Archivo de febrero, 2010

¿Dónde dejo la bici?

24

02 2010

Un comentario de “Warp”, que ha hecho en el anterior blog, me da pie para pensar sobre un detalle importante en la conquista de la bici en nuestra ciudad. Warp comenta, “Conquistado -en parte- el carril bici, falta conquistar el aparcamiento vigilado. Es lo que echa para atrás a mucha gente. Yo puedo dejar la bici segura tanto en mi oficina como en casa. Pero muchos no pueden hacerlo. No me extraña que duden.” y es aquí donde hoy planteo este problema. En Europa (no me resistía a hablar de Europa, queda muy bien), muchos edificios están diseñados desde la idea de que sus habitantes son usuarios de la bicicleta y se reserva un espacio importante en una zona común para el alojamiento de éstas. No acaba la cosa ahí, las empresas también disponen de un espacio especial de aparcamiento vigilado. Por eso, no sólo son los estamentos públicos los que deben de velar por la diversidad del transporte de los ciudadanos, los empresarios también han de aportar su montoncito de arena. El beneficio para ellos podría ser interesante. Un empleado en forma, sin el estrés del tráfico y con la mente despejada, hace que se reduzcan considerablemente las bajas laborales. Yo no invento esto… “Mens sana in corpore sanum“, ya lo pensaban hace algunos lustros.

En fines, gracias -Warp- por aportar más ideas.


Pasar por Blanquerna

19

02 2010

Me preguntaba Cuqui San Juan… ¿las bicicletas son para el invierno? –Puesssss…, le dije yo. Todo depende de los gustos y ganas que tengas de cabrearte, estresarte, desesperarte, agobiarte, marearte… arte, arte, arte… durante esta época.

El invierno es un tiempo ideal para circular en bici por la ciudad, sobre todo en una como la nuestra. Puede sorprender lo que digo, pero la tranquilidad con la que llegas a todos los lados es mayor que el frío que puedas pasar.

Cuando sales por la mañana, la sensación del aire en la cara y tu cuerpo moviéndose a ritmo descansado, es indescriptible. En dos minutos comienzas a despertar y tus músculos se esponjan corriendo la sangre caliente entre ellos. Los almendros, ahora en flor, te saludan por la derecha y te dejan respirar el oxígeno que han estado fabricando durante toda la noche. Ostras… el futuro hospital!, se avecina una pasarela con una cuesta para poner a prueba los cuádriceps femorales. Pero como todo lo que sube baja, comienzas el descenso hacia Ciutat por el relajado carril bici de la carretera de Valdemossa. Aquí el frío ya es historia, y la sensación, de ver a todos los coches atascados a las 9 h. de la mañana en la M-20 (según Munar) y en la rotonda del Ocimax, es tremenda.

El clímax de la ruta llega cuando entras en Blanquerna, es alentadora la sensación de ver como peatones, bicis y coches se entienden en este recuperado espacio urbano. El otro día hasta creí oír el canto de unos pajarillos. El final del viaje es el Paseo Mallorca y todo ello en unos miserables 17 minutos desde Son Sardina, con frío y a veces con lluvia.

No lo cambio por nada. No.

La vieja cartera

14

02 2010

Hartos ya de de tanto desmán y robo, los carteros de L.A. empezaron a desnudar sus monturas hasta un punto en el que la bici era pura espiritualidad. Ellos redescubrieron el fixed gear o piñón fijo, para los más cazurros. Para que te hagas una idea de la forma de conducir esta máquina, es un mecanismo igual al de una bicicleta de pista (como la del Palma Arena, vade retro).

Cuando ELLA llegó a mi casa, era una dulce bicicleta belga de apariencia poco saludable. Tenía dolencias de todo tipo, peso, asimetría, color… A la pobre la habían intentado reanimar con una buena capa de aceite pringoso y maloliente, dejándola en un estado patético. Lo más urgente en un caso como este, era estabilizar la pulsaciones y despojarla de toda la vestimenta que le impide respirar. Limpiar y sanear las heridas es la parte más delicada, un corte mal calculado puede ser fatal (sobre todo para mi brazo). Ahora viene la parte más importante de la operación, decidir la personalidad de ELLA. Sentarse mirar, levantarse mirar, moverse mirar, agacharte mirar, lleva su esfuerzo esta parte.

