterna juventud. Gracias Pedro Neurona, por tu paciencia. Gracias Pablo León, por tu sencillez. Gracias Alberto, por tu comunicación. Gracias Oriol, porque eres de esas personas que aportan. Gracias Pablo García, porque tus fotos destilan amistad.

En fin, hoy no quiero alargarme mucho porque la emoción me impide ver bien las letras del teclado.

Gracias Clara…; gracias Dário.

Merche, te quiero.

Foto: domibrez Música: Joan Baez – De Colores (In Colors)

En un minuto y cuarenta y nueve años

29

08 2012

Hace tanto tiempo que transcurren los recuerdos y las historias que parece que son recuerdos leídos en uno de esos cómics, que aun guardo, manchados de chorizo del bocata.

Hoy me toca acordarme de mi mismo, de recuerdos de blanco y negro y en «led». De imágenes que se agolpan en este y aquel suceso. De todo aquello que forma parte de 49 años de experiencias, de sensaciones, de transformaciones… Todo pasado a un ovillo, de donde salen las piezas de acero, piel y goma que dan forma a mis bicis.

Hace un mes, la marca de mochilas Eastpak, me propuso hacer una exposición de mis bicis y su nueva mochila Velow, para biciclista urbano.  De la misma idea surgió otra, la de contar el origen de mi afición o necesidad de crear estos vehículos, y la respuesta está en este blog, en muchas de las historias que he contado.

Hoy estoy repasando todas aquellas vidas que he construido, bicicletas de bajo nivel a las que he devuelto la vida y otras a las que se la he cambiado. Un trabajo hecho con tiempo  y paciencia. Las tardes de Radio 3, de frío y calor, de idas y venidas a las tiendas buscando esta y aquella pieza. De idas y venidas a la misma tienda porque me he equivocado de medida y así hasta unas cuantas veces más. De mañanas de rastro con Merche, rebuscando entre montoneras y discutiendo precios con vendedores de recuerdos y desvanes.

Todo esto se junta y nace una de esas bicicletas con alma y nombre de Domibrez. Alguna de ellas, si queréis, podréis verlas a partir del 7 de septiembre y hasta el 12 en Pasatiempos de la calle Brossa de Palma de Mallorca. Será un placer conoceros y abrazaros (más a unas que a otros). Contaremos batallas, nos enseñaremos viejas y nuevas heridas y tomaremos algo para soltar la lengua.

Que sepáis, para acabar, que todo esto no se hace en un «momento» o en un «esto para ti es un minuto», no.

Yo, todo lo hago en un minuto y cuarenta y nueve años.

PD. Gracias a Eastpak y a Pasatiempos por ofrecerme esta oportunidad. Esta caña va por vosotros…

Foto: Pablo García Música: Deep Purple – Lazy

Una historia en 635 metros

28

05 2012

No se si son ciertas las historias de caminantes solitarios que vagan por sendas, caminos, carreteras y calles. Siempre las hubo y espero que siga así. Ésta que cuento hoy me sucede a diario, no es pasado, ni siquiera es una leyenda ancestral y tal.

No puedo empezar con aquello de «Un cierto día…» porque sucede todos los días en una calle o camino entre Son Sardina y la rotonda de la carretera de Valldemossa. Es el único tramo en el que viajo por la calzada, ya que no hay carril bici ni siquiera una triste acera por la que te puedan multar. Es un viejo camino que se asfaltó en su día para que los devoradores de oil pudieran circular sin que se ensuciaran sus ruedas. Vallada de antiguas paredes de piedra que aíslan las fincas de almendros de la carretera, el caminar por ella o circular con bici, se hace a veces peligroso.

Todas la mañanas, pero todas, cuando salgo para Palma me encuentro con este caminante entrado en años, con una forma de andar muy ligera y saltarina. El hombre va recogiendo hierba de las orillas para luego dar de comer a un caballo que permanece siempre encerrado en una pequeña parcela. Lo acaricia y luego se marcha a toda velocidad. Nos saludamos desde el primer día. Yo levanto la mano y el también.

Cuando subo a comer a medio día se repite la historia, se repite el lugar y se repite el ritual de saludos, y siempre el mismo pensamiento durante hace más de cinco años, ¿quién será este hombre?. No me atrevo a preguntárselo para no estropear esta misteriosa historia.

Prefiero imaginar…

Foto: domibrez Música: Las Grecas – Solitario

Maldito Día Mundial de la Bici

19

04 2012

Me levanto, me ducho cantando y desayuno leyendo el periódico, placer sencillo donde los haya. Es lo bueno de ir a trabajar en bici, no hay atascos, no tienes que parar a echar gasolina, no tienes que buscar sitio para aparcar cuatro metros por dos de hierro y sobretodo… las prisas no existen.

Todo perfecto hasta que fui a coger mi «Pastora» para ir al trabajo como cada mañana (maldita Primitiva). Me pongo los guantes de rejilla de algodón negro con huecos en los nudillos y palma de piel… piel, me pongo las gafas anti no se cuantas cosas y rayos UVA, y me posiciono la gorra en la parte alta de la cabeza. Pero no, ella hoy no quería, no quería y no quería. Tiraba «patrás» como una burra tacaña a la vez que me miraba con ese ojito de led cromado que se agrandaba cual lindo gatito.

