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La confusión de Confucio

Érase una vez, una bella dama que peinaba sus negros cabellos al borde de un hermoso estanque de nenúfares, y un príncipe la besó y la quiso para siempre… Y bueno, eso es todo lo que puedo citar del cuento, el resto es pura paja y relleno innecesario.

Puede que suene a cuento chino, pero la realidad es que voy a hablar de la china, CHU LI NA, que así se llama. Es una bicicleta importada de la China mandarina y de una calidad más que mala. El óxido le salía hasta de las cubiertas y su peso desmesurado le daba una aspecto de tanque sin balas. La desnudé poco a poco y fue saliendo la parte más erótica y especial de la bici, la doble barra. Yo creo que ella notó que se iba sintiendo mejor sin tanta chatarra y fue dejándome ver, cada vez más, sus verdaderos sentimientos. Al final, todo su encanto quedó al descubierto y se entregó a mí.

Como todo cuento que se precie, intenté que éste tuviera un final feliz. Le atusé sus negros cabellos con un corte que dejaba ver su hermosa frente y le regalé un delicado kimono marfil con cinturón negro. Y como dijo el gran Confucio*, “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.”

*Confucio fue un chinojaponés que inventó la confusión. Por si alguno no lo sabía.

Foto: domibrez / Música: Chinese Man – Get Up

10

05 2011

La indecisa

Érase una vez un bicicleta abandonada en un cuarto muy oscuro, tan oscuro que solo podía entrar allí el “hombre negro”. Fue una mañana, de mañana, cuando paseando con mi bici cerca de la casa del cuarto oscuro, aquel “hombre negro” sacó a la luz aquella bicicleta en estado deplorable de suciedad y podredumbre. Me acerqué a él y pregunté lo que iba a hacer con ella, sin más miramientos y en frío, me sugirió un precio y después de un pequeño regateo de tuya/mía y no me creo nada, me hice con aquella desventurada.

Me pasé horas mirándola, no había por donde meterla mano. Me arrepentí varias veces de haberla comprado, pero tenía algo que me llamaba la atención. En origen era de color dorado y alguien la puso boca arriba y la pinto de rojo con sus brochazos y chorretones. Decidí entonces borrarle toda huella de sus antiguos amos y la desnudé completamente hasta llegar al puro hierro. Fue entonces cuando… seguía sin saber que hacer con ella.

Pasó el tiempo y recibí una llamada de Andrés, un músico que llevaba tiempo pensando en que le hiciera una bici, pero no sabía aún como la quería. Andrés me enseñó fotos y más fotos de lo que no tenía claro hacer, dudaba entre el verde o el dorado, entre el marrón o el rojo. Tampoco tenía clara la mecánica de la bici, con frenos o  con freno contrapedal y un solo freno delantero, o no. El sillín podía ser de cuero marrón o tono miel hecho a mano o sin mano…

Estaba claro que aquella bici, “La Indecisa”, había encontrado a su verdadero dueño. La compenetración fue instantánea, se miraron y se amaron… o no.

Fotos: Andrés Ballinas / Música: R.I.O – Shine on(Radio Mix)

09

11 2010