Archivo de marzo, 2010

!Esto no es Amsterdam!

27

03 2010

Como todo en esta la vida, hay que tener un poco de cabeza. Leo en nuestro períodico el atropello, ocurrido días atrás en el carril bici de las Avenidas, de nuestra compañera Mercé Truyols, con el resultado de una rotura de fémur. Espero sinceramente que se mejore.

Para circular en cualquier ciudad, se necesita tener un gran sentido de la percepción del entorno. No sirve coger un vehículo, sea coche, moto o bicicleta, y lanzarse a las calles como si de una competición se tratase. Puedes decidirte a usar la bici en tus desplazamientos –bien–, pero no hagas lo mismo que con el coche, no tengas prisa, disfruta del silencio de la máquina, no avasalles al resto de los ciudadanos. Montar en bici no da un estatus diferente, no supone que todo el mundo se aparte a tu paso, incluidos el resto de ciclistas. Cuando montas en el autobús, no le dices al conductor que acelere, que tienes prisa, ni que toque el claxon para que la gente se aparte.

Hace unos meses, viajé a la ciudad holandesa de Amsterdam y pude comprobar cual es el modelo que no debemos seguir. Amsterdam se ha convertido en una ciudad invivible e intransitable para el peatón, al que se le desprecia de una manera increíble. La bici puede circular por cualquier lado, aceras, parques, calzadas para vehículos a motor, pero como se te ocurra poner un pie en su carril, no tardarás en sentir el zumbido de 30.000 timbres en tus oí­dos y alguna que otra colleja en la nuca (sí, no es una leyenda urbana).

Por eso, alego una vez más, la diferenciación de los medios de transporte y máximo respeto entre ellos. Cuando cogemos la bici, debemos respetar a los ciudadanos de a pie, que llevan millones de años utilizando este medio de transporte antes que cualquier otro.

Malditos bordillos

21

03 2010

Hoy tengo ganas de protestar.

Hoy protesto contra las cosas mal hechas, las chapuzas, los imputados, los que tienen dinero para eludir la cárcel… Hoy protesto contra los límites que nos ponemos (esto es mío, este es mío, y aquello es tuyo pero pagando impuestos). Límites, como decía, que hacen que nuestra vida esté ordenada de una manera muy poco lógica y natural. Todo lo que nos rodea son impedimentos, prohibiciones e imputaciones (diosss, ¡cómo odio esta palabra!). Nos obligan a ir en una dirección, cuando no tienen ni capacidad ni preparación para asumir sus propias desgracias. Nacen dentro de su vientre y no salen de él jamás, hasta que les imputan. Muchos de ellos carecen de oficio conocido o estudios. No conocen el esfuerzo del trabajo, a no ser para trepar en su jerarquía. Creen que son nuestros guías y nos iluminan con su indiferencia social, la única motivación que tienen es la de vivir con nuestro esfuerzo.

Perdonad esta divagación sobre la indignación, pero me reconcome la visión de verles sonreír cuando salen acompañados del guardia jurado más famoso de España.

Y para que nadie diga que no escribo sobre bici urbana, hoy maldigo los bordillos!

Los lobos del “Filandón”

15

03 2010

Mi amigo Pablo Je Je, me llamó para participar, la pasada noche, en un filandón organizado por el ilustre y polifacético camarada Luis Sobarriba, en el C.C.A.N.

El filandón (o fiandón, filorio, hilandorio, hilandera, etc.) es una reunión que se realiza por las noches, desde tiempos inmemoriales, en las tierras de León. Una vez terminada la cena, se cuentan en voz alta cuentos e historias ancestrales. Tal reunión se suele hacer alrededor del hogar (hoy en día es más habitual hacerlo en el bar), con los participantes sentados en escaños o bancadas.

…Y a la luz de la hoguera, viendo las caras de mis compañeros de filandón, comencé la historia que una vez mi agüelo Manuel me contó.

Andaba él en su bicicleta y su vieja perra mastín –la Cuala-, por los caminos de entre San Juan de Torres y Cebrones del Río, una noche de invierno. La nieve le llegaba a la altura del pedal bajo y la senda se le hacía cada vez más pesada. Llegando al puente de hierro, viejo puente ferroviario (Madrid – A Coruña), sintió el peso de una mirada en sus espaldas. Cuanto más avanzaba, la sensación se agrandaba cada vez más. Su ritmo sobre la bicicleta fue aumentando y la resistencia de la nieve también, hasta tal punto que ambas ruedas dejaron de girar. Paró en seco ante lo que ya no se escondía y la silueta de un gran lobo negro, de pecho blanco, bloqueó el camino. No tardó en comprobar que aquel enorme lobo no venía sólo, era una manada de tres individuos con intenciones culinarias. Manuel y la Cuala, corrieron hacia la abandonada caseta del antiguo guarda del paso a nivel, pero una piedra oculta en la nieve hizo que mi agüelo cayera, con tan mala fortuna que su cabeza golpeó una de las vigas del puente, perdiendo el sentido.

