Entrada etiquetada ‘domiciano brezmes’

Control de pedales…

… Como decíamos ayer… Aunque no haya escrito en este mes de agosto, no he dejado de montar en bici. Comentaba hace un mes, en la revista Brisas en una entrevista de Xisco Busquets, que era muy vago. Agosto es un mes en el que tradicionalmente las cigarras vagueamos y nos dedicamos a esa compleja labor de no hacer nada.

Lo que si he aprovechado son las horas nocturnas del verano cuando el rey astro anda haciendo las américas. Bajar hasta Cala Blava en la bici y bañarme en sus aguas con la única luz de la mágica luna de agosto. Esa luna, que según dicen, da vigor a los hombres y fertilidad a las mujeres (?). Son estas noches en las que no hay ni un ápice de viento, que la temperatura es reteque agradable y el ambiente de calle está en su mayor apogeo, cuando recorrer la ciudad con la bici es algo maravilloso. Vas de terraza en terraza como de flor en flor y no te importa cambiar de barrio por lejos que esté. Hora tapeo aquí, hora tapeo acullá, con la ventaja de que por ahora no hay controles de alcoholemia para bicis, de todas las maneras, el pedal ya lo llevas puesto. Con esto no pretendo dar ideas a mi amigo y compañero “Terri” para que desde sus páginas del periódico se dedique a pedir controles para nosotros.

Ay, que sudor.

Foto: domibrez / Música: Radio Futura – Luna De Agosto

03

09 2010

Unas notas instrumentales

Hacía una tarde de calor y humedad, estaba solo en casa tumbado en el sofá escuchando los continuos palabros de mi eterno vecino. El lento sonido del ventilador y el rechinar del chicle en boca de Tom Waits, hizo que me levantara del hundido catre, me lavara la cara y me fuera con la bici en las aún tórridas horas de la calor.

Recordé que hacían un pequeño experimento en Pasatiempos de la calle Brossa. Un espacio extraño y renovado por el artista Amadeo Orellana, que acogió un miniconcierto de tres canciones del emergente grupo mallorquín “The Last Dandies”. La verdad, es alucinante lo que se puede hacer con dos guitarras, un cajón y una buenísima voz. El lugar se lleno de encanto y canto, de gente de buen oír y beber (vino con gaseosa), que demostró que para ver buen arte, no hacen falta grandes escenarios.

Al acabar este conciertín, me encontré con el organizador artístico del evento, el multifacético Toni Pla (Cultura Club) con su averiada bicicleta, una “intocable” de la marca de unos grandes almacenes de deportes, que no aguantaba ni un soplido. De ahí nació el compromiso de la creación de una auténtica máquina para este hombre de mil músicas y otros tantos músicos.

Foto: domibrez

20

07 2010

La Ruta de las Avenidas

He descubierto un mundo de aventuras sin salir de la isla y gratis. No es la Ruta Quetzal ni Port Aventura, es la auténtica maravilla del Carril Bici de las Avenidas.

Es quizás la ruta más concurrida de la ciudad, sin contar con el ya ridículo carril bici que pasa por delante del antiguo edificio de Emaya.  Esta ruta tiene todo lo que se necesita para ser una gran aventura: subidas, bajadas, curvas a la izquierda, a la derecha, tiene pasos por las aceras, por la calzada, por detrás de las paradas del autobús… Quizás estas últimas son las zonas más peligrosas y arriesgadas por sus bruscas frenadas y eslálones al encontrarte con pobres aborígenes que salen del bus tranquilos y confiados. Otra atracción más que emocionante es aquella en la que salen máquinas enfurecidas del gran río hacia las calles interiores, es una sensación sin parangón el como te embisten sin alevosía ni nocturnidad. Algunas de estas grandes máquinas de hierro, que echan humos por sus culos, se sitúan en el medio del carril con un letrero luminoso e inocente que predica “es un minuto”, son muy peligrosas, ya que hacen que te incorpores a la gran corriente de maquinas devoradoras de fuel y te pueden arrastrar en sus remolinos.

