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Érase una vez que comí perdices

16

10 2014

Maldito Día Mundial de la Bici

Me levanto, me ducho cantando y desayuno leyendo el periódico, placer sencillo donde los haya. Es lo bueno de ir a trabajar en bici, no hay atascos, no tienes que parar a echar gasolina, no tienes que buscar sitio para aparcar cuatro metros por dos de hierro y sobretodo… las prisas no existen.

Todo perfecto hasta que fui a coger mi “Pastora” para ir al trabajo como cada mañana (maldita Primitiva). Me pongo los guantes de rejilla de algodón negro con huecos en los nudillos y palma de piel… piel, me pongo las gafas anti no se cuantas cosas y rayos UVA, y me posiciono la gorra en la parte alta de la cabeza. Pero no, ella hoy no quería, no quería y no quería. Tiraba “patrás” como una burra tacaña a la vez que me miraba con ese ojito de led cromado que se agrandaba cual lindo gatito.

Mi desesperación fue en aumento y su tozudez más. No me lo podía creer, ella que disfrutaba con las mañanas de brisas de “embat”. Ella que paraba a olisquear las rojas amapolas y los amarillos dientes de león. Ella que bajaba por Blanquerna haciendo sonar las baldosas sueltas. Ella, que descansaba en el Paseo de Mallorca atada a su farola preferida. No me lo podía creer, hoy no quería bajar.

Maldito Día Mundial de la Bici, hasta mi bici se ha cogido el día libre.

Foto:  domibrez Música:  Glenn Miller – In The Mood

19

04 2012

Domingos de estreno

De pequeño estaba esperando que llegara el domingo para poder estrenar aquellos super zapatos que mi madre me había comprado en “Calzados Àngel”, el sumum de la modernidad de la época en León. Tenía unos zapatos para ir al cole que eran muy cañeros, cómodos y duros, muy duros (Gorila). Con ellos repasaba todos los charcos, escalaba las tapias y corrían más que ninguno. Pero llegaba el domingo y entonces sacaba a relucir aquella virgería de mocasines con una borlita cursi sobre su lengüeta, eran unos castellanos de color granate con un brillo que deslumbraba a todas… (?).

Hoy he conseguido hacer algo parecido que con mis infantiles zapatos, hoy salgo con mi reluciente bicicleta de “los domingos”. Cada vez que compongo una nueva bici la estreno el domingo, es como ese  rito que te queda y conservas de la infancia. De lunes a viernes uso mi fiel KTM con sus ruedas lisas de Specialized, pedales ámbar de Carhartt, frenos Shimano Deore, sillín antiprostático y el pedazo pitón de 1,30 centímetros que llevo enroscado debajo de la barra de la bici para que los cacos lo tengan un poco más difícil. Es una bici práctica, moderna y muy urbana con una estética deportiva.

Pero llega el domingo y es cuando disfruto de bajar hasta Blanquerna a comprar el Ultima Hora, el dBalears y el País, tomar un café con leche en una de las terrazas que en esta calle van asomando y después bajar por la Rambla hasta el centro. Es una gozada y la verdad… un pecado de vanidad ver como la gente te mira con ojillos al pasar con la máquina que ese domingo estreno. Cuando paramos a tomar una cañita en el Bosch, en ese momento, mi ya dilatado ego se dispara hasta límites insospechados… Es lo que tiene estrenar los domingos.

Foto: domibrez / Música: Zenet – Dientes De Rata

20

09 2010

El aparcamiento de Àngeles

Era una verdadera letanía llegar todas las mañanas al centro de Palma y buscar un pequeño lugar para aparcar su pequeño coche. Una rutina que durante años le haría perder mucho de su tiempo. Tiempo y dinero, pues las multas se iban amontonando en la mesa de trabajo de la librería que ella regenta. Librería céntrica, tanto que está en el centro, al centro izquierda de la calle Olmos si subes de las Ramblas. Y allí no se puede aparcar, y si aparcas tienes que pagar y gastarte los dineros que ganas y esto es un sinvivir.

