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La floración de las mariposas

25

01 2012

Vuelan y vuelan y vuelven a volar. Mariposas y más mariposas se acercan y llenan el espacio de silencios. Cada día hay más mariposas en tu calle, en la mía y en la de otros. Son noctámbulas y fijas (fixies); son diurnas y simples (singles) o son laborables y marchosas (pues eso). Todas se alteran cuando un coche pasa y levantan con miedo el vuelo para posarse unos metros más allá.

Cuando las hojas caídas de los caducos árboles son barridas por el viento de la calle y dan paso a los nuevos brotes pre primaverales, las mariposas salen de sus capullos de seda para alegrar el triste invierno.

Este año hay nuevos peligros y nuevos predadores al acecho. Los alérgicos a estos lepidópteros han creado insecticidas muy peligrosos que se utilizan ante su presencia no deseada. Es difícil cuantificar cuantas caen, pero lo que si es cierto, es que cada día surgen más y puedo asegurar que no es una plaga. Las mariposas son importantes insectos polinizadores, prestando un servicio crucial a las plantas en muchos ecosistemas. Podemos aprender un poco más acerca de cómo utilizan su capacidad de orientación para sobrevivir en entornos cada vez más fragmentados por áreas urbanas.

Hay otro estudio que dice que el batir de alas de una mariposa puede crear un huracán en el otro lado del mundo… (pues eso).

Foto:  domibrez Música:  Stevie Wonder – The First Garden

Adiós a mi senda roja

22

08 2011

Eran las cinco de la tarde cuando hacía la calor y la gomas de mi bici se deslizaban por el líquido asfalto de la calle. Fue al tomar aquella curva cuando me di cuenta que el asfalto rojo, que me protegía de las bestias del averno, había desaparecido. Paré en seco y observé aquella desolación, aquel vacío ocupado por un sendero raspado por algún ser de fauces terribles.

Sabía que éste era peligroso, que ese peligro venía de gente con prisas y en algún caso furiosa, pero nunca pude imaginar que todo aquello hubiera desaparecido como por obra y magia de Harry Potter. Mi camino por el bosque encantado había desaparecido y su lugar lo ocupaban tremendas máquinas hambrientas de espacio, de oxígeno, de prisas, de ruido, de humos (malos), de espacio (creo que ya lo dije).

Ahora el sendero se adentra por el bosque oscuro, donde las bestias acechan por la izquierda y por la derecha. En algunos momentos te atacan por la espalda llegando a rozar la rueda de mi bici con sus frentes. Por esta nueva senda tienes que esperar un minuto aquí, otro más allá y otros más acullá a que los abnegados repartidores de cosas descarguen sus mercancías dejando sus monstruosas monturas en medio de la senda. A señores/as que hacen sonar sus bocinas cuando quieren que te apartes porque su tiempo es mucho más valioso que el tuyo. A aquellos que piensan que entorpeces el tránsito y no se dan cuenta que yo también soy tránsito.

A pesar de todo, doy las gracias a todas esas personas que piensan en nosotros. Esas personas que alegremente sacan sus bicicletas enfundados en sus «chandals» de domingo y que luego deciden por donde hemos de ir los que a diario nos desplazamos en nuestras bicicletas para ir a trabajar. Gracias por hacernos un mundo más infeliz.

Foto: domibrez / Modelo: Mariluz. Música: Stevie Wonder – Send One Your Love

Las gallinas que cuidaban de su bici

21

07 2011

La bici de Sara estaba apoyada junto al viejo gallinero y las gallinas subidas en su manillar. Llevaba una vida distinta al resto de sus hermanas alquiladas. Élla, que había sufrido un accidente dejándola sin rueda delantera, se sentía orgullosa de sus ocupantes que picoteaban su sillín.

Fue una mañana de primavera cuando la conocí. Su dueña tuvo que arreglar aquel antiguo gallinero y la maltrecha bici no entraba en los planes decorativos de la nueva estancia. Triste, estas historias siempre son tristes, se quedó apartada en un sombrío lugar de aquel hermoso patio. Allí permaneció durante un largo invierno a la intemperie. Os podéis imaginar como estaba la primera vez que la vi. Óxido, excrementos de gallinácea, sin cubiertas, sin sillín y toda ella boca abajo haciendo que su aspecto fuera desolador.

