El frío León

Hace unos días tuve que regresar a mi tierra de fríos inviernos. La tranquilidad palmesana se truncó con un preocupante acontecimiento, aunque este no es el tema.

Hoy quiero rendir homenaje al verdadero frío. Ese que curtió a celtas, astures y a la Legio XII Gémina romana conquistadora de la Galias de la France. Ese frío que esta mañana se me metió, maldita sea, por la espalda y me bajó hasta los pies, pegándose éstos en los pedales de mi vieja bici leonesa.

Al pasar a la vera de la centenaria catedral, un ligerísimo charco, completamente helado, hizo que la rueda delantera se marcara una pirueta con doble tirabuzón, sólo la pericia del que os escribe, hizo que me fuera al suelo. Me levante rápidamente, miré a ambos lados, asegurándome que nadie había presenciado tan tonta caída, me sacudí la manga y un poco el pantalón y monté rápidamente en la bici como si no hubiera pasado nada. Sólo los negros cuervos de la vetusta catedral me seguían con atenta mirada y seguro que con un único pensamiento… ¡qué pringao!. Pero no os riáis, que con un coche no lo hubierais arreglado con un simple limpiado de mangas y un ¡huy, que caída mas tonta!.

Como el camino me llevaba por el Barrio Húmedo, pensé que sería menester hacer una buena parada en el Racimo de Oro, taberna tabernera desde el siglo XVII, de paisanines y buen vino de chato tinto. Esta vez el calor de mi cuerpo no entró en el uso del carril bici sino en el disfrute de un Prieto Picudo y unas buenas sopas de ajo con pimentón que me sirvió el señor Laudelino.

Como os podéis imaginar, el resto del camino, fue un dulce paseo de gélida (-2º) mañana invernal, y la cuesta arriba hasta el hospital se me hizo más que pequeña, si cabe.

Saludos desde las tierras leonesas.

PD. Tengo que ir a Antimio de Arriba.

Etiquetas: , , ,

10

03 2010

La Única

Esta es La Única, la única de las que han querido llegar al siglo XXI y no han podido. Es una bicicleta de raza, con pedigrí, con número de serie y de marca (además). Mantiene aún gran parte de su prestancia original que ha sabido mantener a través del tiempo.

Como siempre pasa con las bicis que recupero, son piezas algún día denostadas, abandonadas o simplemente desmontadas. No sé realmente si puedo imaginar los caminos que habrá recorrido, pero estoy seguro que siempre fueron recorridos en las afueras de Ciutat, ya que su estructura es netamente de carretera larga, su esqueleto ligero y su postura agachada con sus inconfundibles cuernos de cabra forrados de antigua tela negra algodonada.

La conversión a la urbe, se me antoja de manera sofisticada con el cambio de la postura del manillar, la dureza del piñón fijo y la sencillez de un otro piñón single en el lado inverso. La rueda trasera se convierte en traviesa y ensancha su llanta negra de perfil profundo. Su antiguas enseñas siguen luciendo a pesar de sus marcas de guerra. El resultado es toda una máquina urbana de una ligereza tremenda que puedes incluso alzar en tu hombro por angostas escaleras finqueras.

Si tenéis necesidad de verla, me han dicho que dicen por ahí, que alguien la ha visto en Casatomada, un espacio dilettante, inmersa en la sabiduría de sus libros. Por eso y por alguna cosa más, es La Única… si.

05

03 2010

Me creía en Marte!

De repente tengo la sensación de haber estado viviendo en un mundo paralelo. Desde el día que comencé el blog, voy conociendo ciudadanos que llevan el mismo tiempo o más que yo usando la bici como medio de transporte. Antes bajaba yo sólo de mi pueblo (Son Sardina) y quizás me encontraba con algún esforzado estudiante de la UIB. Llegaba al carril bici de las Avenidas y realmente pensaba que era yo, también, de el que todos los medios de comunicación hablaban. Me creía en Marte.

Y desde aquel día (el del blog…) resulta que somos muchos/as los que bajamos y subimos a la vez, disfrutamos del almendro que me saluda por la derecha, calentamos piernas en la pasarela y entramos en Blanquerna. Me gusta la sensación de no sentirme bicho o cosa.

Por el gran criticado y peligroso carril de las Avenidas, cada vez más lleno, pasé el miércoles sobre las 20 h. Me crucé con unas veinte ciudadanos en bici en el tramo de los juzgados, eso equivale a 20 coches menos, osease 80 y pico metros de atasco contaminante de salida de trabajo. Es cuando realmente te das cuenta que mi “esfuerzo” y el de otros muchos, incluyendo a políticos honrados, tiene recompensa. Me recoloco en el sillín y continuo el camino a casa. En unos 25 minutos, regreso del espacio interestelar y atravieso esos mundos paralelos de los que no pensaba regresar.

