La felicidad de los pobres

03

04 2012

Comienza la historia un domingo de marzo, un día de esos que la luz mediterránea se vuelve de algodón blanco y el añil es celeste. Un domingo en el que te apetecería salir a pasear en tu bici al lado del mar, saborear una caña en una terraza, comer en un restaurante y dormir la siesta en una tumbona soleada.

¡Qué bonito! ¿no?, pues la verdad ya se difumina demasiado en este plan. La realidad más hiriente está muy alejada. Una caña en una terraza (2,50€) sin tapa y careto raro del camarero. Una paella, con todo lo que conlleva, en un restaurante puede salirte a 25,00€ por cabeza y después haber estado esperando (aunque tengas reserva), de tener que que suplicar al camarero que te ponga la bebida, que te traiga más aceitunas (4,50€). Que te traiga más bebida, que la otra ya hace rato que la has degustado. Un café mal hecho (1,40€) y la sensación final de que te han tomado el pelo y has comido rápido, apretado y con malos humos.

Pues para variar, aquel día cogimos las bicis y las montamos en el coche para ir hasta Alcúdia (ponerlo en el google para situaros) y de allí al Port de Pollença en bici. Y esta es la historia. La historia que comienza en el momento que empiezas a simplificar tus actos, de volver a lo que hacíamos años atrás cuando no nos “regalaban” el dinero y lo gastábamos por doquier y a cambio de casi nada.

Hicimos unos bocadillos en casa con pan del horno (0,90€), tortilla francesa, de huevos de las gallinas de la vecina (0,00€ por intercambio de favores), con queso semicurado y unas tiritas salteadas de jamón ibérico (0,50€). Unos cocarrois recién hechos (1,80€ x 2), unas naranjas de nuestro árbol y una botella de agua (0,60). Gasto en gasolina de ir y venir a Alcúdia en el coche, que apenas usamos y que gasta un montón, +-10€. Y sentarnos en un banco a la sombra de un pino con la cristalina agua tocando tus pies, la tibia brisa en tu cara y la siesta en la arena con manta a cuadros incluida (0,00€). Eso si, el café lo tomamos en una preciosa terraza del Port (es igual lo que costase, estaba buenísimo). En fin, las cuentas las echáis vosotros que yo soy de letras.

Para acabar os comento lo que me dijo una compañera cuando le conté tamaña hazaña… –”mi madre decía que eso era la felicidad de los pobres”–

Pobre!.

Foto:  domibrez Música:  Celtas Cortos – C’est la vie

Acerca del autor

Domiciano Brezmes de León

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