Cuando llegó al taller se la presenté a una orgullosa Colnago recién acabada y que esperaba a su dueño. También andaba por allí una holandesa de ruedas blancas y desde hacía poco, estrella de la televisión. Se formó un corro y todas la observaban hasta que una poderosa fixie se adelantó y, alzando la voz en tono complaciente, le preguntó de que familia era. «La Figa», que así se llamaba, le contestó diciendo que no lo sabía, que nunca había visto a sus padres ni la marca que ellos le pusieron. Pronto salieron de dudas, aquella andrajosa bici, después de una buena lavada y lijada, dejó ver su pedigree. Era, ni más ni menos, que una «Bianchi», de la más alta aristocracia italiana.

Hoy comparte casa, ruta y vida con Sara, su nueva compañera.

Foto: domibrez / Música: Dionne Warwick – Raindrops Keep Falling On My Head

El mundo se ve más de cerca cuando pinchas

27

05 2011

Deprisa, deprisa que tengo prisa. No puedo hablar contigo que tengo prisa, luego te llamo. Llámame y hablamos. Perdona que te corte, es que… Hoy no puedo pero la próxima semana nos vemos.

Se me ocurren un montón de frases de «quedar bien» ante el supuesto estrés que nos creamos. Vamos por la vida barriendo y limpiando sin ver el suelo que barremos ni lo que hay detrás de los cristales que limpiamos. Creemos que todo sucede así porque así ha de ser. Una persona que habita en el amazonas, dedica cinco horas a la semana para cubrir su necesidades básicas, ¿cuántas necesitamos nosotros… al día?.

La otra tarde, cuando iba para casa después de salir del periódico, pinché la rueda trasera de mi bici y me pilló sin el kit anti-todo que siempre llevo encima (ley de Murphy). No me quedó más remedio que echar pie a tierra y continuar caminando hasta mi casa. Paso todos los días por el mismo lugar y pienso la de sensaciones que se pierden cuando vas en coche porque no sientes el aire, los olores, los sonidos… Fue entonces, gracias al pinchazo, cuando empecé a observar muchísimos más detalles en mi camino. El paisaje se hizo más lento, el viento no me golpeaba la cara y sobre todo, pude parar a contemplar pequeñas cosas que desde la bici se me hacen invisibles.

Ralenticé más aún mi vida por unos instantes, saludé a las personas con las que me cruzaba (una sensación extrañísima) y ellos me devolvían el saludo… Me senté en un banco en la pasarela de Son Espases y lo que era un lugar rodeado de coches y prisas, se convirtió en un atardecer mediterráneo, y todos sabemos que es eso.

Gracias, bici, hasta cuando pinchas me haces feliz.

Foto: Clara Brezmes / Música: Oscar Peterson – Somewhere

El lobo acecha a la Pastora

23

05 2011

Una mañana de mayo de un día cualquiera, bajé por última vez con mi bici «laboral». Había una luz especial, el aire estaba quieto como un gato a punto de saltar sobre su presa. El camino despejado por una vez de viandantes, todo-terrenos y repartidores que están trabajando (los demás estamos de ocioso paseo). Nada hacía presagiar que esa mañana tan generosa iba a repetirse la desagradable experiencia del robo de mi querida bici.

Seguro que podéis pensar que soy un desastre, si podéis, pero os aseguro que había puesto todo el interés en que no volvieran a robar, por segunda vez, mi maravillosa máquina. Está claro que las técnicas avanzan en paralelo y lograron reventar la «pitón» del la bici delante de la puerta del periódico a media mañana y cuando la brisa aun no había aflorado. En fin, la experiencia es un grado y el disgusto ha sido algo más pequeño (si cabe).

Como yonki buscando su jeringuilla, rápidamente empecé a fabricar otra bici «laboral». La Razesa, que había comprado hacía escasamente una semana, me servía para tal propósito. Era una talla 60, un tamaño difícil de encontrar y a partir del cual me puse a trabajar. Quito ruedas, cubiertas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables y la dejo completamente desnuda. Pulo, limpio y doy esplendor con una pintura negra con escogidos toques de cobre en alguna de sus partes. Pongo cubiertas, luego las ruedas, manillar, puños, tija, sillín, manetas, cadena y cables.

Todo está dicho y hecho, levanto la sábana y ¡alejop!, aparece mi nueva compañera de trabajo. LA PASTORA.

Foto: domibrez / Música: Pops Staples – Down In Mississippi

La confusión de Confucio

10

05 2011

Érase una vez, una bella dama que peinaba sus negros cabellos al borde de un hermoso estanque de nenúfares, y un príncipe la besó y la quiso para siempre… Y bueno, eso es todo lo que puedo citar del cuento, el resto es pura paja y relleno innecesario.

