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¡Necesito una bici ya!

Tengo la sana sensación de estar viviendo el comienzo de una nueva era. Tengo la sensación de estar viviendo la era de la anticrisis. Es necesario un buen leñazo como este, para que nos demos cuenta del despilfarro energético al que estamos sometiendo a este planeta. Nos hemos creado la sensación de que todo es gratis; la luz de las farolas, el alcantarillado, el riego de jardines, el asfalto, las calles que sólo sirven para aparcar nuestros coches, las ridículas aceras, las autovías para unos y desdobles para otros, por el módico precio de 157 millones de euros… Todo eso lo pagamos muy caro, y no sólo nosotros, sino también la pobre gente que aguanta a esos canallas de dictadores que se enriquecen con el petróleo que les compramos.

Últimamente me están llegando cada vez más correos a mi facebook (domibrez cletas) pidiéndome bicis sencillas para transitar por la ciudad. Unos porque están en paro y no pueden soportar el gasto elevado de un pequeño coche y otros porque están verdaderamente hartos de vivir atrapados entre chapa y cristal. Y ya somos algunos los recicladores de bicis muertas y en estado de descomposición, Raul y Cora Torres son unos expertos. Un trabajo muy agradecido ya que devuelves a la vida un objeto, que para muchos de nosotros, tiene alma. Cuando montas en una de estas bicis y te adaptas a ella, es muy difícil que vuelvas a coger el coche para los desplazamientos en la ciudad.

Os recomiendo desde aquí que recuperéis todas esas almas que tenéis en algún rincón de vuestra casa y os olvidéis de buscar sitio para aparcar. ¡Necesitáis una bici ya!

Foto: domibrez / Música: Calle 13 – Muerte En Hawaii

28

02 2011

La bicicleta de Warp*

*Transcribo literalmente el relato de infancia de un lector de este blog (Warp).

Mi primera bici fue una GAC.

Era una bicicleta infantil con las agarraderas de goma de mala calidad que se deshacían bajo mi sudor, pintada de blanco con el escudo de la marca, el guardabarros cromado plagado de pecas de óxido, la cadena tan sucia por el barro como por la grasa, sillín de plástico incómodo y pedales feísimos. Como todas las de la época no le faltaba su dinamo y su bombilla de 12 voltios. Incómoda de manejar, dura de conducir y con ruedas que más parecían de carro.

Encima, nos la repartíamos entre tres hermanos, aunque mi principal rival era mi hermano mayor -a mi hermana no le interesaba demasiado-. A pesar de la envidia que tenía a todos los niños por tener una BH mientras que yo tenía una GAC (nadie en mi ciudad tenía una GAC), cuando la conseguía se convirtió en mi compañera de exploración en el barrio periférico de Inca donde vivía. Visitaba los alrededores de fábricas de calzado, el cementerio, los campos llenos de almendros y de misterios -sobre todo cuando, al caer la noche, se convertían en refugio de fantasmas escapados del camposanto y otros seres de naturaleza oscura-.

Con ella me rompí pantalones y jerseys, logré desollarme rodillas, dedos y codos, llegué hasta el más lejano confín de la ciudad -incluyendo el Más Allá: Lloseta, rompiendo la prohibición materna de salir a la carretera- y me enfrenté a pandillas de niños pendencieros, normalmente por el expeditivo método de pedalear más deprisa que ellos.

Ella era mi Enterprise y yo un Spock de barrio repleto de curiosidad por todo lo que me rodeaba. Podía pasarme horas pedaleando, sacando hasta el último aliento de mis pequeños músculos explorando aquella galaxia urbana. Volvía a casa agotado, donde devoraba los bocadillos de sobrasada y la leche con galletas (Quely, por supuesto) con avidez.

Aquella bici de segunda mano, que tantas veces llevé a reparar pinchazos en aquel taller enorme, oscuro y maloliente de caucho y grasa para cadenas, no sobrevivió a los embates de tres chiquillos descerebrados. En algún momento de mi, por aquel entonces, futuro, perdí el interés por explorar la ciudad, que empequeñecía a medida que me hacía mayor. Hoy los campos de almendros están cubiertos por naves industriales, las fábricas cerradas y demolidas, el cementerio ha perdido su terror y los alienígenas que me hostigaban hace tiempo que han desaparecido.

