Archivo de julio, 2010

Unas notas instrumentales

20

07 2010

Hacía una tarde de calor y humedad, estaba solo en casa tumbado en el sofá escuchando los continuos palabros de mi eterno vecino. El lento sonido del ventilador y el rechinar del chicle en boca de Tom Waits, hizo que me levantara del hundido catre, me lavara la cara y me fuera con la bici en las aún tórridas horas de la calor.

Recordé que hacían un pequeño experimento en Pasatiempos de la calle Brossa. Un espacio extraño y renovado por el artista Amadeo Orellana, que acogió un miniconcierto de tres canciones del emergente grupo mallorquín “The Last Dandies”. La verdad, es alucinante lo que se puede hacer con dos guitarras, un cajón y una buenísima voz. El lugar se lleno de encanto y canto, de gente de buen oír y beber (vino con gaseosa), que demostró que para ver buen arte, no hacen falta grandes escenarios.

Al acabar este conciertín, me encontré con el organizador artístico del evento, el multifacético Toni Pla (Cultura Club) con su averiada bicicleta, una “intocable” de la marca de unos grandes almacenes de deportes, que no aguantaba ni un soplido. De ahí nació el compromiso de la creación de una auténtica máquina para este hombre de mil músicas y otros tantos músicos.

Foto: domibrez

La Ruta de las Avenidas

11

07 2010

He descubierto un mundo de aventuras sin salir de la isla y gratis. No es la Ruta Quetzal ni Port Aventura, es la auténtica maravilla del Carril Bici de las Avenidas.

Es quizás la ruta más concurrida de la ciudad, sin contar con el ya ridículo carril bici que pasa por delante del antiguo edificio de Emaya.  Esta ruta tiene todo lo que se necesita para ser una gran aventura: subidas, bajadas, curvas a la izquierda, a la derecha, tiene pasos por las aceras, por la calzada, por detrás de las paradas del autobús… Quizás estas últimas son las zonas más peligrosas y arriesgadas por sus bruscas frenadas y eslálones al encontrarte con pobres aborígenes que salen del bus tranquilos y confiados. Otra atracción más que emocionante es aquella en la que salen máquinas enfurecidas del gran río hacia las calles interiores, es una sensación sin parangón el como te embisten sin alevosía ni nocturnidad. Algunas de estas grandes máquinas de hierro, que echan humos por sus culos, se sitúan en el medio del carril con un letrero luminoso e inocente que predica “es un minuto”, son muy peligrosas, ya que hacen que te incorpores a la gran corriente de maquinas devoradoras de fuel y te pueden arrastrar en sus remolinos.

No olvidemos las zonas de descanso/reposo/desesperación señalizadas por semáforos eternos que si los miras atentamente, creo que hasta sonríen ligeramente con una muesca socarrona. Pero lo que os recomiendo es probar a montar en bici  a la vez que esos cagaprisas, que siempre intentan pasarte en los lugares más peligrosos, demostrando de esta manera su virilidad.

Bueno, no sé si os gustará esta aventura, pero de alguna manera hay que pasar este verano de crisis y no-gasto. Para los menos aventajados/as os recomiendo usar casco, rodilleras, muñequeras, hombreras y más cosas terminadas en “eras”.

Foto: domibrez / Música: Harry Connick, Jr. – Blue Light, Red Light (Someone’s There)

Mecachis San Fermín

06

07 2010

Era por allá, en la época de las castañas de la Mari, cuando acontecieron los tontos hechos que me dispongo a narrar.

Dos colegas y un servidor organizamos la turné ciclo-turista de aquel verano (siglo pasado). Nuestra idea era irnos a Francia después de doparnos lo suficiente en los sanfermines pamplonicas, para ello cogeríamos un tren desde León a Iruña y desde allí nos iríamos en bici hacia los Pirineos francófonos. Estuvimos todo el invierno preparando la ruta o posibles rutas alternativas para sortear, o suavizar, de alguna manera las tremendas rampas pirenaicas. Nuestras piernas estaban preparadas después de jugarnos toda la temporada de rugby de la segunda división nacional. Todo hacía presagiar una potente aventura bicicletera de verdes senderos y noches estrelladas.

Llegó el día en el que salimos de la estación de León dirección a Pamplona y en unas cuantas incomodas horas (los trenes no eran lo que son ahora), llegamos a Iruña. Eran las tres de la tarde, cuando hace la calor, y nuestros estómagos estaban a punto de desprenderse del cuerpo y echar a correr. Montamos en las bicis y nos fuimos hacia el centro por la Bajada de la Estación y Paseo de Sarasate con la idea de llegar hasta la Plaza del Castillo. Al pasar por una de esas callejuelas, creo que era la calle de Lindachiquia, nos detuvimos en un bareto (de cuyo nombre no quiero acordarme), apoyamos nuestras cargadas bicis, una al lado de la otra, en la fachada del bar para preguntar por el menú, su precio y de paso ir al excusado los tres a la vez (listos que eramos)… Bueno la historia es fácil de terminar, al salir sólo quedaba mi bici, los ladrones tuvieron que ser dos.

Y allí y en ese momento, sin dinero ni documentos, un cinco de julio acabó toda nuestra aventura de aquel verano del 83. Tren y para casa, invité yo.

Foto: domibrez / Música: Santana – Eternal Caravan Of Reincarnation

Mi bici, mi perro y el vuelo del búho

02

07 2010

Son las veintidós coma cero cero y me dispongo a salir con uno de mis perros para ejercitar sus músculos y a su vez, desgastar su maldita fogosidad. Lagotón, como así le llamo (en realidad se llama Lago), es un border collie tricolor que adoptamos en el “Centro Canino Internacional” ahora hace tres años. Es todo un campeón en mear y cagar por todos los lados. Le encanta comerse todo lo incomestible y al ser una de las razas más inteligentes, obedece sólo las órdenes que le da la gana. No soy Cesar ni Borja de Cuatro pero nos lo pasamos bien.

Lagotón se transforma cuando me preparo para coger la bici, el binomio que forman ésta y él es alucinante. Salimos a la calle y se coloca a mi izquierda y en paralelo, obedece todas las “sugerencias” que le hago sin rechistar. –¡Lago para! y se para. –¡Lago sit! y va y se sienta. –¡Lago despacio! y va despacio… y un montón de cosas más. Luego comenzamos a correr y su trote se convierte en carrera, sus orejas se echan hacia atrás y su mirada fija en la lejanía hacen que el animal y la bicicleta se fundan en un mismo ritmo. Después de unos mil quinientos metros de ida y otros mil quinientos de vuelta, llega a casa con la lengua limpiando el suelo y os aseguro que duerme toda la noche de un tirón… angelito!!!.

El búho nos lo encontramos todas las noches en la rama de un viejo almendro. Al pasar sale volando con su precioso cuerpo de plumas. Está en esta historia porque me quedaba bonito en el título del blog.

Foto: Clara / Música: Turista – Búho