Mi desesperación fue en aumento y su tozudez más. No me lo podía creer, ella que disfrutaba con las mañanas de brisas de «embat». Ella que paraba a olisquear las rojas amapolas y los amarillos dientes de león. Ella que bajaba por Blanquerna haciendo sonar las baldosas sueltas. Ella, que descansaba en el Paseo de Mallorca atada a su farola preferida. No me lo podía creer, hoy no quería bajar.

Maldito Día Mundial de la Bici, hasta mi bici se ha cogido el día libre.

Foto:  domibrez Música:  Glenn Miller – In The Mood

Adiós a mi senda roja

22

08 2011

Eran las cinco de la tarde cuando hacía la calor y la gomas de mi bici se deslizaban por el líquido asfalto de la calle. Fue al tomar aquella curva cuando me di cuenta que el asfalto rojo, que me protegía de las bestias del averno, había desaparecido. Paré en seco y observé aquella desolación, aquel vacío ocupado por un sendero raspado por algún ser de fauces terribles.

Sabía que éste era peligroso, que ese peligro venía de gente con prisas y en algún caso furiosa, pero nunca pude imaginar que todo aquello hubiera desaparecido como por obra y magia de Harry Potter. Mi camino por el bosque encantado había desaparecido y su lugar lo ocupaban tremendas máquinas hambrientas de espacio, de oxígeno, de prisas, de ruido, de humos (malos), de espacio (creo que ya lo dije).

Ahora el sendero se adentra por el bosque oscuro, donde las bestias acechan por la izquierda y por la derecha. En algunos momentos te atacan por la espalda llegando a rozar la rueda de mi bici con sus frentes. Por esta nueva senda tienes que esperar un minuto aquí, otro más allá y otros más acullá a que los abnegados repartidores de cosas descarguen sus mercancías dejando sus monstruosas monturas en medio de la senda. A señores/as que hacen sonar sus bocinas cuando quieren que te apartes porque su tiempo es mucho más valioso que el tuyo. A aquellos que piensan que entorpeces el tránsito y no se dan cuenta que yo también soy tránsito.

A pesar de todo, doy las gracias a todas esas personas que piensan en nosotros. Esas personas que alegremente sacan sus bicicletas enfundados en sus «chandals» de domingo y que luego deciden por donde hemos de ir los que a diario nos desplazamos en nuestras bicicletas para ir a trabajar. Gracias por hacernos un mundo más infeliz.

Foto: domibrez / Modelo: Mariluz. Música: Stevie Wonder – Send One Your Love

La confusión de Confucio

10

05 2011

Érase una vez, una bella dama que peinaba sus negros cabellos al borde de un hermoso estanque de nenúfares, y un príncipe la besó y la quiso para siempre… Y bueno, eso es todo lo que puedo citar del cuento, el resto es pura paja y relleno innecesario.

Puede que suene a cuento chino, pero la realidad es que voy a hablar de la china, CHU LI NA, que así se llama. Es una bicicleta importada de la China mandarina y de una calidad más que mala. El óxido le salía hasta de las cubiertas y su peso desmesurado le daba una aspecto de tanque sin balas. La desnudé poco a poco y fue saliendo la parte más erótica y especial de la bici, la doble barra. Yo creo que ella notó que se iba sintiendo mejor sin tanta chatarra y fue dejándome ver, cada vez más, sus verdaderos sentimientos. Al final, todo su encanto quedó al descubierto y se entregó a mí.

Como todo cuento que se precie, intenté que éste tuviera un final feliz. Le atusé sus negros cabellos con un corte que dejaba ver su hermosa frente y le regalé un delicado kimono marfil con cinturón negro. Y como dijo el gran Confucio*, «Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla

*Confucio fue un chinojaponés que inventó la confusión. Por si alguno no lo sabía.

Foto: domibrez / Música: Chinese Man – Get Up

El oro del moro no era oro

31

03 2011

Amigo, amigo cómprame bici barata… -¿Cuánto cuesta?. -1oo eurios… -Uf, paso, es muy cara. -No cara, amigo, es de oro. – ¿Pero de que vas?, si las has mal pintado de purpurina y esta pringosa. Te doy 60 euros. -Amigo, es de oro. -¡Que no!.

Al final la pobre bicicleta me miro con ojitos de cordero degollado, así redonditos, y no me resistí a adoptarla por el módico precio de… El moro la había pintado de color dorado, y la base era de una Zeus con componentes de Campagnolo. Ahora debía de quitar toda la porquería que le había puesto encima. Cual sería mi sorpresa, que cuando empecé a decapar la maltrecha pintura, descubro un metal dorado. La bici, en origen, la habían bañado en latón aunque bastante mal, ya que tenía grandes corros por los que asomaba el vil hierro. Al principio pensé que había comprado una bici realmente de oro, y que el moro no me engañaba, pero no, no tendría esa extraña suerte.