Su destino es más oscuro. Si la hubieras visto abandonada sería seguramente en un vertedero y ni la habrías mirado: no habría nada que salvar, un pecio infantil hundido en lo más profundo del pasado, repleta de óxido y desconchones en su pintura, los radios doblados y la cadena seca y salida de sus engranajes. Esa nave cruzó la galaxia mil veces y sucumbió a la peor arma de destrucción masiva: el tiempo. Es un recuerdo imborrable y ya que no se la puede rescatar en una de tus magistrales creaciones, bien está que la rescate en tu blog con un poco de literatura.

Foto: domibrez / Música: Arcade Fire / No Cars Go

03

12 2010

La carbonera

Ella fue a nacer en una fría sala fabril, cuando vio la luz su color se quebró como el cristal…

La pobre se equivocó de lugar y de época. No nació con los albores de la mañana ni con el calor del llar. De pequeña estuvo embalada en un frío almacén junto a piezas y despieces de sus congéneres menos afortunados. Un día lluvioso y frío, como no, de diciembre alguien la adoptó y la llevó a su casa. La esperaban muchas manos y muchas piernas, la golpearon, tiraron y ensuciaron hasta el más recóndito tornillo. Pronto pasó la tempestad y sus fríos hierros acabaron en una pequeña estancia llena de carbón donde subía y bajaba del suelo dependiendo de las estaciones. Sus ruedas se quebraron, su manillar se deformó y de su impoluto color blanco, no digamos nada.

¡¡¡El chatarreeeerooo!!! se escuchó a lo lejos y aquellas manos y piernas pensaron en hacer un poco de sitio en la pequeña sala para poner una moderna calefacción a gasóleo. Y acabo amontonada al lado de coches viejos, lavadoras que ya no lavaban, y frío, mucho frío.

Pero el invierno no es eterno y llegó la primavera, el verano, los colores del otoño y decidió cambiar. Ahora de lo único que se acuerda es de su amigo el carbón que le arrullaba en aquellos días fríos.

Foto: domibrez / Música: Adolfo Abalos – Me Dicen La Carbonera

Escaparate de PASATIEMPOS -Quint-

24

11 2010

La indecisa

Érase una vez un bicicleta abandonada en un cuarto muy oscuro, tan oscuro que solo podía entrar allí el “hombre negro”. Fue una mañana, de mañana, cuando paseando con mi bici cerca de la casa del cuarto oscuro, aquel “hombre negro” sacó a la luz aquella bicicleta en estado deplorable de suciedad y podredumbre. Me acerqué a él y pregunté lo que iba a hacer con ella, sin más miramientos y en frío, me sugirió un precio y después de un pequeño regateo de tuya/mía y no me creo nada, me hice con aquella desventurada.

Me pasé horas mirándola, no había por donde meterla mano. Me arrepentí varias veces de haberla comprado, pero tenía algo que me llamaba la atención. En origen era de color dorado y alguien la puso boca arriba y la pinto de rojo con sus brochazos y chorretones. Decidí entonces borrarle toda huella de sus antiguos amos y la desnudé completamente hasta llegar al puro hierro. Fue entonces cuando… seguía sin saber que hacer con ella.

Pasó el tiempo y recibí una llamada de Andrés, un músico que llevaba tiempo pensando en que le hiciera una bici, pero no sabía aún como la quería. Andrés me enseñó fotos y más fotos de lo que no tenía claro hacer, dudaba entre el verde o el dorado, entre el marrón o el rojo. Tampoco tenía clara la mecánica de la bici, con frenos o  con freno contrapedal y un solo freno delantero, o no. El sillín podía ser de cuero marrón o tono miel hecho a mano o sin mano…

Estaba claro que aquella bici, “La Indecisa”, había encontrado a su verdadero dueño. La compenetración fue instantánea, se miraron y se amaron… o no.

Fotos: Andrés Ballinas / Música: R.I.O – Shine on(Radio Mix)

09

11 2010

“Torre / 1956″ in memoriam

Día de difuntos, de muertos olvidados. Nunca he creído en el cielo ni en la eternidad de las almas y después de venir del campo sagrado… creo aún menos.

