Archivo de Enero, 2010

Como decíamos ayer…

Aún recuerdo el tiempo que pasaba pidiendo bicis para dar una vuelta. Era el niño que más caminaba, del colegio a casa, de casa al “prao” pasando por el quiosco, y no había forma de hacerlo de otra manera.
Quizás si mi padre no hubiera temido tanto por mi vida… me hubiera comprado aquella bici que yo tanto mendigaba.
Por aquellas edades el peligro y el riesgo eran desconocidos. Los vehículos a motor, aunque no escasos, eran en según que zonas ocasionales y la bicicleta vivía en completa armonía en la ciudad.
El tiempo y la edad avanzan, te haces más independiente, más cómodo y sobre todo vago. El coche se convierte en tu fiel compañero de juergas, amores y viajes idílicos. Entonces comienzan los problemas de ¿dónde dejo el coche?, ¡este mes no tengo para gasolina!, ¡maldita multa!!!, los del párking se han pasado tres pueblos y ¿ahora este golpe como lo arreglo?… En fines, si sumas la cantidad de pasta que te gastas para ir a por pan o a trabajar, resulta que puedo viajar en… TAXI toda la vida. Ahora bien, si lo que pretendo es tener un corazón más o menos en forma, una calidad de vida más que aceptable y disfrutar de una ciudad cada vez más abierta al disfrute del aire puro… vuelvo a pedirte DÉJAME LA BICI (porfa).

28

01 2010