Según iba transformándola, me daba cuenta que el auténtico valor estaba en ella misma, en sus formas, en sus componentes. El verdadero «Dorado» estaba en su belleza. Os presento a «La Dorada».

Foto: domibrez / Música: Natalie Merchant – The King of China’s Daughter

Gastronomía sincera

21

02 2011

La necesidad hace depurar la mente, el cuerpo y el alma. Últimamente intento dar más placer a todo ello. Cuando salgo por la mañana con la bici y pienso en lo sencillo que es moverse con ella y lo poco exigente que es, tanto en lo físico como en lo económico, me contagio de la necesidad de prescindir cada día de algo. Esto es una corriente que se está empezando a notar en las ciudades «modernas», simplificar nuestras vidas guardando el esfuerzo para quehaceres más interesantes.

Ella me contagia la riqueza de mil sensaciones. Retomo el contacto con el aire y el sol. La ciudad se me hace más pequeña y las distancias, diferentes a las de un coche, se encogen. Hoy no comeré en casa, hoy comeré en un bar de barrio al que puedo llegar sin ningún problema en bici. Firma como «gastronomía sincera», y creo que es sincera de verdad. El lugar se llama Reset, y está en frente de la Cruz Roja. Resulta que me contagia con la sencillez de los productos y lo sofisticado de sus sabores, algo muy difícil de conjugar. Quizás hoy me pida una ensalada de atún, cebolla frita, picadillo de pepinillo y crema ligera. Un salmón salteado con risoto de cítricos y cava, y para postre una crema catalana con café en distintas texturas que mi amigo Abraham Calero me recomendó el último día. Y no necesito tener un Mercedes para pagar semejante menú, el precio final es el mismo de cualquier bar de barrio.

En el Mercedes, lo importante es el coche. En la bici, la persona. La cuestión reside en la prioridad. «El amor es un pensamiento» (Pessoa)

Foto: domibrez / Música: The Last Dandies

Esta fiebre me está matando…

25

01 2011

Es como vivir en un frasco de gelatina, todo se mueve despacio y me cuesta pensar. Sueño y sueño con sueños rocambolescos. Sueño muy despacio y luego muy deprisa. Hay una barandilla que se hace muy fina en mi mano y en un plis-plás engorda hasta engullirme.

Sueño en esa bici que estaba haciendo y ahora se congela en el pensamiento con sus ruedas gordas, y resulta que no es una bici, es una bruja con negros ropajes que monta en unas ramas de mimbre con un ojeroso búho sobre una cesta. El búho, Ceferino, me mira y parece que sabe lo que pienso. Pienso en la bruja mala, no, en la buena. En lo buena que era la bruja Honorina, que nos cocinaba en su puchero ennegrecido por las vidas ajenas.

Una bruja no tiene por qué hacer conjuros con sapos y patas de cuervo catedralicio. Esta bruja hacía magia los días nublados, los soleados y, a veces, cuando llovía. Aunque yo no la viese, ella estaba mirándome como su viejo búho. Cuántas veces sacó su estropeada escoba a pasear y sin saber de dónde venía notaba en la nuca el viento y luego el golpe, a la vez que un tonillo impertinente se te quedaba en el tímpano -¿¿qué te he dicho??-. Pero lo que mejor hacía la bruja era no molestar. Hasta cuando echó a volar por última vez, se fue sin molestar, sólo cogió respiración tres veces y se fue.

El tiempo se hizo otra vez de gelatina, me costaba mover la cabeza de un lado al otro porque no sabía dónde estaba y algo me llamó la atención, era Ceferino, el búho de la bruja Honorina que me miraba desde la cesta de mimbre.

Foto: domibrez / Música: Peggy Lee – Is That All There Is?

La carbonera

24

11 2010

Ella fue a nacer en una fría sala fabril, cuando vio la luz su color se quebró como el cristal…

La pobre se equivocó de lugar y de época. No nació con los albores de la mañana ni con el calor del llar. De pequeña estuvo embalada en un frío almacén junto a piezas y despieces de sus congéneres menos afortunados. Un día lluvioso y frío, como no, de diciembre alguien la adoptó y la llevó a su casa. La esperaban muchas manos y muchas piernas, la golpearon, tiraron y ensuciaron hasta el más recóndito tornillo. Pronto pasó la tempestad y sus fríos hierros acabaron en una pequeña estancia llena de carbón donde subía y bajaba del suelo dependiendo de las estaciones. Sus ruedas se quebraron, su manillar se deformó y de su impoluto color blanco, no digamos nada.

¡¡¡El chatarreeeerooo!!! se escuchó a lo lejos y aquellas manos y piernas pensaron en hacer un poco de sitio en la pequeña sala para poner una moderna calefacción a gasóleo. Y acabo amontonada al lado de coches viejos, lavadoras que ya no lavaban, y frío, mucho frío.

Pero el invierno no es eterno y llegó la primavera, el verano, los colores del otoño y decidió cambiar. Ahora de lo único que se acuerda es de su amigo el carbón que le arrullaba en aquellos días fríos.

Foto: domibrez / Música: Adolfo Abalos – Me Dicen La Carbonera

Escaparate de PASATIEMPOS -Quint-