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¿Por qué quitan el carril bici por la noche?

En serio, no es broma ni chufla. Hay días (noches) que subo tarde a casa, por unas cosas u otras, y me encuentro que han quitado el carril bici con sus rayitas, su color teja, la señora con el carrito de la compra, y hasta la máquina de Emaya que todas las mañanas espera a que mi amigo Warp salga de casa para ponerse a limpiar el carril. Si, lo han quitado todo, y en su lugar hay bonitos coches aparcados con sus bonitas luces de color naranja intermitentes.

Paro a la vera de uno de estos con la ingenua intención de hacer oír, que no entender, mi simple queja. -Pon pon, toco en su cristal, y cuando baja la ventanilla, el chumba-chumba inunda la calle y la Trompa de Eustaquio (osea la mía). -Oye (digo yo), ¿sabes que estás apalancado en el carril bici?. -¿Lo cualo? me contesta ella. Sí, (le digo yo) es que por aquí tenemos la mala costumbre de pasar los ciudadanos que vamos en bici. -Pero si sólo es un minuto (dice él, que estaba al lado de ella), y le emplazo a levantar la cabeza y observar que delante ella/el y detrás hay como unos doce coches más montados sobre el supuesto carril. Y les explico, a ambos dos, que si preguntas a todos los que están aparcados sobre el susodicho, todos me contestarán lo mismo, es un minuto. Pero si esperamos ese minuto para poder continuar con el camino, llegamos a la conclusión de que hay que sumar esos minutos  y en esa calle ya son doce, en la calle siguiente serán cinco (cuidado), y después otros tantos y así hasta llegar a casa cuatro horas más tarde.

Bueno, esa es la “Teoría del minuto”, no es que esté al cien por cien comprobada, pero si multiplicamos el seno y el coseno, y dividimos por Pí, posiblemente nos de la curvatura de la ruta alternativa que tenemos que sortear. Mira por donde me van a servir la matemáticas de 2º de BUP.

Foto: domibrez / Música: Ry Cooder – Muy Fifi

20

10 2010

Mi carril bici

No, no voy a entrar en la polémica que estos días hay con los peatones y el carril bici de Ciutat. Voy a hablar de mi carril bici. Mío, porque lo uso a diario, porque lo respeto y me da un estatus que de otra forma no podría tener. Mi coche no es el más grande, no es el que más corre ni siquiera es el más caro, pero soy de esas personas que se pueden permitir ir al trabajo en bicicleta. No soy un pionero ni un tipo raro que quiere ser diferente y extravagante. Soy un privilegiado porque tengo un trabajo que me permite llegar e irme en bici. Y no, no me he vuelto un pedante ni un chulo, al menos creo que no. Cuando otras personas te comentan que también a ellos les gustaría ir en bici a su trabajo y no pueden porque no les da tiempo o está lejos o tienen que llevar a sus hijos al colegio o etecé, etecé, no puedo más que pensar en todo lo que he hecho para adecuar mi vida hasta llegar a esta situación privilegiada. Para ganar tienes que perder y mucho, para luego volver a ganar, y mucho más. No me importa que existan personas que me miren mal, porque ellas no puedan o no quieran dejar su forma de vida, todo lo contrario; esto hace que mi estatus se eleve. Uno o dos centímetros.

Foto: domibrez / Música: Noches de Toisón (Cardiacos)

05

05 2010

La senda roja

La ciudad está cambiando, las calles se semipeatonizan, las aceras se rebajan, los pasos de cebra ahora son como antiguamente, de peatones (una buena idea para los vehículos de dos ruedas y ahorro de pintura). Pero, ¿qué será esa linda senda roja, por donde el carrito de la compra va como la seda, el cochecito de niñ@ rueda sin sobresaltos, los “todoterreno” encuentran un buen sitio para aparcar mientras van a la tintorería –es un minuto– dicen con cara de no entender tu recriminación?. Pero los reyes de la senda son ellos, esa parejita que de la mano va tiernamente caminado por el hermoso carril y que tú, desde lejos, tocas el timbre intentando molestar lo mínimo y te vas acercando y ves que no se inmutan y vuelves a tocar el timbre (esta vez con más intensidad), y siguen sin enterarse y tienes que parar y pedirles por favor (eso siempre) que te dejen pasar, y no se apartan y pasas por donde puedes y les miras y te miran y… sonríen y son felices y tu te…

Bueno, relax, piensas mientras continuas por la senda roja con rayitas blancas. Tengamos un poco de paciencia, al fin y al cabo es una parejita inofensiva y atolondrada, que sólo hablan de como pagar su palacete particular, con trastero en la Castellana, de 150.000 euros en cincuenta años de trabajo mutuo, sin poder echarse ni un pequeño velódromo encima.

Siempre tendrán la senda roja*.

*Idea original de David Cornejo (ver comentario en “Esto no es Amsterdam“)

01

04 2010

Como decíamos ayer…

Aún recuerdo el tiempo que pasaba pidiendo bicis para dar una vuelta. Era el niño que más caminaba, del colegio a casa, de casa al “prao” pasando por el quiosco, y no había forma de hacerlo de otra manera.
Quizás si mi padre no hubiera temido tanto por mi vida… me hubiera comprado aquella bici que yo tanto mendigaba.
Por aquellas edades el peligro y el riesgo eran desconocidos. Los vehículos a motor, aunque no escasos, eran en según que zonas ocasionales y la bicicleta vivía en completa armonía en la ciudad.
El tiempo y la edad avanzan, te haces más independiente, más cómodo y sobre todo vago. El coche se convierte en tu fiel compañero de juergas, amores y viajes idílicos. Entonces comienzan los problemas de ¿dónde dejo el coche?, ¡este mes no tengo para gasolina!, ¡maldita multa!!!, los del párking se han pasado tres pueblos y ¿ahora este golpe como lo arreglo?… En fines, si sumas la cantidad de pasta que te gastas para ir a por pan o a trabajar, resulta que puedo viajar en… TAXI toda la vida. Ahora bien, si lo que pretendo es tener un corazón más o menos en forma, una calidad de vida más que aceptable y disfrutar de una ciudad cada vez más abierta al disfrute del aire puro… vuelvo a pedirte DÉJAME LA BICI (porfa).

28

01 2010