Entrada etiquetada ‘domiciano brezmes’

Adiós a mi senda roja

Eran las cinco de la tarde cuando hacía la calor y la gomas de mi bici se deslizaban por el líquido asfalto de la calle. Fue al tomar aquella curva cuando me di cuenta que el asfalto rojo, que me protegía de las bestias del averno, había desaparecido. Paré en seco y observé aquella desolación, aquel vacío ocupado por un sendero raspado por algún ser de fauces terribles.

Sabía que éste era peligroso, que ese peligro venía de gente con prisas y en algún caso furiosa, pero nunca pude imaginar que todo aquello hubiera desaparecido como por obra y magia de Harry Potter. Mi camino por el bosque encantado había desaparecido y su lugar lo ocupaban tremendas máquinas hambrientas de espacio, de oxígeno, de prisas, de ruido, de humos (malos), de espacio (creo que ya lo dije).

Ahora el sendero se adentra por el bosque oscuro, donde las bestias acechan por la izquierda y por la derecha. En algunos momentos te atacan por la espalda llegando a rozar la rueda de mi bici con sus frentes. Por esta nueva senda tienes que esperar un minuto aquí, otro más allá y otros más acullá a que los abnegados repartidores de cosas descarguen sus mercancías dejando sus monstruosas monturas en medio de la senda. A señores/as que hacen sonar sus bocinas cuando quieren que te apartes porque su tiempo es mucho más valioso que el tuyo. A aquellos que piensan que entorpeces el tránsito y no se dan cuenta que yo también soy tránsito.

A pesar de todo, doy las gracias a todas esas personas que piensan en nosotros. Esas personas que alegremente sacan sus bicicletas enfundados en sus “chandals” de domingo y que luego deciden por donde hemos de ir los que a diario nos desplazamos en nuestras bicicletas para ir a trabajar. Gracias por hacernos un mundo más infeliz.

Foto: domibrez / Modelo: Mariluz. Música: Stevie Wonder – Send One Your Love

22

08 2011

La confusión de Confucio

Érase una vez, una bella dama que peinaba sus negros cabellos al borde de un hermoso estanque de nenúfares, y un príncipe la besó y la quiso para siempre… Y bueno, eso es todo lo que puedo citar del cuento, el resto es pura paja y relleno innecesario.

Puede que suene a cuento chino, pero la realidad es que voy a hablar de la china, CHU LI NA, que así se llama. Es una bicicleta importada de la China mandarina y de una calidad más que mala. El óxido le salía hasta de las cubiertas y su peso desmesurado le daba una aspecto de tanque sin balas. La desnudé poco a poco y fue saliendo la parte más erótica y especial de la bici, la doble barra. Yo creo que ella notó que se iba sintiendo mejor sin tanta chatarra y fue dejándome ver, cada vez más, sus verdaderos sentimientos. Al final, todo su encanto quedó al descubierto y se entregó a mí.

Como todo cuento que se precie, intenté que éste tuviera un final feliz. Le atusé sus negros cabellos con un corte que dejaba ver su hermosa frente y le regalé un delicado kimono marfil con cinturón negro. Y como dijo el gran Confucio*, “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.”

*Confucio fue un chinojaponés que inventó la confusión. Por si alguno no lo sabía.

Foto: domibrez / Música: Chinese Man – Get Up

10

05 2011

El oro del moro no era oro

Amigo, amigo cómprame bici barata… -¿Cuánto cuesta?. -1oo eurios… -Uf, paso, es muy cara. -No cara, amigo, es de oro. – ¿Pero de que vas?, si las has mal pintado de purpurina y esta pringosa. Te doy 60 euros. -Amigo, es de oro. -¡Que no!.

