Entrada etiquetada ‘buho’

Esta fiebre me está matando…

25

01 2011

Es como vivir en un frasco de gelatina, todo se mueve despacio y me cuesta pensar. Sueño y sueño con sueños rocambolescos. Sueño muy despacio y luego muy deprisa. Hay una barandilla que se hace muy fina en mi mano y en un plis-plás engorda hasta engullirme.

Sueño en esa bici que estaba haciendo y ahora se congela en el pensamiento con sus ruedas gordas, y resulta que no es una bici, es una bruja con negros ropajes que monta en unas ramas de mimbre con un ojeroso búho sobre una cesta. El búho, Ceferino, me mira y parece que sabe lo que pienso. Pienso en la bruja mala, no, en la buena. En lo buena que era la bruja Honorina, que nos cocinaba en su puchero ennegrecido por las vidas ajenas.

Una bruja no tiene por qué hacer conjuros con sapos y patas de cuervo catedralicio. Esta bruja hacía magia los días nublados, los soleados y, a veces, cuando llovía. Aunque yo no la viese, ella estaba mirándome como su viejo búho. Cuántas veces sacó su estropeada escoba a pasear y sin saber de dónde venía notaba en la nuca el viento y luego el golpe, a la vez que un tonillo impertinente se te quedaba en el tímpano -¿¿qué te he dicho??-. Pero lo que mejor hacía la bruja era no molestar. Hasta cuando echó a volar por última vez, se fue sin molestar, sólo cogió respiración tres veces y se fue.

El tiempo se hizo otra vez de gelatina, me costaba mover la cabeza de un lado al otro porque no sabía dónde estaba y algo me llamó la atención, era Ceferino, el búho de la bruja Honorina que me miraba desde la cesta de mimbre.

Foto: domibrez / Música: Peggy Lee – Is That All There Is?

Mi bici, mi perro y el vuelo del búho

02

07 2010

Son las veintidós coma cero cero y me dispongo a salir con uno de mis perros para ejercitar sus músculos y a su vez, desgastar su maldita fogosidad. Lagotón, como así le llamo (en realidad se llama Lago), es un border collie tricolor que adoptamos en el “Centro Canino Internacional” ahora hace tres años. Es todo un campeón en mear y cagar por todos los lados. Le encanta comerse todo lo incomestible y al ser una de las razas más inteligentes, obedece sólo las órdenes que le da la gana. No soy Cesar ni Borja de Cuatro pero nos lo pasamos bien.

Lagotón se transforma cuando me preparo para coger la bici, el binomio que forman ésta y él es alucinante. Salimos a la calle y se coloca a mi izquierda y en paralelo, obedece todas las “sugerencias” que le hago sin rechistar. –¡Lago para! y se para. –¡Lago sit! y va y se sienta. –¡Lago despacio! y va despacio… y un montón de cosas más. Luego comenzamos a correr y su trote se convierte en carrera, sus orejas se echan hacia atrás y su mirada fija en la lejanía hacen que el animal y la bicicleta se fundan en un mismo ritmo. Después de unos mil quinientos metros de ida y otros mil quinientos de vuelta, llega a casa con la lengua limpiando el suelo y os aseguro que duerme toda la noche de un tirón… angelito!!!.

El búho nos lo encontramos todas las noches en la rama de un viejo almendro. Al pasar sale volando con su precioso cuerpo de plumas. Está en esta historia porque me quedaba bonito en el título del blog.

Foto: Clara / Música: Turista – Búho