Archivos en ‘León’.

Concierto en el puticlub

“Renovarse o morir”, podría haber puesto de título. Vuelvo a escribir desde León, y no estoy de vacaciones, lo juro. Los ratos que tengo libres los dedico a pasear por calles angostas y antiguas. Calles llenas de leyendas, historias y bares sobre todo bares, y claro, es que te tientan a entrar y salir y volver a entrar.

En uno de estos bares me encuentro al fotógrafo Pablo García /www.pabloga.com/, aspirante a “Genarín”, un personaje leonés que otro día dedicaré un ratín. Según vamos recorriendo bares, se nos van añadiendo más parroquianos, así hasta dar con las doce de la noche, donde me proponen algo alucinante. -“Vamos a un concierto de unos japoneses que hacen música garaje en un puticlub”… El lugar está más allá del Arco de la Cárcel y como ya es costumbre por estos lares, fuimos en nuestros vehículos anti-control de alcoholemia, en bici.

Es la primera vez que entro en un lugar semejante aunque siempre, es verdad, fantaseé con él. El local olía a humedad, la moqueta azul oscuro, una barra de bombero que bajaba de no sé donde y los ochenteros “puf” hicieron que sintiera que entraba en otros tiempos. El personal que allí estaba era de lo más variopinto y singular: jóvenes, viejos, chicas, señoras, jevis, roqueros y… nosotros. Comienza el concierto y aquello se peta hasta la bandera, o la barra. El sonido es tremendo y los “japos” descerrajan las cuerdas de sus guitarras casi a la altura del suelo. Unas dos horas después el concierto se finiquita y lugar se transforma en lo que realmente es, un prostíbulo, que ha tenido que adaptarse de una forma muy creativa a estos tiempos de crisis, que con el fin de la construcción, ya se sabe…

Posdata. Cuando acabó el concierto, nos fuimos para casa.

Foto: domibrez / Música: Noches de Toisón / Los Cardiacos

07

10 2010

Mecachis San Fermín

Era por allá, en la época de las castañas de la Mari, cuando acontecieron los tontos hechos que me dispongo a narrar.

Dos colegas y un servidor organizamos la turné ciclo-turista de aquel verano (siglo pasado). Nuestra idea era irnos a Francia después de doparnos lo suficiente en los sanfermines pamplonicas, para ello cogeríamos un tren desde León a Iruña y desde allí nos iríamos en bici hacia los Pirineos francófonos. Estuvimos todo el invierno preparando la ruta o posibles rutas alternativas para sortear, o suavizar, de alguna manera las tremendas rampas pirenaicas. Nuestras piernas estaban preparadas después de jugarnos toda la temporada de rugby de la segunda división nacional. Todo hacía presagiar una potente aventura bicicletera de verdes senderos y noches estrelladas.

Llegó el día en el que salimos de la estación de León dirección a Pamplona y en unas cuantas incomodas horas (los trenes no eran lo que son ahora), llegamos a Iruña. Eran las tres de la tarde, cuando hace la calor, y nuestros estómagos estaban a punto de desprenderse del cuerpo y echar a correr. Montamos en las bicis y nos fuimos hacia el centro por la Bajada de la Estación y Paseo de Sarasate con la idea de llegar hasta la Plaza del Castillo. Al pasar por una de esas callejuelas, creo que era la calle de Lindachiquia, nos detuvimos en un bareto (de cuyo nombre no quiero acordarme), apoyamos nuestras cargadas bicis, una al lado de la otra, en la fachada del bar para preguntar por el menú, su precio y de paso ir al excusado los tres a la vez (listos que eramos)… Bueno la historia es fácil de terminar, al salir sólo quedaba mi bici, los ladrones tuvieron que ser dos.

Y allí y en ese momento, sin dinero ni documentos, un cinco de julio acabó toda nuestra aventura de aquel verano del 83. Tren y para casa, invité yo.

Foto: domibrez / Música: Santana – Eternal Caravan Of Reincarnation

06

07 2010

Los lobos del “Filandón”

Mi amigo Pablo Je Je, me llamó para participar, la pasada noche, en un filandón organizado por el ilustre y polifacético camarada Luis Sobarriba, en el C.C.A.N.