No olvidemos las zonas de descanso/reposo/desesperación señalizadas por semáforos eternos que si los miras atentamente, creo que hasta sonríen ligeramente con una muesca socarrona. Pero lo que os recomiendo es probar a montar en bici  a la vez que esos cagaprisas, que siempre intentan pasarte en los lugares más peligrosos, demostrando de esta manera su virilidad.

Bueno, no sé si os gustará esta aventura, pero de alguna manera hay que pasar este verano de crisis y no-gasto. Para los menos aventajados/as os recomiendo usar casco, rodilleras, muñequeras, hombreras y más cosas terminadas en “eras”.

Foto: domibrez / Música: Harry Connick, Jr. – Blue Light, Red Light (Someone’s There)

11

07 2010

Mecachis San Fermín

Era por allá, en la época de las castañas de la Mari, cuando acontecieron los tontos hechos que me dispongo a narrar.

Dos colegas y un servidor organizamos la turné ciclo-turista de aquel verano (siglo pasado). Nuestra idea era irnos a Francia después de doparnos lo suficiente en los sanfermines pamplonicas, para ello cogeríamos un tren desde León a Iruña y desde allí nos iríamos en bici hacia los Pirineos francófonos. Estuvimos todo el invierno preparando la ruta o posibles rutas alternativas para sortear, o suavizar, de alguna manera las tremendas rampas pirenaicas. Nuestras piernas estaban preparadas después de jugarnos toda la temporada de rugby de la segunda división nacional. Todo hacía presagiar una potente aventura bicicletera de verdes senderos y noches estrelladas.

Llegó el día en el que salimos de la estación de León dirección a Pamplona y en unas cuantas incomodas horas (los trenes no eran lo que son ahora), llegamos a Iruña. Eran las tres de la tarde, cuando hace la calor, y nuestros estómagos estaban a punto de desprenderse del cuerpo y echar a correr. Montamos en las bicis y nos fuimos hacia el centro por la Bajada de la Estación y Paseo de Sarasate con la idea de llegar hasta la Plaza del Castillo. Al pasar por una de esas callejuelas, creo que era la calle de Lindachiquia, nos detuvimos en un bareto (de cuyo nombre no quiero acordarme), apoyamos nuestras cargadas bicis, una al lado de la otra, en la fachada del bar para preguntar por el menú, su precio y de paso ir al excusado los tres a la vez (listos que eramos)… Bueno la historia es fácil de terminar, al salir sólo quedaba mi bici, los ladrones tuvieron que ser dos.

Y allí y en ese momento, sin dinero ni documentos, un cinco de julio acabó toda nuestra aventura de aquel verano del 83. Tren y para casa, invité yo.

Foto: domibrez / Música: Santana – Eternal Caravan Of Reincarnation

06

07 2010

Ahí va la rubia

Hoy voy a escribir de lo que yo quería ser de pequeño. Quería ser escritor, bueno… cantante, artista pintor, dependiente, amaestrador de fieras terribles, cura,… y sobre todo, lo que más me gustaba, cirujano escabroso de la cirugía estética, la liposucción y oscuras maniobras de maquillaje.

Yo quería ser Dios, ser una persona que jugara con los devenires del mundo y hacer descabalgar el mal de la grupa de las más infames bestias. Pero de una sublime colleja, todo se quedo en currante a secas. Y no, no estoy acomplejado ni frustrado por ello, no. Desde la llanura del andamio comencé a descubrir otras formas de existencias con visiones diferentes de la vida.

Una nueva dimensión donde a las cosas se las llama con su verdadero nombre, sin rodeos, sin mariconadas. Lo aparentemente simple o simplón, se vuelve complejo. La felicidad se desliza entre los dientes y la voz se estira hasta el grito más soez. Aquí he comprendido que realmente las grandes bestias se desnudan y quedan en nada. Lo estético se deshace, la grasa se aplica en profundidad y el tinte deja ver las más hermosas raíces que se puedan imaginar. Todo ello me lleva a girar la cabeza ante tanta belleza y a no contenerme en mis sentimientos. A recuperar los viejos valores de mis antepasados, a recuperar, también, su lenguaje más selecto.

