Entrada etiquetada ‘bicicleta’

El amor no se compra. Me lo dijo Fran.

31

10 2012

Ayer me encontré con el gallego Fran, de negro y negro vestido; con bici negra y casco negro. Fran tiene un pequeño logotipo ajedrezado en blanco y negro. Si, también le gusta el blanco, pero poco.

Frank, que estuvo a NY con su Bromptom, se compró un día una bicicleta de carbono super moderna, él es un moderno. Estaba feliz, ¡cómo andaba!. Era ligera y rápida. Era la envidia entre sus amigos, la comidilla, la admirada; pero a él no le gustaba. Había algo en ella que no le hacía feliz, un no sé que. Se sentaba en el salón de su casa a mirarla, y la miraba un buen rato, pero seguía sin saberlo.

Un buen día a Franky el mallorquín, se le encendió la luz. ¡Su bicicleta era ROJA!, ahora entendía lo que pasaba, no era negra… y blanca (pero poco).

Desanduvo lo andado y la vendió con mucho dolor. No era el dinero ni el valor de su bicicleta lo que añoraba, si no el amor al color.

Ahora si, su mariposa, vuela en negro.

Foto: domibrez Música: Chencho Lopez – El Vas de las Mariposas

 

Siete músculos

12

09 2012

Hoy termino con la exposición de mis bicis, y como Dios, descansaré. He hablado hasta la saciedad, he explicado lo que hago a profanos. He intentado convencer a inconvencibles y enamorado a enamorados. He disfrutado, sonreído con –siete músculos– y bebido de la amistad.

Hoy termino con algo que por fin acabo, para mí es mucho. Algo que me gusta, que me cuesta, que me desgasta y termina relajándome hasta la ingravidez. Droga, pura droga. Endorfinas a sacos que sacuden mi cerebro y me destila sensaciones en colores.

Gracias Pasatiempos, por tu espacio útil para la cultura de esta ciudad. Gracias Eastpak, por el apoyo a esta cultura. Gracias Julie y José, por vuestra eterna juventud. Gracias Pedro Neurona, por tu paciencia. Gracias Pablo León, por tu sencillez. Gracias Alberto, por tu comunicación. Gracias Oriol, porque eres de esas personas que aportan. Gracias Pablo García, porque tus fotos destilan amistad.

En fin, hoy no quiero alargarme mucho porque la emoción me impide ver bien las letras del teclado.

Gracias Clara…; gracias Dário.

Merche, te quiero.

Foto: domibrez Música: Joan Baez – De Colores (In Colors)

En un minuto y cuarenta y nueve años

29

08 2012

Hace tanto tiempo que transcurren los recuerdos y las historias que parece que son recuerdos leídos en uno de esos cómics, que aun guardo, manchados de chorizo del bocata.

Hoy me toca acordarme de mi mismo, de recuerdos de blanco y negro y en «led». De imágenes que se agolpan en este y aquel suceso. De todo aquello que forma parte de 49 años de experiencias, de sensaciones, de transformaciones… Todo pasado a un ovillo, de donde salen las piezas de acero, piel y goma que dan forma a mis bicis.

Hace un mes, la marca de mochilas Eastpak, me propuso hacer una exposición de mis bicis y su nueva mochila Velow, para biciclista urbano.  De la misma idea surgió otra, la de contar el origen de mi afición o necesidad de crear estos vehículos, y la respuesta está en este blog, en muchas de las historias que he contado.

Hoy estoy repasando todas aquellas vidas que he construido, bicicletas de bajo nivel a las que he devuelto la vida y otras a las que se la he cambiado. Un trabajo hecho con tiempo  y paciencia. Las tardes de Radio 3, de frío y calor, de idas y venidas a las tiendas buscando esta y aquella pieza. De idas y venidas a la misma tienda porque me he equivocado de medida y así hasta unas cuantas veces más. De mañanas de rastro con Merche, rebuscando entre montoneras y discutiendo precios con vendedores de recuerdos y desvanes.

Todo esto se junta y nace una de esas bicicletas con alma y nombre de Domibrez. Alguna de ellas, si queréis, podréis verlas a partir del 7 de septiembre y hasta el 12 en Pasatiempos de la calle Brossa de Palma de Mallorca. Será un placer conoceros y abrazaros (más a unas que a otros). Contaremos batallas, nos enseñaremos viejas y nuevas heridas y tomaremos algo para soltar la lengua.