El filandón (o fiandón, filorio, hilandorio, hilandera, etc.) es una reunión que se realiza por las noches, desde tiempos inmemoriales, en las tierras de León. Una vez terminada la cena, se cuentan en voz alta cuentos e historias ancestrales. Tal reunión se suele hacer alrededor del hogar (hoy en día es más habitual hacerlo en el bar), con los participantes sentados en escaños o bancadas.

…Y a la luz de la hoguera, viendo las caras de mis compañeros de filandón, comencé la historia que una vez mi agüelo Manuel me contó.

Andaba él en su bicicleta y su vieja perra mastín –la Cuala-, por los caminos de entre San Juan de Torres y Cebrones del Río, una noche de invierno. La nieve le llegaba a la altura del pedal bajo y la senda se le hacía cada vez más pesada. Llegando al puente de hierro, viejo puente ferroviario (Madrid – A Coruña), sintió el peso de una mirada en sus espaldas. Cuanto más avanzaba, la sensación se agrandaba cada vez más. Su ritmo sobre la bicicleta fue aumentando y la resistencia de la nieve también, hasta tal punto que ambas ruedas dejaron de girar. Paró en seco ante lo que ya no se escondía y la silueta de un gran lobo negro, de pecho blanco, bloqueó el camino. No tardó en comprobar que aquel enorme lobo no venía sólo, era una manada de tres individuos con intenciones culinarias. Manuel y la Cuala, corrieron hacia la abandonada caseta del antiguo guarda del paso a nivel, pero una piedra oculta en la nieve hizo que mi agüelo cayera, con tan mala fortuna que su cabeza golpeó una de las vigas del puente, perdiendo el sentido.

Alrededor de una hora, el dolor de cabeza de mi agüelo, al despertar, pasó a ser el de un triste asombro. En el suelo, a su vera, yacía el cuerpo sin vida de su querida mastina, muerta por los lobos. Así de caro pago el animal el defender a su amo. A él, una vez muerta la perra, no le tocaron… nadie sabe por qué.

Este es Pompeyo, tatataranieto de la Cuala

15

03 2010

El frío León

Hace unos días tuve que regresar a mi tierra de fríos inviernos. La tranquilidad palmesana se truncó con un preocupante acontecimiento, aunque este no es el tema.

Hoy quiero rendir homenaje al verdadero frío. Ese que curtió a celtas, astures y a la Legio XII Gémina romana conquistadora de la Galias de la France. Ese frío que esta mañana se me metió, maldita sea, por la espalda y me bajó hasta los pies, pegándose éstos en los pedales de mi vieja bici leonesa.

Al pasar a la vera de la centenaria catedral, un ligerísimo charco, completamente helado, hizo que la rueda delantera se marcara una pirueta con doble tirabuzón, sólo la pericia del que os escribe, hizo que me fuera al suelo. Me levante rápidamente, miré a ambos lados, asegurándome que nadie había presenciado tan tonta caída, me sacudí la manga y un poco el pantalón y monté rápidamente en la bici como si no hubiera pasado nada. Sólo los negros cuervos de la vetusta catedral me seguían con atenta mirada y seguro que con un único pensamiento… ¡qué pringao!. Pero no os riáis, que con un coche no lo hubierais arreglado con un simple limpiado de mangas y un ¡huy, que caída mas tonta!.

Como el camino me llevaba por el Barrio Húmedo, pensé que sería menester hacer una buena parada en el Racimo de Oro, taberna tabernera desde el siglo XVII, de paisanines y buen vino de chato tinto. Esta vez el calor de mi cuerpo no entró en el uso del carril bici sino en el disfrute de un Prieto Picudo y unas buenas sopas de ajo con pimentón que me sirvió el señor Laudelino.

Como os podéis imaginar, el resto del camino, fue un dulce paseo de gélida (-2º) mañana invernal, y la cuesta arriba hasta el hospital se me hizo más que pequeña, si cabe.

Saludos desde las tierras leonesas.

PD. Tengo que ir a Antimio de Arriba.

10

03 2010