02

03 2010

¿Dónde dejo la bici?

Un comentario de “Warp”, que ha hecho en el anterior blog, me da pie para pensar sobre un detalle importante en la conquista de la bici en nuestra ciudad. Warp comenta, “Conquistado -en parte- el carril bici, falta conquistar el aparcamiento vigilado. Es lo que echa para atrás a mucha gente. Yo puedo dejar la bici segura tanto en mi oficina como en casa. Pero muchos no pueden hacerlo. No me extraña que duden.” y es aquí donde hoy planteo este problema. En Europa (no me resistía a hablar de Europa, queda muy bien), muchos edificios están diseñados desde la idea de que sus habitantes son usuarios de la bicicleta y se reserva un espacio importante en una zona común para el alojamiento de éstas. No acaba la cosa ahí, las empresas también disponen de un espacio especial de aparcamiento vigilado. Por eso, no sólo son los estamentos públicos los que deben de velar por la diversidad del transporte de los ciudadanos, los empresarios también han de aportar su montoncito de arena. El beneficio para ellos podría ser interesante. Un empleado en forma, sin el estrés del tráfico y con la mente despejada, hace que se reduzcan considerablemente las bajas laborales. Yo no invento esto… “Mens sana in corpore sanum“, ya lo pensaban hace algunos lustros.

En fines, gracias -Warp- por aportar más ideas.


24

02 2010

Pasar por Blanquerna

Me preguntaba Cuqui San Juan… ¿las bicicletas son para el invierno? –Puesssss…, le dije yo. Todo depende de los gustos y ganas que tengas de cabrearte, estresarte, desesperarte, agobiarte, marearte… arte, arte, arte… durante esta época.

El invierno es un tiempo ideal para circular en bici por la ciudad, sobre todo en una como la nuestra. Puede sorprender lo que digo, pero la tranquilidad con la que llegas a todos los lados es mayor que el frío que puedas pasar.

Cuando sales por la mañana, la sensación del aire en la cara y tu cuerpo moviéndose a ritmo descansado, es indescriptible. En dos minutos comienzas a despertar y tus músculos se esponjan corriendo la sangre caliente entre ellos. Los almendros, ahora en flor, te saludan por la derecha y te dejan respirar el oxígeno que han estado fabricando durante toda la noche. Ostras… el futuro hospital!, se avecina una pasarela con una cuesta para poner a prueba los cuádriceps femorales. Pero como todo lo que sube baja, comienzas el descenso hacia Ciutat por el relajado carril bici de la carretera de Valdemossa. Aquí el frío ya es historia, y la sensación, de ver a todos los coches atascados a las 9 h. de la mañana en la M-20 (según Munar) y en la rotonda del Ocimax, es tremenda.

El clímax de la ruta llega cuando entras en Blanquerna, es alentadora la sensación de ver como peatones, bicis y coches se entienden en este recuperado espacio urbano. El otro día hasta creí oír el canto de unos pajarillos. El final del viaje es el Paseo Mallorca y todo ello en unos miserables 17 minutos desde Son Sardina, con frío y a veces con lluvia.

No lo cambio por nada. No.

19

02 2010

La vieja cartera

Hartos ya de de tanto desmán y robo, los carteros de L.A. empezaron a desnudar sus monturas hasta un punto en el que la bici era pura espiritualidad. Ellos redescubrieron el fixed gear o piñón fijo, para los más cazurros. Para que te hagas una idea de la forma de conducir esta máquina, es un mecanismo igual al de una bicicleta de pista (como la del Palma Arena, vade retro).

Cuando ELLA llegó a mi casa, era una dulce bicicleta belga de apariencia poco saludable. Tenía dolencias de todo tipo, peso, asimetría, color… A la pobre la habían intentado reanimar con una buena capa de aceite pringoso y maloliente, dejándola en un estado patético. Lo más urgente en un caso como este, era estabilizar la pulsaciones y despojarla de toda la vestimenta que le impide respirar. Limpiar y sanear las heridas es la parte más delicada, un corte mal calculado puede ser fatal (sobre todo para mi brazo). Ahora viene la parte más importante de la operación, decidir la personalidad de ELLA. Sentarse mirar, levantarse mirar, moverse mirar, agacharte mirar, lleva su esfuerzo esta parte.

Pasa el tiempo (uf!) y no descubres nada en ella, pero hay un detalle que se me había escapado, ¡su manillar!. Posiblemente nadie antes se había dado cuenta, pero éste estaba mal colocado, estaba al revés. Y aquí es donde comienza la historia de La vieja cartera… que otro día os contaré.