Al final la pobre bicicleta me miro con ojitos de cordero degollado, así redonditos, y no me resistí a adoptarla por el módico precio de… El moro la había pintado de color dorado, y la base era de una Zeus con componentes de Campagnolo. Ahora debía de quitar toda la porquería que le había puesto encima. Cual sería mi sorpresa, que cuando empecé a decapar la maltrecha pintura, descubro un metal dorado. La bici, en origen, la habían bañado en latón aunque bastante mal, ya que tenía grandes corros por los que asomaba el vil hierro. Al principio pensé que había comprado una bici realmente de oro, y que el moro no me engañaba, pero no, no tendría esa extraña suerte.

Según iba transformándola, me daba cuenta que el auténtico valor estaba en ella misma, en sus formas, en sus componentes. El verdadero “Dorado” estaba en su belleza. Os presento a “La Dorada”.

Foto: domibrez / Música: Natalie Merchant – The King of China’s Daughter

31

03 2011

Gastronomía sincera

La necesidad hace depurar la mente, el cuerpo y el alma. Últimamente intento dar más placer a todo ello. Cuando salgo por la mañana con la bici y pienso en lo sencillo que es moverse con ella y lo poco exigente que es, tanto en lo físico como en lo económico, me contagio de la necesidad de prescindir cada día de algo. Esto es una corriente que se está empezando a notar en las ciudades “modernas”, simplificar nuestras vidas guardando el esfuerzo para quehaceres más interesantes.

Ella me contagia la riqueza de mil sensaciones. Retomo el contacto con el aire y el sol. La ciudad se me hace más pequeña y las distancias, diferentes a las de un coche, se encogen. Hoy no comeré en casa, hoy comeré en un bar de barrio al que puedo llegar sin ningún problema en bici. Firma como “gastronomía sincera”, y creo que es sincera de verdad. El lugar se llama Reset, y está en frente de la Cruz Roja. Resulta que me contagia con la sencillez de los productos y lo sofisticado de sus sabores, algo muy difícil de conjugar. Quizás hoy me pida una ensalada de atún, cebolla frita, picadillo de pepinillo y crema ligera. Un salmón salteado con risoto de cítricos y cava, y para postre una crema catalana con café en distintas texturas que mi amigo Abraham Calero me recomendó el último día. Y no necesito tener un Mercedes para pagar semejante menú, el precio final es el mismo de cualquier bar de barrio.

En el Mercedes, lo importante es el coche. En la bici, la persona. La cuestión reside en la prioridad. “El amor es un pensamiento” (Pessoa)

Foto: domibrez / Música: The Last Dandies

21

02 2011

Esta fiebre me está matando…

Es como vivir en un frasco de gelatina, todo se mueve despacio y me cuesta pensar. Sueño y sueño con sueños rocambolescos. Sueño muy despacio y luego muy deprisa. Hay una barandilla que se hace muy fina en mi mano y en un plis-plás engorda hasta engullirme.

Sueño en esa bici que estaba haciendo y ahora se congela en el pensamiento con sus ruedas gordas, y resulta que no es una bici, es una bruja con negros ropajes que monta en unas ramas de mimbre con un ojeroso búho sobre una cesta. El búho, Ceferino, me mira y parece que sabe lo que pienso. Pienso en la bruja mala, no, en la buena. En lo buena que era la bruja Honorina, que nos cocinaba en su puchero ennegrecido por las vidas ajenas.

Una bruja no tiene por qué hacer conjuros con sapos y patas de cuervo catedralicio. Esta bruja hacía magia los días nublados, los soleados y, a veces, cuando llovía. Aunque yo no la viese, ella estaba mirándome como su viejo búho. Cuántas veces sacó su estropeada escoba a pasear y sin saber de dónde venía notaba en la nuca el viento y luego el golpe, a la vez que un tonillo impertinente se te quedaba en el tímpano -¿¿qué te he dicho??-. Pero lo que mejor hacía la bruja era no molestar. Hasta cuando echó a volar por última vez, se fue sin molestar, sólo cogió respiración tres veces y se fue.

El tiempo se hizo otra vez de gelatina, me costaba mover la cabeza de un lado al otro porque no sabía dónde estaba y algo me llamó la atención, era Ceferino, el búho de la bruja Honorina que me miraba desde la cesta de mimbre.