Hoy era buen día para coger la bici, la cámara y retomar un antiguo camino que hacía a diario para ir al periódico, antes de que existiera mi amado carril bici. Esta ruta me llevaba por la carretera de Sóller hasta la vieja prisión donde me desviaba hasta el Carrefour para cruzar hacia la bajada del cementerio. Todas las mañanas atravesaba este sacro lugar, paraba si el tiempo me lo permitía y escuchaba el silencio despoblado. Cada día recorría una calle y escudriñaba los cientos de nombres y fotos de las almas que allí reposaban. Fue entonces cuando descubrí la tumba de aquel hombre semi olvidado con su cara rota (Torre / 1956).

Hoy era día de visitas a los muertos, de ramos de flores, de gitanos exuberantes y de olvido en el limbo de la memoria. Entre miles de lápidas tapadas por sus flores había pequeñas caries despobladas de recuerdo y entre todas ellas me enganché a una. Era joven y apuesto, era un ser querido (entonces), si era otra vez él, “Torre / 1956″. Seguía hay quieto, roto y olvidado. Sin una triste flor ni una mano que limpiara su desvencijada tumba. Su cara rota me mira como desde un agujero con ojos de bondad y tristeza. Y no lo pude resistir, no limpié su tumba, ni la recoloqué, ¿para qué? a él no le hubiera servido de nada y a mi tampoco. Lo único que se me ocurrió es hacerle esta foto y pegarla en este blog. Y pienso que por unos efímeros instantes o quizás para siempre, “Torre / 1956″, será eterno.

Foto: domibrez / Música: Obus – Cualquier Noche Sale El Sol

01

11 2010

Un poco de imagen

Esta es la entrevista que me hizo Virginia Quetglas para Televisión de Baleares TVB.

Porfa… hacer clic en la imagen.

27

10 2010

¿Por qué quitan el carril bici por la noche?

En serio, no es broma ni chufla. Hay días (noches) que subo tarde a casa, por unas cosas u otras, y me encuentro que han quitado el carril bici con sus rayitas, su color teja, la señora con el carrito de la compra, y hasta la máquina de Emaya que todas las mañanas espera a que mi amigo Warp salga de casa para ponerse a limpiar el carril. Si, lo han quitado todo, y en su lugar hay bonitos coches aparcados con sus bonitas luces de color naranja intermitentes.

Paro a la vera de uno de estos con la ingenua intención de hacer oír, que no entender, mi simple queja. -Pon pon, toco en su cristal, y cuando baja la ventanilla, el chumba-chumba inunda la calle y la Trompa de Eustaquio (osea la mía). -Oye (digo yo), ¿sabes que estás apalancado en el carril bici?. -¿Lo cualo? me contesta ella. Sí, (le digo yo) es que por aquí tenemos la mala costumbre de pasar los ciudadanos que vamos en bici. -Pero si sólo es un minuto (dice él, que estaba al lado de ella), y le emplazo a levantar la cabeza y observar que delante ella/el y detrás hay como unos doce coches más montados sobre el supuesto carril. Y les explico, a ambos dos, que si preguntas a todos los que están aparcados sobre el susodicho, todos me contestarán lo mismo, es un minuto. Pero si esperamos ese minuto para poder continuar con el camino, llegamos a la conclusión de que hay que sumar esos minutos  y en esa calle ya son doce, en la calle siguiente serán cinco (cuidado), y después otros tantos y así hasta llegar a casa cuatro horas más tarde.

Bueno, esa es la “Teoría del minuto”, no es que esté al cien por cien comprobada, pero si multiplicamos el seno y el coseno, y dividimos por Pí, posiblemente nos de la curvatura de la ruta alternativa que tenemos que sortear. Mira por donde me van a servir la matemáticas de 2º de BUP.

Foto: domibrez / Música: Ry Cooder – Muy Fifi

20

10 2010

La chica del carril bici

Cuentan que esto sucedió en una noche oscura en un carril bici de Ciutat hace unos días, un poco antes de que alguien se planteara eliminar dicho carril.

Era noche cerrada, caía una lluvia suave pero ininterrumpida y la humedad cubría la noche con su manto brillante, impidiendo llevar una marcha suficientemente segura.