Que sepáis, para acabar, que todo esto no se hace en un «momento» o en un «esto para ti es un minuto», no.

Yo, todo lo hago en un minuto y cuarenta y nueve años.

PD. Gracias a Eastpak y a Pasatiempos por ofrecerme esta oportunidad. Esta caña va por vosotros…

Foto: Pablo García Música: Deep Purple – Lazy

Una historia en 635 metros

28

05 2012

No se si son ciertas las historias de caminantes solitarios que vagan por sendas, caminos, carreteras y calles. Siempre las hubo y espero que siga así. Ésta que cuento hoy me sucede a diario, no es pasado, ni siquiera es una leyenda ancestral y tal.

No puedo empezar con aquello de «Un cierto día…» porque sucede todos los días en una calle o camino entre Son Sardina y la rotonda de la carretera de Valldemossa. Es el único tramo en el que viajo por la calzada, ya que no hay carril bici ni siquiera una triste acera por la que te puedan multar. Es un viejo camino que se asfaltó en su día para que los devoradores de oil pudieran circular sin que se ensuciaran sus ruedas. Vallada de antiguas paredes de piedra que aíslan las fincas de almendros de la carretera, el caminar por ella o circular con bici, se hace a veces peligroso.

Todas la mañanas, pero todas, cuando salgo para Palma me encuentro con este caminante entrado en años, con una forma de andar muy ligera y saltarina. El hombre va recogiendo hierba de las orillas para luego dar de comer a un caballo que permanece siempre encerrado en una pequeña parcela. Lo acaricia y luego se marcha a toda velocidad. Nos saludamos desde el primer día. Yo levanto la mano y el también.

Cuando subo a comer a medio día se repite la historia, se repite el lugar y se repite el ritual de saludos, y siempre el mismo pensamiento durante hace más de cinco años, ¿quién será este hombre?. No me atrevo a preguntárselo para no estropear esta misteriosa historia.

Prefiero imaginar…

Foto: domibrez Música: Las Grecas – Solitario

Maldito Día Mundial de la Bici

19

04 2012

Me levanto, me ducho cantando y desayuno leyendo el periódico, placer sencillo donde los haya. Es lo bueno de ir a trabajar en bici, no hay atascos, no tienes que parar a echar gasolina, no tienes que buscar sitio para aparcar cuatro metros por dos de hierro y sobretodo… las prisas no existen.

Todo perfecto hasta que fui a coger mi «Pastora» para ir al trabajo como cada mañana (maldita Primitiva). Me pongo los guantes de rejilla de algodón negro con huecos en los nudillos y palma de piel… piel, me pongo las gafas anti no se cuantas cosas y rayos UVA, y me posiciono la gorra en la parte alta de la cabeza. Pero no, ella hoy no quería, no quería y no quería. Tiraba «patrás» como una burra tacaña a la vez que me miraba con ese ojito de led cromado que se agrandaba cual lindo gatito.

Mi desesperación fue en aumento y su tozudez más. No me lo podía creer, ella que disfrutaba con las mañanas de brisas de «embat». Ella que paraba a olisquear las rojas amapolas y los amarillos dientes de león. Ella que bajaba por Blanquerna haciendo sonar las baldosas sueltas. Ella, que descansaba en el Paseo de Mallorca atada a su farola preferida. No me lo podía creer, hoy no quería bajar.

Maldito Día Mundial de la Bici, hasta mi bici se ha cogido el día libre.

Foto:  domibrez Música:  Glenn Miller – In The Mood

La bicicleta de Warp*

03

12 2010

*Transcribo literalmente el relato de infancia de un lector de este blog (Warp).

Mi primera bici fue una GAC.

Era una bicicleta infantil con las agarraderas de goma de mala calidad que se deshacían bajo mi sudor, pintada de blanco con el escudo de la marca, el guardabarros cromado plagado de pecas de óxido, la cadena tan sucia por el barro como por la grasa, sillín de plástico incómodo y pedales feísimos. Como todas las de la época no le faltaba su dinamo y su bombilla de 12 voltios. Incómoda de manejar, dura de conducir y con ruedas que más parecían de carro.