Pasa el tiempo (uf!) y no descubres nada en ella, pero hay un detalle que se me había escapado, ¡su manillar!. Posiblemente nadie antes se había dado cuenta, pero éste estaba mal colocado, estaba al revés. Y aquí es donde comienza la historia de La vieja cartera… que otro día os contaré.

La nueva negra

10

02 2010

Digo la nueva negra, porque antes era vieja (lo leí en un libro, Las verdades de Perogrullo, ediciones el Puño). Era vieja porque la trataron mal, la desatendieron y la ignoraron en el balcón. Por desgracia, no son casos aislados, los balcones de Palma están repletos de ELLAS, unas de pie, otras tumbadas y otras boca arriba. Pero claro, un día de fin de semana, soleado y apacible, decide su señor sacarla a pasear (siempre acompañada por algún familiar, eso sí), y ésta, con sus costumbres oxidadas, no encuentra la mejor forma de complacer a este, que exige de ELLA un comportamiento dulce y silencioso. Vuelve a su solitario balcón sin tener una sola oportunidad de lucirse.

Pasa el tiempo (uf!) y el señor necesita el espacio que ella ocupa para colocar una lavadora. El contenedor de la esquina es su nuevo y eventual hogar hasta que un moro, de la morería, la rescata de ese pérfido/fétido lugar para llevársela, el próximo sábado, al rastrillo de Les Avíngudes.

Cuando pasé por delante de ELLA, no me fijé en su oculta belleza, tuve que repasar una y otra vez sus desgastadas virtudes y tratar de descubrir sus muchos defectos. Lo que si descubrí, era su tremenda personalidad urbana, su largo cautiverio en aquel balcón, había hecho de ella una auténtica urbanita. Antes era azul… y ahora es la nueva negra.

La Eterna

07

02 2010

Como una sombra, resurgió de aquel antiguo local de la Guerrería.

José, artista vidriero, me había comentado días atrás, que en su almacén había visto, en días luminosos, los restos de una “holandesa”. La búsqueda la iniciamos un sábado, después de desayunar en el Café Antic. Abrimos la puerta y después de acostumbrar los ojos a aquella oscuridad, apareció ella, con su inconfundible cola blanca marcada por antiguos dueños.

Ya en mi taller, la holandesa, era desmontada, aseada y guardada, en espera de su turno.

Pasó el tiempo (uf!) y fue  Silvia Riutort la que volvió a recordarme la existencia de ELLA. Silvia necesitaba urgentemente una nueva compañera, la actual estaba en las últimas. No era cualquier cosa lo que pretendía, habría de ser práctica, cómoda, ligera y lo más extraño, debería ser vieja.

Entonces ELLA volvió a resurgir de su letargo, se sacudió el polvo acumulado y empezó a tomar forma. Todas sus piezas fueron colocándose en su sitio hasta que se completó el proceso y ahí estaba, flamante y envejecida. Ya sólo faltaba un detalle, su nueva compañera… Silvia y la Eterna.

¿Y cómo son ellas…?.

04

02 2010

La evolución, que es sabia, lo coloca todo en su lugar. En la primera experiencia que tienes con ellas, comienzas con ideas standard sobre sus formas, la altura ideal, sus líneas, su peso y si le gustará a tus amigos. Con el paso del tiempo te gustaría que tuviese más de aquello, menos de esto y el neo-barroco comienza a vislumbrar una etapa gloriosa en tu vida social, llena de accesorios inútiles y banales. Vuelve a pasar el tiempo (uf!) y un buen día sales del trabajo y te das cuenta que ella se ha ido con otro. Quedas con cara de bobo ya que no sabes que hacer ni donde ir sin ella. Con resignación y rabia, después de tantos caminos recorridos, te planteas una nueva relación, porque sin ellas no puedes vivir. Pero esta vez será diferente y no caeré en los mismos errores. ELLA será sencilla, ligera, atrevida y sobre todo bella, muy bella.
Os presento a Bea.