Foto: domibrez / Música: Peggy Lee – Is That All There Is?

25

01 2011

La carbonera

Ella fue a nacer en una fría sala fabril, cuando vio la luz su color se quebró como el cristal…

La pobre se equivocó de lugar y de época. No nació con los albores de la mañana ni con el calor del llar. De pequeña estuvo embalada en un frío almacén junto a piezas y despieces de sus congéneres menos afortunados. Un día lluvioso y frío, como no, de diciembre alguien la adoptó y la llevó a su casa. La esperaban muchas manos y muchas piernas, la golpearon, tiraron y ensuciaron hasta el más recóndito tornillo. Pronto pasó la tempestad y sus fríos hierros acabaron en una pequeña estancia llena de carbón donde subía y bajaba del suelo dependiendo de las estaciones. Sus ruedas se quebraron, su manillar se deformó y de su impoluto color blanco, no digamos nada.

¡¡¡El chatarreeeerooo!!! se escuchó a lo lejos y aquellas manos y piernas pensaron en hacer un poco de sitio en la pequeña sala para poner una moderna calefacción a gasóleo. Y acabo amontonada al lado de coches viejos, lavadoras que ya no lavaban, y frío, mucho frío.

Pero el invierno no es eterno y llegó la primavera, el verano, los colores del otoño y decidió cambiar. Ahora de lo único que se acuerda es de su amigo el carbón que le arrullaba en aquellos días fríos.

Foto: domibrez / Música: Adolfo Abalos – Me Dicen La Carbonera

Escaparate de PASATIEMPOS -Quint-

24

11 2010

La indecisa

Érase una vez un bicicleta abandonada en un cuarto muy oscuro, tan oscuro que solo podía entrar allí el “hombre negro”. Fue una mañana, de mañana, cuando paseando con mi bici cerca de la casa del cuarto oscuro, aquel “hombre negro” sacó a la luz aquella bicicleta en estado deplorable de suciedad y podredumbre. Me acerqué a él y pregunté lo que iba a hacer con ella, sin más miramientos y en frío, me sugirió un precio y después de un pequeño regateo de tuya/mía y no me creo nada, me hice con aquella desventurada.

Me pasé horas mirándola, no había por donde meterla mano. Me arrepentí varias veces de haberla comprado, pero tenía algo que me llamaba la atención. En origen era de color dorado y alguien la puso boca arriba y la pinto de rojo con sus brochazos y chorretones. Decidí entonces borrarle toda huella de sus antiguos amos y la desnudé completamente hasta llegar al puro hierro. Fue entonces cuando… seguía sin saber que hacer con ella.

Pasó el tiempo y recibí una llamada de Andrés, un músico que llevaba tiempo pensando en que le hiciera una bici, pero no sabía aún como la quería. Andrés me enseñó fotos y más fotos de lo que no tenía claro hacer, dudaba entre el verde o el dorado, entre el marrón o el rojo. Tampoco tenía clara la mecánica de la bici, con frenos o  con freno contrapedal y un solo freno delantero, o no. El sillín podía ser de cuero marrón o tono miel hecho a mano o sin mano…

Estaba claro que aquella bici, “La Indecisa”, había encontrado a su verdadero dueño. La compenetración fue instantánea, se miraron y se amaron… o no.

Fotos: Andrés Ballinas / Música: R.I.O – Shine on(Radio Mix)

09

11 2010

“Torre / 1956″ in memoriam

Día de difuntos, de muertos olvidados. Nunca he creído en el cielo ni en la eternidad de las almas y después de venir del campo sagrado… creo aún menos.

Hoy era buen día para coger la bici, la cámara y retomar un antiguo camino que hacía a diario para ir al periódico, antes de que existiera mi amado carril bici. Esta ruta me llevaba por la carretera de Sóller hasta la vieja prisión donde me desviaba hasta el Carrefour para cruzar hacia la bajada del cementerio. Todas las mañanas atravesaba este sacro lugar, paraba si el tiempo me lo permitía y escuchaba el silencio despoblado. Cada día recorría una calle y escudriñaba los cientos de nombres y fotos de las almas que allí reposaban. Fue entonces cuando descubrí la tumba de aquel hombre semi olvidado con su cara rota (Torre / 1956).

