Archivos en ‘Historias de aquí’.

El aparcamiento de Àngeles

17

05 2010

Era una verdadera letanía llegar todas las mañanas al centro de Palma y buscar un pequeño lugar para aparcar su pequeño coche. Una rutina que durante años le haría perder mucho de su tiempo. Tiempo y dinero, pues las multas se iban amontonando en la mesa de trabajo de la librería que ella regenta. Librería céntrica, tanto que está en el centro, al centro izquierda de la calle Olmos si subes de las Ramblas. Y allí no se puede aparcar, y si aparcas tienes que pagar y gastarte los dineros que ganas y esto es un sinvivir.

Pero se acabó, se acabó de tanto sufrimiento y sin razón. Un buen día, Àngeles se decidió a cambiar su modus operandi, y siguiendo el incipiente ejemplo de algún colega, aparcó su pequeño coche en un barrio de las afueras oreras de Ciutat. Fue cuando entonces sacó su nueva y reluciente bicicleta plegable, recientemente adquirida en una pequeña tienda de barrio, ante el estupor de los parroquianos del bar de la esquina. Con gran premura y habilidad se dispuso a montarla, se subió en su nueva máquina y salió haciendo alguna que otra pequeña curva primeriza por el carril bici que empalma con el de Blanquerna. La sensación de libertad era tan grande que tuvo que dar un pequeño rodeo por las calles del centro para no llegar tan pronto a Casatomada -espacio Dilettante-.

A partir de este día otra persona más se ha adueñado del carril bici de la ciudad. Ahora hay un sitio más para aparcar, para alguien que aún no se ha decidido a dejarlo. Ahora hay un ruido menos, menos humo y lo más importante de todo… hay una bici más en la ciudad.

Foto: domibrez / Música: Las bicicletas van al cielo / ereqere

El burro, el padre y el hijo

10

05 2010

Se dice que hace muchos años, un padre y su hijo se disponían a recorrer con su burro varios pueblos para vender sus productos. El padre iba montado a lomos del burro mientras su hijo andaba a su vera con las riendas en la mano. Mientras avanzaban por el camino se cruzaron con unos campesinos y al pasar, les oyeron murmurar entre sí:

– Desde luego… este hombre es un explotador y no tiene ninguna consideración por el niño. Él va tan a gusto encima del animal mientras su pobre hijo debe andar kilómetro tras kilómetro.

El padre, al escuchar el comentario le dijo a su hijo que se montara en el burro. Al poco de caminar, se cruzaron con otros campesinos, los cuales al verles pasar dijeron:

– Que falta de respeto… Mira el niño, tan joven y deja que su anciano padre vaya a pie en lugar de cederle el sitio para que descanse.

El padre oyó lo que comentaban de manera que le dijo a su hijo que se montaran los dos en el burro, convencido de que así se acabarían las maledicencias. Pero a los pocos kilómetros se cruzaron con un grupo de mujeres, las cuales les dedicaron una reprobadora mirada y las oyeron susurrar:

– Pobre animal… tiene que cargar con esos dos pesados fardos cuando uno de ellos podría ir a pie sin problemas.

El padre, al escuchar el comentario decidió que tanto él como su hijo se bajaran del animal. Al llegar al pueblo al que se dirigían, algunos habitantes les miraban con una sonrisa. A su paso les oían reir entre dientes mientras se decían:

– ¡Que tontos! Tienen un fuerte animal que les podría llevar fácilmente y en cambio caminan a su lado malgastando sus energías.

Foto: domibrez / Música: Paco Ibañez – La Mala Reputacion – Olympia 1969 (George Brassens)

Mujeres en bici

07

05 2010

Sentado, con mis perros y una caña en la mano, en la terraza del Aguamarina en el Molinar, tuve un momento de lucidez divina y espiritual. Tras unos momentos de observación/visión masculina y casi machista, pude darme cuenta de que el ochenta porciento de los ciclistas paseantes que por allí pasaban eran mujeres, de todos los tipos y condiciones. Y volví a tener otra revelación/cuestión, ¿por qué predomina la mujer en bicicleta sobre el varón varonil? ¿hey?, pues creo que es por la misma razón que una mujer rara vez se compra un super coche con catorce airbags, stop and go, faros de xenon, frenos de disco cerámicos y tracción a las cinco ruedas (la de respuesto también). Porque son sencillas y prácticas, porque dedican sus esfuerzos a cosas más funcionales y menos vanales, como una bicicleta. Nosotros, en cambio, necesitamos que sea grande y con muchos chips y lucecitas, para que luego no podamos ir ningún sitio por miedo a que nos lo roben o nos lo rayen.