14

02 2010

La nueva negra

Digo la nueva negra, porque antes era vieja (lo leí en un libro, Las verdades de Perogrullo, ediciones el Puño). Era vieja porque la trataron mal, la desatendieron y la ignoraron en el balcón. Por desgracia, no son casos aislados, los balcones de Palma están repletos de ELLAS, unas de pie, otras tumbadas y otras boca arriba. Pero claro, un día de fin de semana, soleado y apacible, decide su señor sacarla a pasear (siempre acompañada por algún familiar, eso sí), y ésta, con sus costumbres oxidadas, no encuentra la mejor forma de complacer a este, que exige de ELLA un comportamiento dulce y silencioso. Vuelve a su solitario balcón sin tener una sola oportunidad de lucirse.

Pasa el tiempo (uf!) y el señor necesita el espacio que ella ocupa para colocar una lavadora. El contenedor de la esquina es su nuevo y eventual hogar hasta que un moro, de la morería, la rescata de ese pérfido/fétido lugar para llevársela, el próximo sábado, al rastrillo de Les Avíngudes.

Cuando pasé por delante de ELLA, no me fijé en su oculta belleza, tuve que repasar una y otra vez sus desgastadas virtudes y tratar de descubrir sus muchos defectos. Lo que si descubrí, era su tremenda personalidad urbana, su largo cautiverio en aquel balcón, había hecho de ella una auténtica urbanita. Antes era azul… y ahora es la nueva negra.

Etiquetas: , , , , ,

10

02 2010

La Eterna

Como una sombra, resurgió de aquel antiguo local de la Guerrería.

José, artista vidriero, me había comentado días atrás, que en su almacén había visto, en días luminosos, los restos de una “holandesa”. La búsqueda la iniciamos un sábado, después de desayunar en el Café Antic. Abrimos la puerta y después de acostumbrar los ojos a aquella oscuridad, apareció ella, con su inconfundible cola blanca marcada por antiguos dueños.

Ya en mi taller, la holandesa, era desmontada, aseada y guardada, en espera de su turno.

Pasó el tiempo (uf!) y fue  Silvia Riutort la que volvió a recordarme la existencia de ELLA. Silvia necesitaba urgentemente una nueva compañera, la actual estaba en las últimas. No era cualquier cosa lo que pretendía, habría de ser práctica, cómoda, ligera y lo más extraño, debería ser vieja.

Entonces ELLA volvió a resurgir de su letargo, se sacudió el polvo acumulado y empezó a tomar forma. Todas sus piezas fueron colocándose en su sitio hasta que se completó el proceso y ahí estaba, flamante y envejecida. Ya sólo faltaba un detalle, su nueva compañera… Silvia y la Eterna.

07

02 2010

¿Y cómo son ellas…?.

La evolución, que es sabia, lo coloca todo en su lugar. En la primera experiencia que tienes con ellas, comienzas con ideas standard sobre sus formas, la altura ideal, sus líneas, su peso y si le gustará a tus amigos. Con el paso del tiempo te gustaría que tuviese más de aquello, menos de esto y el neo-barroco comienza a vislumbrar una etapa gloriosa en tu vida social, llena de accesorios inútiles y banales. Vuelve a pasar el tiempo (uf!) y un buen día sales del trabajo y te das cuenta que ella se ha ido con otro. Quedas con cara de bobo ya que no sabes que hacer ni donde ir sin ella. Con resignación y rabia, después de tantos caminos recorridos, te planteas una nueva relación, porque sin ellas no puedes vivir. Pero esta vez será diferente y no caeré en los mismos errores. ELLA será sencilla, ligera, atrevida y sobre todo bella, muy bella.
Os presento a Bea.

Etiquetas: , , ,

04

02 2010

Como decíamos ayer…

Aún recuerdo el tiempo que pasaba pidiendo bicis para dar una vuelta. Era el niño que más caminaba, del colegio a casa, de casa al “prao” pasando por el quiosco, y no había forma de hacerlo de otra manera.
Quizás si mi padre no hubiera temido tanto por mi vida… me hubiera comprado aquella bici que yo tanto mendigaba.
Por aquellas edades el peligro y el riesgo eran desconocidos. Los vehículos a motor, aunque no escasos, eran en según que zonas ocasionales y la bicicleta vivía en completa armonía en la ciudad.
El tiempo y la edad avanzan, te haces más independiente, más cómodo y sobre todo vago. El coche se convierte en tu fiel compañero de juergas, amores y viajes idílicos. Entonces comienzan los problemas de ¿dónde dejo el coche?, ¡este mes no tengo para gasolina!, ¡maldita multa!!!, los del párking se han pasado tres pueblos y ¿ahora este golpe como lo arreglo?… En fines, si sumas la cantidad de pasta que te gastas para ir a por pan o a trabajar, resulta que puedo viajar en… TAXI toda la vida. Ahora bien, si lo que pretendo es tener un corazón más o menos en forma, una calidad de vida más que aceptable y disfrutar de una ciudad cada vez más abierta al disfrute del aire puro… vuelvo a pedirte DÉJAME LA BICI (porfa).

28

01 2010