Pero se acabó, se acabó de tanto sufrimiento y sin razón. Un buen día, Àngeles se decidió a cambiar su modus operandi, y siguiendo el incipiente ejemplo de algún colega, aparcó su pequeño coche en un barrio de las afueras oreras de Ciutat. Fue cuando entonces sacó su nueva y reluciente bicicleta plegable, recientemente adquirida en una pequeña tienda de barrio, ante el estupor de los parroquianos del bar de la esquina. Con gran premura y habilidad se dispuso a montarla, se subió en su nueva máquina y salió haciendo alguna que otra pequeña curva primeriza por el carril bici que empalma con el de Blanquerna. La sensación de libertad era tan grande que tuvo que dar un pequeño rodeo por las calles del centro para no llegar tan pronto a Casatomada -espacio Dilettante-.

A partir de este día otra persona más se ha adueñado del carril bici de la ciudad. Ahora hay un sitio más para aparcar, para alguien que aún no se ha decidido a dejarlo. Ahora hay un ruido menos, menos humo y lo más importante de todo… hay una bici más en la ciudad.

Foto: domibrez / Música: Las bicicletas van al cielo / ereqere

17

05 2010

Me creía en Marte!

De repente tengo la sensación de haber estado viviendo en un mundo paralelo. Desde el día que comencé el blog, voy conociendo ciudadanos que llevan el mismo tiempo o más que yo usando la bici como medio de transporte. Antes bajaba yo sólo de mi pueblo (Son Sardina) y quizás me encontraba con algún esforzado estudiante de la UIB. Llegaba al carril bici de las Avenidas y realmente pensaba que era yo, también, de el que todos los medios de comunicación hablaban. Me creía en Marte.

Y desde aquel día (el del blog…) resulta que somos muchos/as los que bajamos y subimos a la vez, disfrutamos del almendro que me saluda por la derecha, calentamos piernas en la pasarela y entramos en Blanquerna. Me gusta la sensación de no sentirme bicho o cosa.

Por el gran criticado y peligroso carril de las Avenidas, cada vez más lleno, pasé el miércoles sobre las 20 h. Me crucé con unas veinte ciudadanos en bici en el tramo de los juzgados, eso equivale a 20 coches menos, osease 80 y pico metros de atasco contaminante de salida de trabajo. Es cuando realmente te das cuenta que mi “esfuerzo” y el de otros muchos, incluyendo a políticos honrados, tiene recompensa. Me recoloco en el sillín y continuo el camino a casa. En unos 25 minutos, regreso del espacio interestelar y atravieso esos mundos paralelos de los que no pensaba regresar.

02

03 2010

Pasar por Blanquerna

Me preguntaba Cuqui San Juan… ¿las bicicletas son para el invierno? –Puesssss…, le dije yo. Todo depende de los gustos y ganas que tengas de cabrearte, estresarte, desesperarte, agobiarte, marearte… arte, arte, arte… durante esta época.

El invierno es un tiempo ideal para circular en bici por la ciudad, sobre todo en una como la nuestra. Puede sorprender lo que digo, pero la tranquilidad con la que llegas a todos los lados es mayor que el frío que puedas pasar.

Cuando sales por la mañana, la sensación del aire en la cara y tu cuerpo moviéndose a ritmo descansado, es indescriptible. En dos minutos comienzas a despertar y tus músculos se esponjan corriendo la sangre caliente entre ellos. Los almendros, ahora en flor, te saludan por la derecha y te dejan respirar el oxígeno que han estado fabricando durante toda la noche. Ostras… el futuro hospital!, se avecina una pasarela con una cuesta para poner a prueba los cuádriceps femorales. Pero como todo lo que sube baja, comienzas el descenso hacia Ciutat por el relajado carril bici de la carretera de Valdemossa. Aquí el frío ya es historia, y la sensación, de ver a todos los coches atascados a las 9 h. de la mañana en la M-20 (según Munar) y en la rotonda del Ocimax, es tremenda.

El clímax de la ruta llega cuando entras en Blanquerna, es alentadora la sensación de ver como peatones, bicis y coches se entienden en este recuperado espacio urbano. El otro día hasta creí oír el canto de unos pajarillos. El final del viaje es el Paseo Mallorca y todo ello en unos miserables 17 minutos desde Son Sardina, con frío y a veces con lluvia.

No lo cambio por nada. No.

19

02 2010