A la mujer le importa un rábano que la máquina no sea de última generación. Ellas disfrutan más el monento, el instante, el aire que respiran, aunque seguramente tienen todo lo que les rodea sobradamente controlado (llevan ojos en la espalda, lo he comprobado).

Para ellas las normas son obviedades absurdas que los machotes imponemos. Ellas circulan de una forma más fluida y sensual que nosotros, son más respetuosas y sobre todo, no echan carreras para ver quien llega antes… o la tiene más grande (la bici).

Foto: domibrez. Música: Penélope (Joan Manuel Serrat)

Mi carril bici

05

05 2010

No, no voy a entrar en la polémica que estos días hay con los peatones y el carril bici de Ciutat. Voy a hablar de mi carril bici. Mío, porque lo uso a diario, porque lo respeto y me da un estatus que de otra forma no podría tener. Mi coche no es el más grande, no es el que más corre ni siquiera es el más caro, pero soy de esas personas que se pueden permitir ir al trabajo en bicicleta. No soy un pionero ni un tipo raro que quiere ser diferente y extravagante. Soy un privilegiado porque tengo un trabajo que me permite llegar e irme en bici. Y no, no me he vuelto un pedante ni un chulo, al menos creo que no. Cuando otras personas te comentan que también a ellos les gustaría ir en bici a su trabajo y no pueden porque no les da tiempo o está lejos o tienen que llevar a sus hijos al colegio o etecé, etecé, no puedo más que pensar en todo lo que he hecho para adecuar mi vida hasta llegar a esta situación privilegiada. Para ganar tienes que perder y mucho, para luego volver a ganar, y mucho más. No me importa que existan personas que me miren mal, porque ellas no puedan o no quieran dejar su forma de vida, todo lo contrario; esto hace que mi estatus se eleve. Uno o dos centímetros.

Foto: domibrez / Música: Noches de Toisón (Cardiacos)

Paleto de NY.

30

04 2010

Parece ser que por fin han vuelto las oscuras golondrinas. El anticipo de verano que tenemos, ha logrado despertar de su invernal letargo a las bicicletas de la ciudad. De repente, con el olor de las florecillas y la alegre letanía de los pajarillos, las invernantes máquinas han decidido dejar sus gélidos balcones y lúgubres cocheras para dar paso a la luminosa primavera (la auténtica, no la del Corte Inglés). Ahora que las tardes se hacen largas y los árboles comienzan a ensayar sus proyectos de sombra, es el momento de adecentar las máquinas de los esporádicos usuarios y comprobar en sus propias piernas las bondades del carril bici palmesano.

Por este carril, ayer me acerqué con mi bici, al museu d’art modern i contenporani de palma Es Baluard, allí se inauguraba una exposición de fotografía (?) del genial e idolatrado, al menos por mí, Lou Reed. Yo nunca lo había visto en persona, nunca he asistido a ninguno de sus conciertos, pero flipé en colores con el mayor engreído de todos los tiempos. Menudo (de pequeño) personaje, menudo (de pequeño) fotógrafo, la próxima vez, le va ha esperar su… mánager. Comprendo que puede ser agobiante estar entre tanta gente, pero con sus 68 añazos, debería ser más normal, no anormal, aburrido, prepotente y perdona vidas. Lou estaba aburrido y logró aburrirnos. Desde ahora, Lou, no serás más que un paleto de NY.

En fines, no hay nada que no arregle una caña en el Molinar, al lado del mar, de mi bici, y viendo como los niños, despreocupados porque el hombre del saco ya se ha ido, corretean entre la escollera y el mar.

