Archivo de mayo, 2010

Oscuras calles

21

05 2010

Dicen, cuentan, que hay noches que por el centro de Palma se pueden ver, a según que horas, personas que en silencio se pasean por sus calles. No está científicamente comprobado pero creo que es así.

Hay noches en que el silencio es el mayor aliado, la oscuridad una compañera y las forzadas esquinas un peligro. Las calles del casco antiguo mantienen ese misterio de los años, las sombras se alargan más que en otro lugares y la luz se disipa entre farola y farola. No se necesita más que un pequeño instante para darte cuenta de que el ambiente está cargado de historias, de personajes que pasaron y vivieron por esas calles y dejaron su impronta. Marineros ocultos en los oscuros portales despidiéndose de su quinta novia. Bellas moras que te observan tras sus viejas celosías mientras esperan que su señor les haga caso esta noche. Caballeros a caballo hacen sonar las aldabas que fieros leones mantienen en sus bocas. Y como no, viejas bicicletas que con el tintineo del timbre aflojado por el uso, hacen que el silencio de la noche sea aún más misterioso.

Una vez finalizado el recorrido que hayas elegido, es recomendable parar un rato a los pies de la catedral, en sus muros podrás sentir el olor de la piedra mojada antaño por el mar. Allí tendrás la sensación de que has llegado al finisterre de la Ciutat, a la orilla de otro mundo lleno de luces y ruido de velocidad. Ahí acaba el paseo nocturno que puedes hacer cualquier noche con tu bici. No necesitarás más, sólo tener cuidado con el dragón.

Foto: domibrez / Música: Pepe Denis – Aquella noche en Palma

El aparcamiento de Àngeles

17

05 2010

Era una verdadera letanía llegar todas las mañanas al centro de Palma y buscar un pequeño lugar para aparcar su pequeño coche. Una rutina que durante años le haría perder mucho de su tiempo. Tiempo y dinero, pues las multas se iban amontonando en la mesa de trabajo de la librería que ella regenta. Librería céntrica, tanto que está en el centro, al centro izquierda de la calle Olmos si subes de las Ramblas. Y allí no se puede aparcar, y si aparcas tienes que pagar y gastarte los dineros que ganas y esto es un sinvivir.

Pero se acabó, se acabó de tanto sufrimiento y sin razón. Un buen día, Àngeles se decidió a cambiar su modus operandi, y siguiendo el incipiente ejemplo de algún colega, aparcó su pequeño coche en un barrio de las afueras oreras de Ciutat. Fue cuando entonces sacó su nueva y reluciente bicicleta plegable, recientemente adquirida en una pequeña tienda de barrio, ante el estupor de los parroquianos del bar de la esquina. Con gran premura y habilidad se dispuso a montarla, se subió en su nueva máquina y salió haciendo alguna que otra pequeña curva primeriza por el carril bici que empalma con el de Blanquerna. La sensación de libertad era tan grande que tuvo que dar un pequeño rodeo por las calles del centro para no llegar tan pronto a Casatomada -espacio Dilettante-.

A partir de este día otra persona más se ha adueñado del carril bici de la ciudad. Ahora hay un sitio más para aparcar, para alguien que aún no se ha decidido a dejarlo. Ahora hay un ruido menos, menos humo y lo más importante de todo… hay una bici más en la ciudad.

Foto: domibrez / Música: Las bicicletas van al cielo / ereqere

Máquinas imperfectas

13

05 2010

Hoy me voy a olvidar por completo de las materias primas que necesito para mis bicis. Hoy me centro en la materia en sí mismo, ésta que ha generado la vida y la muerte, y que poco o nada valoramos cuando la máquina, que nuestro cerebro controla, funciona. El problema surge cuando un accidente, enfermedad o vete a saber qué, nos deja sin movilidad.

Acciones que normalmente tenemos reteque asumidas, las perdemos en un instante y pasamos a depender de otra persona (cuando la hay) o de entidades dedicadas al cuidado de las mismas. Un simple miembro de nuestro cuerpo hace que se modifique nuestro punto de gravedad y toda nuestra rutina se vaya al carajo.

Me gustaría conocer mejor mi cuerpo, ya que llevo con él toda mi vida, para prevenir esas viejas lesiones de excesos mundanos e inconscientes. Estaría bien que tanto en casa como en el cole nos hubieran enseñado a abrir el paraguas antes de que la lluvia arreciase y no después de estar completamente empapados.