Alrededor de una hora, el dolor de cabeza de mi agüelo, al despertar, pasó a ser el de un triste asombro. En el suelo, a su vera, yacía el cuerpo sin vida de su querida mastina, muerta por los lobos. Así de caro pago el animal el defender a su amo. A él, una vez muerta la perra, no le tocaron… nadie sabe por qué.

Este es Pompeyo, tatataranieto de la Cuala

El frío León

10

03 2010

Hace unos días tuve que regresar a mi tierra de fríos inviernos. La tranquilidad palmesana se truncó con un preocupante acontecimiento, aunque este no es el tema.

Hoy quiero rendir homenaje al verdadero frío. Ese que curtió a celtas, astures y a la Legio XII Gémina romana conquistadora de la Galias de la France. Ese frío que esta mañana se me metió, maldita sea, por la espalda y me bajó hasta los pies, pegándose éstos en los pedales de mi vieja bici leonesa.

Al pasar a la vera de la centenaria catedral, un ligerísimo charco, completamente helado, hizo que la rueda delantera se marcara una pirueta con doble tirabuzón, sólo la pericia del que os escribe, hizo que me fuera al suelo. Me levante rápidamente, miré a ambos lados, asegurándome que nadie había presenciado tan tonta caída, me sacudí la manga y un poco el pantalón y monté rápidamente en la bici como si no hubiera pasado nada. Sólo los negros cuervos de la vetusta catedral me seguían con atenta mirada y seguro que con un único pensamiento… ¡qué pringao!. Pero no os riáis, que con un coche no lo hubierais arreglado con un simple limpiado de mangas y un ¡huy, que caída mas tonta!.

Como el camino me llevaba por el Barrio Húmedo, pensé que sería menester hacer una buena parada en el Racimo de Oro, taberna tabernera desde el siglo XVII, de paisanines y buen vino de chato tinto. Esta vez el calor de mi cuerpo no entró en el uso del carril bici sino en el disfrute de un Prieto Picudo y unas buenas sopas de ajo con pimentón que me sirvió el señor Laudelino.

Como os podéis imaginar, el resto del camino, fue un dulce paseo de gélida (-2º) mañana invernal, y la cuesta arriba hasta el hospital se me hizo más que pequeña, si cabe.

Saludos desde las tierras leonesas.

PD. Tengo que ir a Antimio de Arriba.

La Única

05

03 2010

Esta es La Única, la única de las que han querido llegar al siglo XXI y no han podido. Es una bicicleta de raza, con pedigrí, con número de serie y de marca (además). Mantiene aún gran parte de su prestancia original que ha sabido mantener a través del tiempo.

Como siempre pasa con las bicis que recupero, son piezas algún día denostadas, abandonadas o simplemente desmontadas. No sé realmente si puedo imaginar los caminos que habrá recorrido, pero estoy seguro que siempre fueron recorridos en las afueras de Ciutat, ya que su estructura es netamente de carretera larga, su esqueleto ligero y su postura agachada con sus inconfundibles cuernos de cabra forrados de antigua tela negra algodonada.

La conversión a la urbe, se me antoja de manera sofisticada con el cambio de la postura del manillar, la dureza del piñón fijo y la sencillez de un otro piñón single en el lado inverso. La rueda trasera se convierte en traviesa y ensancha su llanta negra de perfil profundo. Su antiguas enseñas siguen luciendo a pesar de sus marcas de guerra. El resultado es toda una máquina urbana de una ligereza tremenda que puedes incluso alzar en tu hombro por angostas escaleras finqueras.

Si tenéis necesidad de verla, me han dicho que dicen por ahí, que alguien la ha visto en Casatomada, un espacio dilettante, inmersa en la sabiduría de sus libros. Por eso y por alguna cosa más, es La Única… si.

Me creía en Marte!

02

03 2010

De repente tengo la sensación de haber estado viviendo en un mundo paralelo. Desde el día que comencé el blog, voy conociendo ciudadanos que llevan el mismo tiempo o más que yo usando la bici como medio de transporte. Antes bajaba yo sólo de mi pueblo (Son Sardina) y quizás me encontraba con algún esforzado estudiante de la UIB. Llegaba al carril bici de las Avenidas y realmente pensaba que era yo, también, de el que todos los medios de comunicación hablaban. Me creía en Marte.

Y desde aquel día (el del blog…) resulta que somos muchos/as los que bajamos y subimos a la vez, disfrutamos del almendro que me saluda por la derecha, calentamos piernas en la pasarela y entramos en Blanquerna. Me gusta la sensación de no sentirme bicho o cosa.

Por el gran criticado y peligroso carril de las Avenidas, cada vez más lleno, pasé el miércoles sobre las 20 h. Me crucé con unas veinte ciudadanos en bici en el tramo de los juzgados, eso equivale a 20 coches menos, osease 80 y pico metros de atasco contaminante de salida de trabajo. Es cuando realmente te das cuenta que mi “esfuerzo” y el de otros muchos, incluyendo a políticos honrados, tiene recompensa. Me recoloco en el sillín y continuo el camino a casa. En unos 25 minutos, regreso del espacio interestelar y atravieso esos mundos paralelos de los que no pensaba regresar.