Puede que suene a cuento chino, pero la realidad es que voy a hablar de la china, CHU LI NA, que así se llama. Es una bicicleta importada de la China mandarina y de una calidad más que mala. El óxido le salía hasta de las cubiertas y su peso desmesurado le daba una aspecto de tanque sin balas. La desnudé poco a poco y fue saliendo la parte más erótica y especial de la bici, la doble barra. Yo creo que ella notó que se iba sintiendo mejor sin tanta chatarra y fue dejándome ver, cada vez más, sus verdaderos sentimientos. Al final, todo su encanto quedó al descubierto y se entregó a mí.

Como todo cuento que se precie, intenté que éste tuviera un final feliz. Le atusé sus negros cabellos con un corte que dejaba ver su hermosa frente y le regalé un delicado kimono marfil con cinturón negro. Y como dijo el gran Confucio*, «Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla

*Confucio fue un chinojaponés que inventó la confusión. Por si alguno no lo sabía.

Foto: domibrez / Música: Chinese Man – Get Up

¡Necesito una bici ya!

28

02 2011

Tengo la sana sensación de estar viviendo el comienzo de una nueva era. Tengo la sensación de estar viviendo la era de la anticrisis. Es necesario un buen leñazo como este, para que nos demos cuenta del despilfarro energético al que estamos sometiendo a este planeta. Nos hemos creado la sensación de que todo es gratis; la luz de las farolas, el alcantarillado, el riego de jardines, el asfalto, las calles que sólo sirven para aparcar nuestros coches, las ridículas aceras, las autovías para unos y desdobles para otros, por el módico precio de 157 millones de euros… Todo eso lo pagamos muy caro, y no sólo nosotros, sino también la pobre gente que aguanta a esos canallas de dictadores que se enriquecen con el petróleo que les compramos.

Últimamente me están llegando cada vez más correos a mi facebook (domibrez cletas) pidiéndome bicis sencillas para transitar por la ciudad. Unos porque están en paro y no pueden soportar el gasto elevado de un pequeño coche y otros porque están verdaderamente hartos de vivir atrapados entre chapa y cristal. Y ya somos algunos los recicladores de bicis muertas y en estado de descomposición, Raul y Cora Torres son unos expertos. Un trabajo muy agradecido ya que devuelves a la vida un objeto, que para muchos de nosotros, tiene alma. Cuando montas en una de estas bicis y te adaptas a ella, es muy difícil que vuelvas a coger el coche para los desplazamientos en la ciudad.

Os recomiendo desde aquí que recuperéis todas esas almas que tenéis en algún rincón de vuestra casa y os olvidéis de buscar sitio para aparcar. ¡Necesitáis una bici ya!

Foto: domibrez / Música: Calle 13 – Muerte En Hawaii

Gastronomía sincera

21

02 2011

La necesidad hace depurar la mente, el cuerpo y el alma. Últimamente intento dar más placer a todo ello. Cuando salgo por la mañana con la bici y pienso en lo sencillo que es moverse con ella y lo poco exigente que es, tanto en lo físico como en lo económico, me contagio de la necesidad de prescindir cada día de algo. Esto es una corriente que se está empezando a notar en las ciudades «modernas», simplificar nuestras vidas guardando el esfuerzo para quehaceres más interesantes.

Ella me contagia la riqueza de mil sensaciones. Retomo el contacto con el aire y el sol. La ciudad se me hace más pequeña y las distancias, diferentes a las de un coche, se encogen. Hoy no comeré en casa, hoy comeré en un bar de barrio al que puedo llegar sin ningún problema en bici. Firma como «gastronomía sincera», y creo que es sincera de verdad. El lugar se llama Reset, y está en frente de la Cruz Roja. Resulta que me contagia con la sencillez de los productos y lo sofisticado de sus sabores, algo muy difícil de conjugar. Quizás hoy me pida una ensalada de atún, cebolla frita, picadillo de pepinillo y crema ligera. Un salmón salteado con risoto de cítricos y cava, y para postre una crema catalana con café en distintas texturas que mi amigo Abraham Calero me recomendó el último día. Y no necesito tener un Mercedes para pagar semejante menú, el precio final es el mismo de cualquier bar de barrio.

En el Mercedes, lo importante es el coche. En la bici, la persona. La cuestión reside en la prioridad. «El amor es un pensamiento» (Pessoa)

Foto: domibrez / Música: The Last Dandies

La bicicleta de Warp*

03

12 2010

*Transcribo literalmente el relato de infancia de un lector de este blog (Warp).

Mi primera bici fue una GAC.