Foto: domibrez / Música: Perfect day (Lou Reed)

PD. Fran de Bimont ha organizado, para el día 15 de mayo, el primer encuentro BROMPTON en Mallorca. Un recorrido en Brompton por parte del casco antiguo de Palma y la franja marítima…

La serenidad del silencio

23

04 2010

Acabo de ver «La bicicleta» del director valenciano Sigfrid Monleón (en la 2, sin publi). Es una película bastante simple, incluso podría decir que torpe, pero está llena de sensaciones. Quiere mostrar una nueva forma de ver la vida y paradójicamente, también, un retorno a la vida que dejaste olvidada en tu juventud. La amistad se compone y se descompone en unos instantes y se mantiene intacta en una eternitud. Es la bicicleta, como vehículo alternativo, la que se hace protagonista del film, mostrando en algunos momentos la gran semejanza que adquiere a su propietario. Siempre se ha dicho que el perro se parece a su dueño, pienso que en el caso de la bicicleta, es el dueño el que se parece a ella. Este mimetismo, viene a establecer la unión a una simple máquina, que hace que en alguna situación, roce lo absurdo. Aun así, las sensaciones que aporta, son tan enormes que me parecen difíciles de relatar en estas parcas líneas.

Ya os he contado, en otro blog, la angustia tan desagradable que procesas cuando te roban la bici. No es lo mismo que te quiten un móvil con todos tus números, no es lo mismo que te quiten la cartera con todos tus documentos, la bici es como algo que se alarga de tu cuerpo… y duele, duele mucho.

No es de angustia lo que al final trato de escribir, sino de serenidad. Esa que tienes cuando montas en la máquina y la llamas por su nombre. Esa que disfrutas los días de lluvia y no te importa mojarte. La serenidad del silencio, roto sólo por tu respiración.

Foto: domibrez / Música: Jhon Mayall (Country Road)

La bici que robaron

12

04 2010

Hace casi un año me robaron una bici en el periódico. Estaba atada en el Paseo de Mallorca, frente  a la entrada del Palau de la Premsa, y cuando digo atada es candada. Debió de pasar por estos lugares un o una persona (?) de moral distraída y con bastante astucia y mucho morro, me dejó sólo con el cuentakilómetros de la bici, la llave del candado y la cara de pasmado, que continuo teniendo.

Pero mira tu por donde, que ayer, un día maravilloso, me levanto pronto y me voy al rastro de Marratxí a dar una vuelta o dos. Cuando llevo recorrido la mitad de este, me fijo en un pedazo de bici apoyada en una «flagoneta» y descubro con asombro mi antigua compañera de caminos. Nervioso, me pongo a caminar a ningún sitio al estilo Chiquito de la Calzada, hasta que mi mente comienza a funcionar. Llamo a Merche y le digo que busque la denuncia y la factura de la bici, por recomendación de un policía que andaba por allí. Voy corriendo (no pasé de 120) a Son Sardina, cojo los papeles y vuelvo zumbando (sin pasar de 120) al lugar de crimen y… me cagüen mi estampa, que ya no estaba la bici y mira por donde, me vuelvo a quedar con cara de pasmado, que por otro lado, continuo teniendo.

Foto: domibrez. Música de Kapanga, «Robar para vivir»

El guardabarros de mi bici

08

04 2010

Ya tengo ganas de quitar el guardabarros. Ya empiezan a pesar los días de frío, lluvia y viento. La primavera sólo ha llegado al Corte Inglés y el resto de los mortales seguimos con el invierno más desapacible. Cada día subo y bajo cargado con el chubasquero, que lo quito, que me lo pongo, que lo pongo, y que me lo quito. Puede que hoy esté algo triste, es un día de esos que flaqueas y no entiendes que el tiempo se rebele contra ti, o eres tu el que te rebelas contra ti mismo. No, no me estoy poniendo romántico pastoril, el ánimo influye severamente en el físico y este es el que termina moviendo la bici.