Toda esta verborrea la suelto aquí y ahora porque pretendo vender una bici, una bici a la que he bautizado con el nombre de …”La Rubia”… y ahora puedo gritar sin pudor alguno, con buen uso del más selecto vocabulario del piropeo… ¡¡¡Ahí va la rubia!!!,…slurrp.

Foto: domibrez / Música: Ry Cooder – El U.F.O. Cayo

29

06 2010

De la harley a la bici

Eran años aquellos (no se cuales) en los que empezaban a despuntar las grandes motocicletas americanas en la Isla. No eran una mera moda pasajera y hoy en día se han convertido en las reinas de las carreteras domingueras, juntándose en grandes grupos y especies. Unos de estos moteros, un buena tarde, se hartaron de la vibración incesante del auténtico motor yanki y se pasaron a la electricidad de una bici. El ruido dio paso al silencio y tranquilidad del mar que bordea el camino que usan a diario para desplazarse al centro de Palma, donde ya no buscan sitio donde dejar su pesada motocicleta.

La bicicleta eléctrica es muy eficiente (muchísimo más que un coche, por ejemplo), pero requiere energía. Aún así, sus ventajas para recorridos menores de 30 km. diarios son evidentes, con un coste de utilización casi cero, y sin emisiones. Tiene un pequeño inconveniente, su peso es mucho más elevado que una convencional, pero siempre es mejor que un vehículo de 25 kilos mueva a una persona de 80, que no mover un vehículo de 1500 kg, ¿no?.

El terreno, distancia o condición física del usuario, la bici normal puede resultar algo pesada. En este punto, una bicicleta eléctrica es la solución ideal, ya que elimina factores como el viento de cara o las cuestas, permitiendo recorrer más distancia, en menos tiempo y con un ejercicio físico muy moderado (incluso ninguno, según modelos). Todos aquellos a los que no les guste el sudor, puede ser una opción de movilidad. Esto sin mencionar el placer de conducir una bicicleta eléctrica, el silencioso empuje del motor transmite unas sensaciones únicas.

Foto: domibrez / Camiseta: simebuscasmeencuentras / Estilismo: pasatiempos

01

06 2010

Oscuras calles

Dicen, cuentan, que hay noches que por el centro de Palma se pueden ver, a según que horas, personas que en silencio se pasean por sus calles. No está científicamente comprobado pero creo que es así.

Hay noches en que el silencio es el mayor aliado, la oscuridad una compañera y las forzadas esquinas un peligro. Las calles del casco antiguo mantienen ese misterio de los años, las sombras se alargan más que en otro lugares y la luz se disipa entre farola y farola. No se necesita más que un pequeño instante para darte cuenta de que el ambiente está cargado de historias, de personajes que pasaron y vivieron por esas calles y dejaron su impronta. Marineros ocultos en los oscuros portales despidiéndose de su quinta novia. Bellas moras que te observan tras sus viejas celosías mientras esperan que su señor les haga caso esta noche. Caballeros a caballo hacen sonar las aldabas que fieros leones mantienen en sus bocas. Y como no, viejas bicicletas que con el tintineo del timbre aflojado por el uso, hacen que el silencio de la noche sea aún más misterioso.

Una vez finalizado el recorrido que hayas elegido, es recomendable parar un rato a los pies de la catedral, en sus muros podrás sentir el olor de la piedra mojada antaño por el mar. Allí tendrás la sensación de que has llegado al finisterre de la Ciutat, a la orilla de otro mundo lleno de luces y ruido de velocidad. Ahí acaba el paseo nocturno que puedes hacer cualquier noche con tu bici. No necesitarás más, sólo tener cuidado con el dragón.

Foto: domibrez / Música: Pepe Denis – Aquella noche en Palma

21

05 2010

El aparcamiento de Ángeles

Era una verdadera letanía llegar todas las mañanas al centro de Palma y buscar un pequeño lugar para aparcar su pequeño coche. Una rutina que durante años le haría perder mucho de su tiempo. Tiempo y dinero, pues las multas se iban amontonando en la mesa de trabajo de la librería que ella regenta. Librería céntrica, tanto que está en el centro, al centro izquierda de la calle Olmos si subes de las Ramblas. Y allí no se puede aparcar, y si aparcas tienes que pagar y gastarte los dineros que ganas y esto es un sinvivir.

