La Eterna

Como una sombra, resurgió de aquel antiguo local de la Guerrería.

José, artista vidriero, me había comentado días atrás, que en su almacén había visto, en días luminosos, los restos de una “holandesa”. La búsqueda la iniciamos un sábado, después de desayunar en el Café Antic. Abrimos la puerta y después de acostumbrar los ojos a aquella oscuridad, apareció ella, con su inconfundible cola blanca marcada por antiguos dueños.

Ya en mi taller, la holandesa, era desmontada, aseada y guardada, en espera de su turno.

Pasó el tiempo (uf!) y fue  Silvia Riutort la que volvió a recordarme la existencia de ELLA. Silvia necesitaba urgentemente una nueva compañera, la actual estaba en las últimas. No era cualquier cosa lo que pretendía, habría de ser práctica, cómoda, ligera y lo más extraño, debería ser vieja.

Entonces ELLA volvió a resurgir de su letargo, se sacudió el polvo acumulado y empezó a tomar forma. Todas sus piezas fueron colocándose en su sitio hasta que se completó el proceso y ahí estaba, flamante y envejecida. Ya sólo faltaba un detalle, su nueva compañera… Silvia y la Eterna.

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Domiciano Brezmes de León

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07

02 2010

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  1. Jarrapal #
    1

    Es cierto, las bicis tienen su personalidad. Más que los coches, porque en ellas, lo importante no va dentro; sino que, más bien, ciclista y bici se asemejan, y perdonen la hipérbole en la comparación, a los antiguos centauros -mitad hombre, mitad caballo-, por lo que ambas personalidades se complementan.
    Quizá sea esto algo demasiado poético; pero, en estos tiempos, se necesita mucho, mucho, las imaginería poética.

  2. Juan #
    2

    Totalmente cierto con la personalidad de la bici. Justamente he encontrado tu blog en un momento que empecé a acondicionar una bicicleta de paseo de los 80 para recorrer las calles de Palma.

    Ànimo con el blog!

  3. 3

    Gracias Juan. Ponla un nombre bonito!
    Saludos