Archivo de Diciembre, 2016

La bici impaciente. Otros pensamientos.

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Hace un tiempo reformé la bici del abuelo de Margarita. Una exquisitez de máquina que había caído en una dejadez extrema.

Margarita recupero su bici y recuperó sus pensamientos impacientes, y hoy os pongo uno de ellos.

“El escritorio impaciente” de Margarita Oliver

http://elescritorioimpaciente.blogspot.com.es/

Totalmente cretinos.

¿En qué momento empezamos a ser tan cretinos? ¿Cuándo fue que nos hicimos tanto daño como para no volver a arriesgarnos más?

Hace tiempo que observo cómo son las relaciones personales. Las de mis allegados y las propias.

En general se suceden una serie de pautas que pueden variar en su orden pero no en su resultado. Las relaciones virtuales se han convertido en esenciales. Las reales han devenido en potencialmente peligrosas, ergo susceptibles de ser evitadas.

Todos los días tenemos montones de whatsapps, me gustan, etiquetas y mil motivos más para conectarnos a la red. (Qué nombre tan bien elegido: red. Tanto la primera como la quinta acepción de la RAE me parecen muy acertadas para el tipo de “aparejo” al que me refiero).

E indefectiblemente todos los días nos sentimos unidos, ligados a cientos de personas a través de esta maraña (combinación de la quinta y sexta acepción de la RAE). Y sin embargo… Estamos solos. No dejamos de ansiar ese ser humano que comparta con nosotros vivencias, gestos simples, cómplices. Cosas tan sencillas como compartir una tarde ociosa de domingo en un viejo sofá, o como contarle a alguien nuestros miedos, nuestras dudas, … En definitiva, mostrarnos tal y como somos, es decir, vulnerables.

El problema está en que no podemos mostrarnos así. ¿Por qué? Porque en el momento en que nos mostráramos así, los demás sabrían que estamos desprotegidos y podrían aprovechar para hacernos daño. Y hemos desarrollado verdadero pánico al dolor. Nadie quiere sentirlo. Hemos inventado mil trucos para olvidar que existe, para no verlo, para que no nos hiera su acerada garra imprevisible. Y nos sentimos a salvo de él manteniendo a la gente en la distancia de la red.

Pero olvidamos algo. Persistiendo en esa distancia de seguridad no alcanzamos a mirarnos a los ojos. Y perdemos nuestra humanidad. Perdemos la capacidad de abandonarnos a la confianza que otros ojos nos muestran.

¿Cuánto tiempo hace que no miras profundamente a alguien a los ojos? ¿Cuánto tiempo hace que alguien no te permite que le mires muy adentro de la pupila, más allá del iris?

Demasiado, sin duda. Porque ese gesto implica confianza. Y eso, en un mundo de redes donde todos estamos atrapados, no se da.

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12 2016