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Una caña en los cimientos del cielo

17

10 2011

A veces cierro mis ojos y veo figuras con colores radiantes y luminosos. Es raro ya que los tengo cerrados y debería ver sólo negro o colores oscuros. Entre esas luces, distingo sombras amorfas bailando lentamente. Todo está tan desenfocado y confuso. Me gusta tener mis ojos cerrados mientras escucho música, siento como tratan de seguir a todas esas luces y sombras. y no, no estoy “endrogao” ni nada parecido, en tal caso esto atontado por el lugar y la belleza del sonido.

Después de recorrer un buen tramo con indignadas compañías por las calles de Palma nos fuimos a escuchar el sentimiento de Zenet, vendedor de enciclopedias y cantante de bar. Escuchar a Zenet es sentirte en el salón de tu casa, fregando en la cocina, trasteando en el taller y pensar en que tu también puedes ser eso…

La guitarra de José Taboada y Zenet con su sombrero, su vacile al público y su extraña voz volvieron a hacer que cerrara los ojos y viera luces y sombras bailando cerca de mí.

Hoy escribo desde un rincón extraño. Un lugar escondido al que accedes con la bici y puedes aparcarla apoyándola en los cimientos de una catedral… y tomarte una caña.

Foto: domibrez / Música: Quatuor Ébène – Unrequited

Oscuras calles

21

05 2010

Dicen, cuentan, que hay noches que por el centro de Palma se pueden ver, a según que horas, personas que en silencio se pasean por sus calles. No está científicamente comprobado pero creo que es así.

Hay noches en que el silencio es el mayor aliado, la oscuridad una compañera y las forzadas esquinas un peligro. Las calles del casco antiguo mantienen ese misterio de los años, las sombras se alargan más que en otro lugares y la luz se disipa entre farola y farola. No se necesita más que un pequeño instante para darte cuenta de que el ambiente está cargado de historias, de personajes que pasaron y vivieron por esas calles y dejaron su impronta. Marineros ocultos en los oscuros portales despidiéndose de su quinta novia. Bellas moras que te observan tras sus viejas celosías mientras esperan que su señor les haga caso esta noche. Caballeros a caballo hacen sonar las aldabas que fieros leones mantienen en sus bocas. Y como no, viejas bicicletas que con el tintineo del timbre aflojado por el uso, hacen que el silencio de la noche sea aún más misterioso.

Una vez finalizado el recorrido que hayas elegido, es recomendable parar un rato a los pies de la catedral, en sus muros podrás sentir el olor de la piedra mojada antaño por el mar. Allí tendrás la sensación de que has llegado al finisterre de la Ciutat, a la orilla de otro mundo lleno de luces y ruido de velocidad. Ahí acaba el paseo nocturno que puedes hacer cualquier noche con tu bici. No necesitarás más, sólo tener cuidado con el dragón.

Foto: domibrez / Música: Pepe Denis – Aquella noche en Palma