El frío León
Hace unos días tuve que regresar a mi tierra de fríos inviernos. La tranquilidad palmesana se truncó con un preocupante acontecimiento, aunque este no es el tema.
Hoy quiero rendir homenaje al verdadero frío. Ese que curtió a celtas, astures y a la Legio XII Gémina romana conquistadora de la Galias de la France. Ese frío que esta mañana se me metió, maldita sea, por la espalda y me bajó hasta los pies, pegándose éstos en los pedales de mi vieja bici leonesa.
Al pasar a la vera de la centenaria catedral, un ligerísimo charco, completamente helado, hizo que la rueda delantera se marcara una pirueta con doble tirabuzón, sólo la pericia del que os escribe, hizo que me fuera al suelo. Me levante rápidamente, miré a ambos lados, asegurándome que nadie había presenciado tan tonta caída, me sacudí la manga y un poco el pantalón y monté rápidamente en la bici como si no hubiera pasado nada. Sólo los negros cuervos de la vetusta catedral me seguían con atenta mirada y seguro que con un único pensamiento… ¡qué pringao!. Pero no os riáis, que con un coche no lo hubierais arreglado con un simple limpiado de mangas y un ¡huy, que caída mas tonta!.
Como el camino me llevaba por el Barrio Húmedo, pensé que sería menester hacer una buena parada en el Racimo de Oro, taberna tabernera desde el siglo XVII, de paisanines y buen vino de chato tinto. Esta vez el calor de mi cuerpo no entró en el uso del carril bici sino en el disfrute de un Prieto Picudo y unas buenas sopas de ajo con pimentón que me sirvió el señor Laudelino.
Como os podéis imaginar, el resto del camino, fue un dulce paseo de gélida (-2º) mañana invernal, y la cuesta arriba hasta el hospital se me hizo más que pequeña, si cabe.
Saludos desde las tierras leonesas.
PD. Tengo que ir a Antimio de Arriba.