Foto: domibrez / Música: Amancio Prada – Negra sombra

El burro, el padre y el hijo

10

05 2010

Se dice que hace muchos años, un padre y su hijo se disponían a recorrer con su burro varios pueblos para vender sus productos. El padre iba montado a lomos del burro mientras su hijo andaba a su vera con las riendas en la mano. Mientras avanzaban por el camino se cruzaron con unos campesinos y al pasar, les oyeron murmurar entre sí:

– Desde luego… este hombre es un explotador y no tiene ninguna consideración por el niño. Él va tan a gusto encima del animal mientras su pobre hijo debe andar kilómetro tras kilómetro.

El padre, al escuchar el comentario le dijo a su hijo que se montara en el burro. Al poco de caminar, se cruzaron con otros campesinos, los cuales al verles pasar dijeron:

– Que falta de respeto… Mira el niño, tan joven y deja que su anciano padre vaya a pie en lugar de cederle el sitio para que descanse.

El padre oyó lo que comentaban de manera que le dijo a su hijo que se montaran los dos en el burro, convencido de que así se acabarían las maledicencias. Pero a los pocos kilómetros se cruzaron con un grupo de mujeres, las cuales les dedicaron una reprobadora mirada y las oyeron susurrar:

– Pobre animal… tiene que cargar con esos dos pesados fardos cuando uno de ellos podría ir a pie sin problemas.

El padre, al escuchar el comentario decidió que tanto él como su hijo se bajaran del animal. Al llegar al pueblo al que se dirigían, algunos habitantes les miraban con una sonrisa. A su paso les oían reir entre dientes mientras se decían:

– ¡Que tontos! Tienen un fuerte animal que les podría llevar fácilmente y en cambio caminan a su lado malgastando sus energías.

Foto: domibrez / Música: Paco Ibañez – La Mala Reputacion – Olympia 1969 (George Brassens)

Mujeres en bici

07

05 2010

Sentado, con mis perros y una caña en la mano, en la terraza del Aguamarina en el Molinar, tuve un momento de lucidez divina y espiritual. Tras unos momentos de observación/visión masculina y casi machista, pude darme cuenta de que el ochenta porciento de los ciclistas paseantes que por allí pasaban eran mujeres, de todos los tipos y condiciones. Y volví a tener otra revelación/cuestión, ¿por qué predomina la mujer en bicicleta sobre el varón varonil? ¿hey?, pues creo que es por la misma razón que una mujer rara vez se compra un super coche con catorce airbags, stop and go, faros de xenon, frenos de disco cerámicos y tracción a las cinco ruedas (la de respuesto también). Porque son sencillas y prácticas, porque dedican sus esfuerzos a cosas más funcionales y menos vanales, como una bicicleta. Nosotros, en cambio, necesitamos que sea grande y con muchos chips y lucecitas, para que luego no podamos ir ningún sitio por miedo a que nos lo roben o nos lo rayen.

A la mujer le importa un rábano que la máquina no sea de última generación. Ellas disfrutan más el monento, el instante, el aire que respiran, aunque seguramente tienen todo lo que les rodea sobradamente controlado (llevan ojos en la espalda, lo he comprobado).

Para ellas las normas son obviedades absurdas que los machotes imponemos. Ellas circulan de una forma más fluida y sensual que nosotros, son más respetuosas y sobre todo, no echan carreras para ver quien llega antes… o la tiene más grande (la bici).

Foto: domibrez. Música: Penélope (Joan Manuel Serrat)

Mi carril bici

05

05 2010

No, no voy a entrar en la polémica que estos días hay con los peatones y el carril bici de Ciutat. Voy a hablar de mi carril bici. Mío, porque lo uso a diario, porque lo respeto y me da un estatus que de otra forma no podría tener. Mi coche no es el más grande, no es el que más corre ni siquiera es el más caro, pero soy de esas personas que se pueden permitir ir al trabajo en bicicleta. No soy un pionero ni un tipo raro que quiere ser diferente y extravagante. Soy un privilegiado porque tengo un trabajo que me permite llegar e irme en bici. Y no, no me he vuelto un pedante ni un chulo, al menos creo que no. Cuando otras personas te comentan que también a ellos les gustaría ir en bici a su trabajo y no pueden porque no les da tiempo o está lejos o tienen que llevar a sus hijos al colegio o etecé, etecé, no puedo más que pensar en todo lo que he hecho para adecuar mi vida hasta llegar a esta situación privilegiada. Para ganar tienes que perder y mucho, para luego volver a ganar, y mucho más. No me importa que existan personas que me miren mal, porque ellas no puedan o no quieran dejar su forma de vida, todo lo contrario; esto hace que mi estatus se eleve. Uno o dos centímetros.

Foto: domibrez / Música: Noches de Toisón (Cardiacos)