Pero se acabó, se acabó de tanto sufrimiento y sin razón. Un buen día, Ángeles se decidió a cambiar su modus operandi, y siguiendo el incipiente ejemplo de algún colega, aparcó su pequeño coche en un barrio de las afueras oreras de Ciutat. Fue cuando entonces sacó su nueva y reluciente bicicleta plegable, recientemente adquirida en una pequeña tienda de barrio, ante el estupor de los parroquianos del bar de la esquina. Con gran premura y habilidad se dispuso a montarla, se subió en su nueva máquina y salió haciendo alguna que otra pequeña curva primeriza por el carril bici que empalma con el de Blanquerna. La sensación de libertad era tan grande que tuvo que dar un pequeño rodeo por las calles del centro para no llegar tan pronto a Casatomada -espacio Dilettante-.

A partir de este día otra persona más se ha adueñado del carril bici de la ciudad. Ahora hay un sitio más para aparcar, para alguien que aún no se ha decidido a dejarlo. Ahora hay un ruido menos, menos humo y lo más importante de todo… hay una bici más en la ciudad.

Foto: domibrez / Música: Las bicicletas van al cielo / ereqere

17

05 2010

Máquinas imperfectas

Hoy me voy a olvidar por completo de las materias primas que necesito para mis bicis. Hoy me centro en la materia en sí mismo, ésta que ha generado la vida y la muerte, y que poco o nada valoramos cuando la máquina, que nuestro cerebro controla, funciona. El problema surge cuando un accidente, enfermedad o vete a saber qué, nos deja sin movilidad.

Acciones que normalmente tenemos reteque asumidas, las perdemos en un instante y pasamos a depender de otra persona (cuando la hay) o de entidades dedicadas al cuidado de las mismas. Un simple miembro de nuestro cuerpo hace que se modifique nuestro punto de gravedad y toda nuestra rutina se vaya al carajo.

Me gustaría conocer mejor mi cuerpo, ya que llevo con él toda mi vida, para prevenir esas viejas lesiones de excesos mundanos e inconscientes. Estaría bien que tanto en casa como en el cole nos hubieran enseñado a abrir el paraguas antes de que la lluvia arreciase y no después de estar completamente empapados.

Foto: domibrez / Música: Amancio Prada – Negra sombra

13

05 2010

El burro, el padre y el hijo

Se dice que hace muchos años, un padre y su hijo se disponían a recorrer con su burro varios pueblos para vender sus productos. El padre iba montado a lomos del burro mientras su hijo andaba a su vera con las riendas en la mano. Mientras avanzaban por el camino se cruzaron con unos campesinos y al pasar, les oyeron murmurar entre sí:

- Desde luego… este hombre es un explotador y no tiene ninguna consideración por el niño. Él va tan a gusto encima del animal mientras su pobre hijo debe andar kilómetro tras kilómetro.

El padre, al escuchar el comentario le dijo a su hijo que se montara en el burro. Al poco de caminar, se cruzaron con otros campesinos, los cuales al verles pasar dijeron:

- Que falta de respeto… Mira el niño, tan joven y deja que su anciano padre vaya a pie en lugar de cederle el sitio para que descanse.

El padre oyó lo que comentaban de manera que le dijo a su hijo que se montaran los dos en el burro, convencido de que así se acabarían las maledicencias. Pero a los pocos kilómetros se cruzaron con un grupo de mujeres, las cuales les dedicaron una reprobadora mirada y las oyeron susurrar:

- Pobre animal… tiene que cargar con esos dos pesados fardos cuando uno de ellos podría ir a pie sin problemas.

El padre, al escuchar el comentario decidió que tanto él como su hijo se bajaran del animal. Al llegar al pueblo al que se dirigían, algunos habitantes les miraban con una sonrisa. A su paso les oían reir entre dientes mientras se decían:

- ¡Que tontos! Tienen un fuerte animal que les podría llevar fácilmente y en cambio caminan a su lado malgastando sus energías.

Foto: domibrez / Música: Paco Ibañez – La Mala Reputacion – Olympia 1969 (George Brassens)

10

05 2010