Era una bicicleta infantil con las agarraderas de goma de mala calidad que se deshacían bajo mi sudor, pintada de blanco con el escudo de la marca, el guardabarros cromado plagado de pecas de óxido, la cadena tan sucia por el barro como por la grasa, sillín de plástico incómodo y pedales feísimos. Como todas las de la época no le faltaba su dinamo y su bombilla de 12 voltios. Incómoda de manejar, dura de conducir y con ruedas que más parecían de carro.

Encima, nos la repartíamos entre tres hermanos, aunque mi principal rival era mi hermano mayor -a mi hermana no le interesaba demasiado-. A pesar de la envidia que tenía a todos los niños por tener una BH mientras que yo tenía una GAC (nadie en mi ciudad tenía una GAC), cuando la conseguía se convirtió en mi compañera de exploración en el barrio periférico de Inca donde vivía. Visitaba los alrededores de fábricas de calzado, el cementerio, los campos llenos de almendros y de misterios -sobre todo cuando, al caer la noche, se convertían en refugio de fantasmas escapados del camposanto y otros seres de naturaleza oscura-.

Con ella me rompí pantalones y jerseys, logré desollarme rodillas, dedos y codos, llegué hasta el más lejano confín de la ciudad -incluyendo el Más Allá: Lloseta, rompiendo la prohibición materna de salir a la carretera- y me enfrenté a pandillas de niños pendencieros, normalmente por el expeditivo método de pedalear más deprisa que ellos.

Ella era mi Enterprise y yo un Spock de barrio repleto de curiosidad por todo lo que me rodeaba. Podía pasarme horas pedaleando, sacando hasta el último aliento de mis pequeños músculos explorando aquella galaxia urbana. Volvía a casa agotado, donde devoraba los bocadillos de sobrasada y la leche con galletas (Quely, por supuesto) con avidez.

Aquella bici de segunda mano, que tantas veces llevé a reparar pinchazos en aquel taller enorme, oscuro y maloliente de caucho y grasa para cadenas, no sobrevivió a los embates de tres chiquillos descerebrados. En algún momento de mi, por aquel entonces, futuro, perdí el interés por explorar la ciudad, que empequeñecía a medida que me hacía mayor. Hoy los campos de almendros están cubiertos por naves industriales, las fábricas cerradas y demolidas, el cementerio ha perdido su terror y los alienígenas que me hostigaban hace tiempo que han desaparecido.

Su destino es más oscuro. Si la hubieras visto abandonada sería seguramente en un vertedero y ni la habrías mirado: no habría nada que salvar, un pecio infantil hundido en lo más profundo del pasado, repleta de óxido y desconchones en su pintura, los radios doblados y la cadena seca y salida de sus engranajes. Esa nave cruzó la galaxia mil veces y sucumbió a la peor arma de destrucción masiva: el tiempo. Es un recuerdo imborrable y ya que no se la puede rescatar en una de tus magistrales creaciones, bien está que la rescate en tu blog con un poco de literatura.

Foto: domibrez / Música: Arcade Fire / No Cars Go

La carbonera

24

11 2010

Ella fue a nacer en una fría sala fabril, cuando vio la luz su color se quebró como el cristal…

La pobre se equivocó de lugar y de época. No nació con los albores de la mañana ni con el calor del llar. De pequeña estuvo embalada en un frío almacén junto a piezas y despieces de sus congéneres menos afortunados. Un día lluvioso y frío, como no, de diciembre alguien la adoptó y la llevó a su casa. La esperaban muchas manos y muchas piernas, la golpearon, tiraron y ensuciaron hasta el más recóndito tornillo. Pronto pasó la tempestad y sus fríos hierros acabaron en una pequeña estancia llena de carbón donde subía y bajaba del suelo dependiendo de las estaciones. Sus ruedas se quebraron, su manillar se deformó y de su impoluto color blanco, no digamos nada.

¡¡¡El chatarreeeerooo!!! se escuchó a lo lejos y aquellas manos y piernas pensaron en hacer un poco de sitio en la pequeña sala para poner una moderna calefacción a gasóleo. Y acabo amontonada al lado de coches viejos, lavadoras que ya no lavaban, y frío, mucho frío.

Pero el invierno no es eterno y llegó la primavera, el verano, los colores del otoño y decidió cambiar. Ahora de lo único que se acuerda es de su amigo el carbón que le arrullaba en aquellos días fríos.

Foto: domibrez / Música: Adolfo Abalos – Me Dicen La Carbonera

Escaparate de PASATIEMPOS -Quint-