Un hombre iba conduciendo su bicicleta por el carril bici, deseoso de llegar a su casa y reencontrarse con su mujer y sus dos hijas después de un largo día de trabajo. En una de las curvas del camino, vio a una joven rubia, demacrada y pálida, empapada por la lluvia, con un largo vestido blanco desgarrado y sucio de barro . Este hombre se apiadó de la joven y, apretando los frenos, paró y la montó en el porta bultos de su bici, decidiendo acompañarla y acercarla hasta el PAC más cercano.

Durante gran parte del trayecto, el hombre y la joven fueron hablando de cosas triviales, cuando en un momento dado, antes de llegar a una de las esquinas más cerradas y peligrosas de la ruta, la joven le avisa de que reduzca la velocidad hasta casi detenerse y que pase muy poco a poco. El hombre lo hace, y comprueba asustado, que, de no haber sido advertido por ella del peligro, probablemente le hubiera atropellado el coche que se saltaba el ceda el paso de aquel cruce. Le da las gracias, agradecido por haberle salvado la vida, a lo que la joven contesta:

- No me lo agradezcas, es mi misión; en esta esquina me maté yo hace más de dos años, en una noche como ésta…

Y después de pronunciar éstas palabras, desapareció, dejando como única prueba de su espectral aparición, el porta bultos embarrado por sus ropas sucias…

Esta historia no es real (para la tranquilidad de muchos), pero con los años será raro que llegue a contarse…

Foto: simebuscasmeencuentras / Música: Guadalupe Plata “Baby me vuelves loco”

14

10 2010

Control de pedales…

… Como decíamos ayer… Aunque no haya escrito en este mes de agosto, no he dejado de montar en bici. Comentaba hace un mes, en la revista Brisas en una entrevista de Xisco Busquets, que era muy vago. Agosto es un mes en el que tradicionalmente las cigarras vagueamos y nos dedicamos a esa compleja labor de no hacer nada.

Lo que si he aprovechado son las horas nocturnas del verano cuando el rey astro anda haciendo las américas. Bajar hasta Cala Blava en la bici y bañarme en sus aguas con la única luz de la mágica luna de agosto. Esa luna, que según dicen, da vigor a los hombres y fertilidad a las mujeres (?). Son estas noches en las que no hay ni un ápice de viento, que la temperatura es reteque agradable y el ambiente de calle está en su mayor apogeo, cuando recorrer la ciudad con la bici es algo maravilloso. Vas de terraza en terraza como de flor en flor y no te importa cambiar de barrio por lejos que esté. Hora tapeo aquí, hora tapeo acullá, con la ventaja de que por ahora no hay controles de alcoholemia para bicis, de todas las maneras, el pedal ya lo llevas puesto. Con esto no pretendo dar ideas a mi amigo y compañero “Terri” para que desde sus páginas del periódico se dedique a pedir controles para nosotros.

Ay, que sudor.

Foto: domibrez / Música: Radio Futura – Luna De Agosto

03

09 2010

Unas notas instrumentales

Hacía una tarde de calor y humedad, estaba solo en casa tumbado en el sofá escuchando los continuos palabros de mi eterno vecino. El lento sonido del ventilador y el rechinar del chicle en boca de Tom Waits, hizo que me levantara del hundido catre, me lavara la cara y me fuera con la bici en las aún tórridas horas de la calor.

Recordé que hacían un pequeño experimento en Pasatiempos de la calle Brossa. Un espacio extraño y renovado por el artista Amadeo Orellana, que acogió un miniconcierto de tres canciones del emergente grupo mallorquín “The Last Dandies”. La verdad, es alucinante lo que se puede hacer con dos guitarras, un cajón y una buenísima voz. El lugar se lleno de encanto y canto, de gente de buen oír y beber (vino con gaseosa), que demostró que para ver buen arte, no hacen falta grandes escenarios.

Al acabar este conciertín, me encontré con el organizador artístico del evento, el multifacético Toni Pla (Cultura Club) con su averiada bicicleta, una “intocable” de la marca de unos grandes almacenes de deportes, que no aguantaba ni un soplido. De ahí nació el compromiso de la creación de una auténtica máquina para este hombre de mil músicas y otros tantos músicos.

Foto: domibrez

20

07 2010