El camino es el mismo casi siempre, pero las ganas con que lo tomas, es muy diferente cada día. Los que cogéis la bici para ir al trabajo (o lo que sea) sabéis bien de lo que hablo, un simple bache, en ocasiones se convierte en una zanja de Emaya y una ligera cuesta se convierte, de repente, en un puerto de tercera.

Todas las mañanas miro el tiempo en mi computadora y siempre veo ese solecito amarillo tapado con la puñetera nube. Llego al trabajo y enseguida le pregunto a Àngel, experto winsurfista de pro, el viento que tendré que lidiar al subir a Son Sardina. En fin, tendré que superar este desasosiego pensando que lo que ha de llegar, llegará y por fin los guardabarros de mi bici podrán descansar.

Música de: Siko «A View To A Kill«. Foto: domibrez

La senda roja

01

04 2010

La ciudad está cambiando, las calles se semipeatonizan, las aceras se rebajan, los pasos de cebra ahora son como antiguamente, de peatones (una buena idea para los vehículos de dos ruedas y ahorro de pintura). Pero, ¿qué será esa linda senda roja, por donde el carrito de la compra va como la seda, el cochecito de niñ@ rueda sin sobresaltos, los «todoterreno» encuentran un buen sitio para aparcar mientras van a la tintorería –es un minuto– dicen con cara de no entender tu recriminación?. Pero los reyes de la senda son ellos, esa parejita que de la mano va tiernamente caminado por el hermoso carril y que tú, desde lejos, tocas el timbre intentando molestar lo mínimo y te vas acercando y ves que no se inmutan y vuelves a tocar el timbre (esta vez con más intensidad), y siguen sin enterarse y tienes que parar y pedirles por favor (eso siempre) que te dejen pasar, y no se apartan y pasas por donde puedes y les miras y te miran y… sonríen y son felices y tu te…

Bueno, relax, piensas mientras continuas por la senda roja con rayitas blancas. Tengamos un poco de paciencia, al fin y al cabo es una parejita inofensiva y atolondrada, que sólo hablan de como pagar su palacete particular, con trastero en la Castellana, de 150.000 euros en cincuenta años de trabajo mutuo, sin poder echarse ni un pequeño velódromo encima.

Siempre tendrán la senda roja*.

*Idea original de David Cornejo (ver comentario en «Esto no es Amsterdam«)

!Esto no es Amsterdam!

27

03 2010

Como todo en esta la vida, hay que tener un poco de cabeza. Leo en nuestro períodico el atropello, ocurrido días atrás en el carril bici de las Avenidas, de nuestra compañera Mercé Truyols, con el resultado de una rotura de fémur. Espero sinceramente que se mejore.

Para circular en cualquier ciudad, se necesita tener un gran sentido de la percepción del entorno. No sirve coger un vehículo, sea coche, moto o bicicleta, y lanzarse a las calles como si de una competición se tratase. Puedes decidirte a usar la bici en tus desplazamientos –bien–, pero no hagas lo mismo que con el coche, no tengas prisa, disfruta del silencio de la máquina, no avasalles al resto de los ciudadanos. Montar en bici no da un estatus diferente, no supone que todo el mundo se aparte a tu paso, incluidos el resto de ciclistas. Cuando montas en el autobús, no le dices al conductor que acelere, que tienes prisa, ni que toque el claxon para que la gente se aparte.

Hace unos meses, viajé a la ciudad holandesa de Amsterdam y pude comprobar cual es el modelo que no debemos seguir. Amsterdam se ha convertido en una ciudad invivible e intransitable para el peatón, al que se le desprecia de una manera increíble. La bici puede circular por cualquier lado, aceras, parques, calzadas para vehículos a motor, pero como se te ocurra poner un pie en su carril, no tardarás en sentir el zumbido de 30.000 timbres en tus oí­dos y alguna que otra colleja en la nuca (sí, no es una leyenda urbana).

Por eso, alego una vez más, la diferenciación de los medios de transporte y máximo respeto entre ellos. Cuando cogemos la bici, debemos respetar a los ciudadanos de a pie, que llevan millones de años utilizando este medio de transporte antes que cualquier otro.