Encima, nos la repartíamos entre tres hermanos, aunque mi principal rival era mi hermano mayor -a mi hermana no le interesaba demasiado-. A pesar de la envidia que tenía a todos los niños por tener una BH mientras que yo tenía una GAC (nadie en mi ciudad tenía una GAC), cuando la conseguía se convirtió en mi compañera de exploración en el barrio periférico de Inca donde vivía. Visitaba los alrededores de fábricas de calzado, el cementerio, los campos llenos de almendros y de misterios -sobre todo cuando, al caer la noche, se convertían en refugio de fantasmas escapados del camposanto y otros seres de naturaleza oscura-.

Con ella me rompí pantalones y jerseys, logré desollarme rodillas, dedos y codos, llegué hasta el más lejano confín de la ciudad -incluyendo el Más Allá: Lloseta, rompiendo la prohibición materna de salir a la carretera- y me enfrenté a pandillas de niños pendencieros, normalmente por el expeditivo método de pedalear más deprisa que ellos.

Ella era mi Enterprise y yo un Spock de barrio repleto de curiosidad por todo lo que me rodeaba. Podía pasarme horas pedaleando, sacando hasta el último aliento de mis pequeños músculos explorando aquella galaxia urbana. Volvía a casa agotado, donde devoraba los bocadillos de sobrasada y la leche con galletas (Quely, por supuesto) con avidez.

Aquella bici de segunda mano, que tantas veces llevé a reparar pinchazos en aquel taller enorme, oscuro y maloliente de caucho y grasa para cadenas, no sobrevivió a los embates de tres chiquillos descerebrados. En algún momento de mi, por aquel entonces, futuro, perdí el interés por explorar la ciudad, que empequeñecía a medida que me hacía mayor. Hoy los campos de almendros están cubiertos por naves industriales, las fábricas cerradas y demolidas, el cementerio ha perdido su terror y los alienígenas que me hostigaban hace tiempo que han desaparecido.

Su destino es más oscuro. Si la hubieras visto abandonada sería seguramente en un vertedero y ni la habrías mirado: no habría nada que salvar, un pecio infantil hundido en lo más profundo del pasado, repleta de óxido y desconchones en su pintura, los radios doblados y la cadena seca y salida de sus engranajes. Esa nave cruzó la galaxia mil veces y sucumbió a la peor arma de destrucción masiva: el tiempo. Es un recuerdo imborrable y ya que no se la puede rescatar en una de tus magistrales creaciones, bien está que la rescate en tu blog con un poco de literatura.

Foto: domibrez / Música: Arcade Fire / No Cars Go

La serenidad del silencio

23

04 2010

Acabo de ver «La bicicleta» del director valenciano Sigfrid Monleón (en la 2, sin publi). Es una película bastante simple, incluso podría decir que torpe, pero está llena de sensaciones. Quiere mostrar una nueva forma de ver la vida y paradójicamente, también, un retorno a la vida que dejaste olvidada en tu juventud. La amistad se compone y se descompone en unos instantes y se mantiene intacta en una eternitud. Es la bicicleta, como vehículo alternativo, la que se hace protagonista del film, mostrando en algunos momentos la gran semejanza que adquiere a su propietario. Siempre se ha dicho que el perro se parece a su dueño, pienso que en el caso de la bicicleta, es el dueño el que se parece a ella. Este mimetismo, viene a establecer la unión a una simple máquina, que hace que en alguna situación, roce lo absurdo. Aun así, las sensaciones que aporta, son tan enormes que me parecen difíciles de relatar en estas parcas líneas.

Ya os he contado, en otro blog, la angustia tan desagradable que procesas cuando te roban la bici. No es lo mismo que te quiten un móvil con todos tus números, no es lo mismo que te quiten la cartera con todos tus documentos, la bici es como algo que se alarga de tu cuerpo… y duele, duele mucho.

No es de angustia lo que al final trato de escribir, sino de serenidad. Esa que tienes cuando montas en la máquina y la llamas por su nombre. Esa que disfrutas los días de lluvia y no te importa mojarte. La serenidad del silencio, roto sólo por tu respiración.

Foto: domibrez / Música: Jhon Mayall (Country Road)