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Adiós a mi senda roja

22

08 2011

Eran las cinco de la tarde cuando hacía la calor y la gomas de mi bici se deslizaban por el líquido asfalto de la calle. Fue al tomar aquella curva cuando me di cuenta que el asfalto rojo, que me protegía de las bestias del averno, había desaparecido. Paré en seco y observé aquella desolación, aquel vacío ocupado por un sendero raspado por algún ser de fauces terribles.

Sabía que éste era peligroso, que ese peligro venía de gente con prisas y en algún caso furiosa, pero nunca pude imaginar que todo aquello hubiera desaparecido como por obra y magia de Harry Potter. Mi camino por el bosque encantado había desaparecido y su lugar lo ocupaban tremendas máquinas hambrientas de espacio, de oxígeno, de prisas, de ruido, de humos (malos), de espacio (creo que ya lo dije).

Ahora el sendero se adentra por el bosque oscuro, donde las bestias acechan por la izquierda y por la derecha. En algunos momentos te atacan por la espalda llegando a rozar la rueda de mi bici con sus frentes. Por esta nueva senda tienes que esperar un minuto aquí, otro más allá y otros más acullá a que los abnegados repartidores de cosas descarguen sus mercancías dejando sus monstruosas monturas en medio de la senda. A señores/as que hacen sonar sus bocinas cuando quieren que te apartes porque su tiempo es mucho más valioso que el tuyo. A aquellos que piensan que entorpeces el tránsito y no se dan cuenta que yo también soy tránsito.

A pesar de todo, doy las gracias a todas esas personas que piensan en nosotros. Esas personas que alegremente sacan sus bicicletas enfundados en sus “chandals” de domingo y que luego deciden por donde hemos de ir los que a diario nos desplazamos en nuestras bicicletas para ir a trabajar. Gracias por hacernos un mundo más infeliz.

Foto: domibrez / Modelo: Mariluz. Música: Stevie Wonder – Send One Your Love

La Ruta de las Avenidas

11

07 2010

He descubierto un mundo de aventuras sin salir de la isla y gratis. No es la Ruta Quetzal ni Port Aventura, es la auténtica maravilla del Carril Bici de las Avenidas.

Es quizás la ruta más concurrida de la ciudad, sin contar con el ya ridículo carril bici que pasa por delante del antiguo edificio de Emaya.  Esta ruta tiene todo lo que se necesita para ser una gran aventura: subidas, bajadas, curvas a la izquierda, a la derecha, tiene pasos por las aceras, por la calzada, por detrás de las paradas del autobús… Quizás estas últimas son las zonas más peligrosas y arriesgadas por sus bruscas frenadas y eslálones al encontrarte con pobres aborígenes que salen del bus tranquilos y confiados. Otra atracción más que emocionante es aquella en la que salen máquinas enfurecidas del gran río hacia las calles interiores, es una sensación sin parangón el como te embisten sin alevosía ni nocturnidad. Algunas de estas grandes máquinas de hierro, que echan humos por sus culos, se sitúan en el medio del carril con un letrero luminoso e inocente que predica “es un minuto”, son muy peligrosas, ya que hacen que te incorpores a la gran corriente de maquinas devoradoras de fuel y te pueden arrastrar en sus remolinos.

No olvidemos las zonas de descanso/reposo/desesperación señalizadas por semáforos eternos que si los miras atentamente, creo que hasta sonríen ligeramente con una muesca socarrona. Pero lo que os recomiendo es probar a montar en bici  a la vez que esos cagaprisas, que siempre intentan pasarte en los lugares más peligrosos, demostrando de esta manera su virilidad.

Bueno, no sé si os gustará esta aventura, pero de alguna manera hay que pasar este verano de crisis y no-gasto. Para los menos aventajados/as os recomiendo usar casco, rodilleras, muñequeras, hombreras y más cosas terminadas en “eras”.

Foto: domibrez / Música: Harry Connick, Jr. – Blue Light, Red Light (Someone’s There)

Me creía en Marte!

02

03 2010

De repente tengo la sensación de haber estado viviendo en un mundo paralelo. Desde el día que comencé el blog, voy conociendo ciudadanos que llevan el mismo tiempo o más que yo usando la bici como medio de transporte. Antes bajaba yo sólo de mi pueblo (Son Sardina) y quizás me encontraba con algún esforzado estudiante de la UIB. Llegaba al carril bici de las Avenidas y realmente pensaba que era yo, también, de el que todos los medios de comunicación hablaban. Me creía en Marte.

Y desde aquel día (el del blog…) resulta que somos muchos/as los que bajamos y subimos a la vez, disfrutamos del almendro que me saluda por la derecha, calentamos piernas en la pasarela y entramos en Blanquerna. Me gusta la sensación de no sentirme bicho o cosa.

Por el gran criticado y peligroso carril de las Avenidas, cada vez más lleno, pasé el miércoles sobre las 20 h. Me crucé con unas veinte ciudadanos en bici en el tramo de los juzgados, eso equivale a 20 coches menos, osease 80 y pico metros de atasco contaminante de salida de trabajo. Es cuando realmente te das cuenta que mi “esfuerzo” y el de otros muchos, incluyendo a políticos honrados, tiene recompensa. Me recoloco en el sillín y continuo el camino a casa. En unos 25 minutos, regreso del espacio interestelar y atravieso esos mundos paralelos de los que no pensaba regresar.