La serenidad del silencio

23

04 2010

Acabo de ver “La bicicleta” del director valenciano Sigfrid Monleón (en la 2, sin publi). Es una película bastante simple, incluso podría decir que torpe, pero está llena de sensaciones. Quiere mostrar una nueva forma de ver la vida y paradójicamente, también, un retorno a la vida que dejaste olvidada en tu juventud. La amistad se compone y se descompone en unos instantes y se mantiene intacta en una eternitud. Es la bicicleta, como vehículo alternativo, la que se hace protagonista del film, mostrando en algunos momentos la gran semejanza que adquiere a su propietario. Siempre se ha dicho que el perro se parece a su dueño, pienso que en el caso de la bicicleta, es el dueño el que se parece a ella. Este mimetismo, viene a establecer la unión a una simple máquina, que hace que en alguna situación, roce lo absurdo. Aun así, las sensaciones que aporta, son tan enormes que me parecen difíciles de relatar en estas parcas líneas.

Ya os he contado, en otro blog, la angustia tan desagradable que procesas cuando te roban la bici. No es lo mismo que te quiten un móvil con todos tus números, no es lo mismo que te quiten la cartera con todos tus documentos, la bici es como algo que se alarga de tu cuerpo… y duele, duele mucho.

No es de angustia lo que al final trato de escribir, sino de serenidad. Esa que tienes cuando montas en la máquina y la llamas por su nombre. Esa que disfrutas los días de lluvia y no te importa mojarte. La serenidad del silencio, roto sólo por tu respiración.

Foto: domibrez / Música: Jhon Mayall (Country Road)

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Domiciano Brezmes de León

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  1. Tomeu #
    1

    Y hablando de películas … has visto “La bici de Ghislain Lambert”?

  2. Diana #
    2

    Yo vi también ayer la peli y pese a ser tan sencilla, me hizo ver mi bici y todos los trayectos a los que me acompaña, de una manera diferente, como si en lugar de ser una máquina que utilizo, fuese de verdad una amiga que me ha acompañado en muchos momentos de soledad y de compañía…en mi vida.

  3. martus #
    3

    Y si duele cuando te roban la bici, imaginate cuanto duele si te roban el corazón.
    Si vas por la feria de Marratxí y lo encuentras, no te vayas, llámame.
    Con esta foto tan bucólica y mi estado de hoy, no me ayudas, jaja

  4. Pau #
    4

    Me gustan las bicis desde crío. Y tengo varias. Nunca me han robado ninguna. Pero me han robado el corazón y yo he robado a mi vez. Y diagáis lo que digáis, no se puede comparar a una bici. Aunque seamos, a la postre, más fieles a la máquina y ésta, a su vez, fiel con nosotros.
    Corazón y bicicleta están unidos, lo sé. Pero el órgano está algunos peldaños por encima…y sólo tenemos uno. Aunque, a veces, está también en el sótano.