Hoy era día de visitas a los muertos, de ramos de flores, de gitanos exuberantes y de olvido en el limbo de la memoria. Entre miles de lápidas tapadas por sus flores había pequeñas caries despobladas de recuerdo y entre todas ellas me enganché a una. Era joven y apuesto, era un ser querido (entonces), si era otra vez él, “Torre / 1956″. Seguía hay quieto, roto y olvidado. Sin una triste flor ni una mano que limpiara su desvencijada tumba. Su cara rota me mira como desde un agujero con ojos de bondad y tristeza. Y no lo pude resistir, no limpié su tumba, ni la recoloqué, ¿para qué? a él no le hubiera servido de nada y a mi tampoco. Lo único que se me ocurrió es hacerle esta foto y pegarla en este blog. Y pienso que por unos efímeros instantes o quizás para siempre, “Torre / 1956″, será eterno.

Foto: domibrez / Música: Obus – Cualquier Noche Sale El Sol

01

11 2010

Rutas del silencio

El silencio, es un bien tan escaso y preciado que cuando lo tenemos nos sentimos solos y cuando no lo tenemos… también.

El silencio son puntos…, es respiración, el silencio es ausencia de sonido, no oír ni escuchar. El silencio es viento que pasa y vuelve, son pájaros a lo lejos y el mar también es silencio. Hay tantas cosas que no puedes oír en silencio que tu mente explotaría si te las susurrasen. Pero no todo lo que suena existe, hay un mundo paralelo en silencio, un lugar de sensaciones diferentes donde hay seres que conviven y se relacionan en la normalidad más absoluta, que se distinguen de nuestra “normalidad”.

Y rompo este silencio porque este sábado hay una MARCHA CICLO-SOLIDARIA-RUTAS DEL SILENCIO. El objetivo de esta marcha no es competitivo, se trata de una acción de sensibilización social y de solidaridad con personas que luchan por la eliminación de las barreras de comunicación, la igualdad de oportunidades y la difusión de la lengua de signos. Una iniciativa del ciclo-viajero José Luís García Ginard y la Fundación Vicente Ferrer para recaudar fondos para ayudar a la escuela de niños sordos en Kuderu (India).  Más información “www.rutasdelsilencio.com”.

Y una vez más…”Una persona sorda puede hacer todo, excepto oír”.

Foto: domibrez / Música: Triana – Abre la puerta

15

09 2010

Control de pedales…

… Como decíamos ayer… Aunque no haya escrito en este mes de agosto, no he dejado de montar en bici. Comentaba hace un mes, en la revista Brisas en una entrevista de Xisco Busquets, que era muy vago. Agosto es un mes en el que tradicionalmente las cigarras vagueamos y nos dedicamos a esa compleja labor de no hacer nada.

Lo que si he aprovechado son las horas nocturnas del verano cuando el rey astro anda haciendo las américas. Bajar hasta Cala Blava en la bici y bañarme en sus aguas con la única luz de la mágica luna de agosto. Esa luna, que según dicen, da vigor a los hombres y fertilidad a las mujeres (?). Son estas noches en las que no hay ni un ápice de viento, que la temperatura es reteque agradable y el ambiente de calle está en su mayor apogeo, cuando recorrer la ciudad con la bici es algo maravilloso. Vas de terraza en terraza como de flor en flor y no te importa cambiar de barrio por lejos que esté. Hora tapeo aquí, hora tapeo acullá, con la ventaja de que por ahora no hay controles de alcoholemia para bicis, de todas las maneras, el pedal ya lo llevas puesto. Con esto no pretendo dar ideas a mi amigo y compañero “Terri” para que desde sus páginas del periódico se dedique a pedir controles para nosotros.

Ay, que sudor.

Foto: domibrez / Música: Radio Futura – Luna De Agosto

03

09 2010